El peor día del segundo mandato de Donald Trump -quizá incluso el peor día de toda su experiencia como presidente de EE.UU.- llegó este viernes: el Tribunal Supremo tumbó buena parte de sus aranceles, un pilar de su política económica y exterior. Estas … son las claves de la derrota más amarga en la Casa Blanca del multimillonario neoyorquino.
1. ¿Qué ha decidido el Supremo?
En esencia, el alto tribunal ha emitido una sentencia en la que establece que buena parte de los aranceles impuestos por Trump desde que regresó a la Casa Blanca hace un año son inconstitucionales. Entre ellos están los llamados aranceles ‘recíprocos’ que estableció la pasada primavera sobre los productos importadas desde la práctica totalidad de los países del mundo. También, los aranceles reforzados que impuso a China y a sus dos vecinos continentales, Canadá y China.
El razonamiento es simple: la Constitución establece que la competencia para la imposición de aranceles corresponde al Congreso y el uso de una ley de emergencias económicas de la década de 1970 no faculta al presidente para saltarse esa norma central.
2. Una derrota dolorosa
Trump conoció la noticia en medio de una reunión con gobernadores de todo el país. «Le explotaba la cabeza», contó uno de ellos sobre la reacción furibunda del presidente. Los aranceles tienen un peso descomunal para Trump. Para empezar, son una vieja obsesión para él, alguien que ha defendido desde la década de 1980 que había que utilizarlos contra los rivales económicos globales (por aquel entonces, Japón). En 2024, fueron pieza central de su campaña electoral. Decía entonces -y ahora- que ‘arancel’ es la «palabra más bella que existe». La fecha del anuncio de sus aranceles recíprocos, el pasado 2 de abril, la bautizó como el ‘Día de la Liberación’.
3. Golpe a un pilar de su política
En los últimos meses, Trump redobló las presiones al Supremo para que fallaran a favor de sus aranceles. Defendió que era un asunto «de vida y muerte», la sentencia más decisiva de la historia… «Estamos jodidos», dijo hace unos días sobre la posibilidad de una decisión contraria, como ha ocurrido. Para Trump, los aranceles son un pilar para su política de ‘America First’ (‘EE.UU. primero): defender el tejido productivo de EE.UU., alentar la inversión extranjera en su país y, de paso, llenar las arcas federales con un impuesto. Él siempre ha defendido que esas tasas «harán rico» a EE.UU.
4. Una traición de ‘sus’ jueces
La sentencia le escuece a Trump por el impacto que tiene, por ser una enmienda a su obsesión, pero también porque la han posibilitado dos jueces a quienes él elevó al Supremo. El alto tribunal tiene una composición muy favorable a Trump: de los nueve magistrados, seis son de la línea conservadora, nombrados por presidentes republicanos. De esos seis, tres se han sumado a las juezas del sector liberal, nominadas por presidentes demócratas, para tumbar los aranceles. Dos de ellos, Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett, fueron nominados por el presidente de EE.UU. en su primer mandato.
A Trump se le acabaron el viernes los insultos contra esos jueces: «estoy completamente avergonzado», «no tienen el coraje de hacer lo que es justo para su país», «son políticamente correctos», «están siendo unos estúpidos y unos perros falderos de los demócratas», «son muy antipatriotas y desleales a la Constitución», «son un bochorno para su familia», «han estado motivados por intereses extranjeros»…
5. El primer gran freno a Trump
Nada más llegar a la Casa Blanca, Trump dejó claro que su segundo mandato sería rupturista y agresivo y que buscaría expandir los poderes de la presidencia. Según sus críticos, lo ha hecho en una deriva autoritaria de la primera potencia mundial. Ante unos republicanos del Congreso donde apenas hay díscolos frente a Trump, que hace imposible la supervivencia en política a todo aquel que no le sea fiel, el Supremo siempre se percibió como un factor decisivo para la supervivencia de la democracia de EE.UU. como la hemos conocido hasta ahora. En lo que va de segundo mandato, el alto tribunal ha fallado de forma mayoritaria a favor de interpretaciones permisivas sobre las ambiciones expansivas de Trump (y venía de regalarle una victoria judicial en campaña electoral, la que le escudó con inmunidad frente a la gran mayoría de sus imputaciones penales, que le permitió llegar a la Casa Blanca).
Pero la decisión en los aranceles ha demostrado que los jueces del Supremo están dispuestos a imponer límites en casos decisivos, como el de los aranceles. Quedan muchos más por delante: la ambición de Trump de acabar con el derecho a ciudadanía por nacimiento en EE.UU., el despido de líderes de órganos independientes, reforma electoral…
6. Las devoluciones, un follón en marcha
La decisión del Supremo supone un problema del que los opositores a los aranceles advirtieron desde el principio: la obligación de EE.UU. a devolver lo cobrado por esas tasas. Se calcula que son cerca de 140.000 millones de dólares, pagados por los importadores de productos que han llegado desde el extranjero.
En este caso, el alto tribunal por el momento se lava las manos: no impone la manera en la que las arcas públicas deberán restituir esos pagos. El proceso debería ser llevado a cabo por la agencia de Protección de Aduanas y Fronteras y por el Departamento del Tesoro. Es probable que la Administración Trump trate de dificultar el proceso al máximo y que todo acabe en una larga batalla judicial.
7. Otros precios: el coste político
La derrota de Trump ocurre en un momento de sensibilidad política, con las campañas para las elecciones legislativas del próximo otoño cogiendo temperatura. Los aliados de Trump en el Congreso, los republicanos, se juegan sus mayorías escasas en ambas cámaras. Y la economía será un asunto decisivo, con el coste de la vida convertido en la principal preocupación para los votantes.
Trump proclamó que con él llegaría una nueva «edad dorada» a EE.UU. pero para muchos no está cumpliendo: los buenos indicadores macroeconómicos y los récord en Wall Street no están significando una mejora de las condiciones económicas para la mayoría de los votantes, y se nota en las encuestas.
Un reciente estudio de la Reserva Federal de Nueva York apunta a que el 90% del coste de los aranceles de Trump los han soportado los hogares y los negocios estadounidenses.
La derrota de Trump también tiene un peaje de imagen con los suyos: el multimillonario neoyorquino no es infalible y le han corregido jueces conservadores, nada sospechosos para sus votantes.
8. Una foto incómoda en el Estado de la Unión
Es posible que los ataques demoledores de Trump a los jueces conservadores que han fallado en su contra no le ayuden a mejorar su popularidad entre republicanos moderados e independientes. Ocurre además con el fondo del 250º aniversario de la fundación de EE.UU., la celebración del inicio de la democracia más vieja y estable del mundo, que tiene uno de sus pilares en la separación de poderes, la razón fundamental por la que el Supremo ha dado la espalda a Trump en este caso.
Todo eso confluirá este martes en el Capitolio, donde Trump dará su discurso anual sobre el Estado de la Unión, bajo la sombra de su derrota. Y, quizá, frente a quienes la han obrado. Además de los diputados y senadores del Congreso, es tradicional que los jueces del Supremo asistan. «Casi no están invitados», dijo Trump este viernes, sin esconder su molestia. «De verdad, no me importa lo más mínimo si vienen». Habrá que ver qué hacen los magistrados, en un momento que será simbólico y tenso.
9. Trump sigue adelante con un ‘plan B’
En el libreto de Trump no está la asunción de una derrota. Mucho menos lo hará en el caso de los aranceles, una obsesión para él. El presidente de EE.UU. seguirá adelante con su política comercial por otras avenidas legales. Por el momento, en cuanto conoció la decisión del Supremo anunció un arancel global del 10% a todas las importaciones, dentro de unas facultades que tiene el presidente para imponer estas tasas de urgencia durante un periodo de 150 días. Y pondrá en marcha las investigaciones y procedimientos para la imposición de aranceles por vías menos directas que la que le ha tumbado el Supremo, con procesos e investigaciones más costosas, pero para los que sí tiene competencias.
10. Adiós al gatillo rápido diplomático
Es probable que Trump pueda, con el tiempo, implantar un régimen de aranceles tanto o más amplio que el que le ha tumbado el Supremo, siguiendo los procedimientos de la normativa comercial. Pero lo que no dispondrá es ese arma con gatillo rápido con la que ha contado para relaciones diplomáticas. Trump ha blandido los aranceles a cada paso: sea para forzar a Colombia a aceptar vuelos de refugiados, para obligar a los socios europeos a dedicar más dinero a Defensa o para castigar a Brasil por el procesamiento de un aliado (el expresidente Jair Bolsonaro). Trump ya no cuenta con esa amenaza inmediata.


