Un padre y su hijo que sirven en el Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) salvaron sus vidas gracias a sus chalecos antibalas en incidentes separados por casi 30 años. Andrew Yurkiw se unió al NYPD en 2012, siguiendo los pasos de su padre Paul Yurkiw, de 71 años, quien ingresó a la fuerza en 1982.
“Nunca pensé que me pasaría a mí, porque un rayo nunca cae dos veces en el mismo lugar”, dijo Andrew Yurkiw, de 39 años.
Su padre fue baleado a quemarropa el 21 de junio de 1989 cuando se detuvo para ayudar a lo que creía era un vehículo descompuesto en la autopista Van Wyck, cerca de Rockaway Boulevard. “Tomó un revólver Taurus calibre .38, lo empujó contra mi pecho y me disparó tres veces”, recordó Paul Yurkiw. “Las balas rebotaron en el chaleco”. El atacante, Shawn Boyd, fue condenado por intento de asesinato y liberado en 2020 tras cumplir 30 años de prisión.
El 20 de febrero de 2016, Andrew Yurkiw respondía a un llamado por disparos en Bedford-Stuyvesant, Brooklyn, cuando alguien en un vehículo apuntó un arma hacia su auto. “Salté del asiento trasero del carro. Intercambiamos disparos”, relató. El agente resultó con una cortadura profunda por el impacto, pero el chaleco antibalas detuvo la bala.
Paul Yurkiw, cuyo padre también fue detective del NYPD, se emociona al recordar lo sucedido con su hijo: “Recibí la llamada cuando lo llevaban al hospital en la ambulancia… Resultó que hizo un buen trabajo”.
Andrew Yurkiw, padre de dos hijos, expresó: “Me siento mal por mi mamá. Ella tuvo que pasar por eso otra vez”.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


