Redacción. -El cáncer de próstata es el segundo cáncer diagnosticado con mayor frecuencia en todo el mundo y la quinta causa principal de mortalidad relacionada con el cáncer entre los hombres, según las últimas estimaciones. Se prevé que la prevalencia de la enfermedad casi se duplique para 2040, pasando de 1,4 millones a 2,9 millones de casos anualmente.
Según se ha planteado en estudios, en el que se analizaron datos de 32.000 hombres, quienes informaron de al menos 21 eyaculaciones por mes tuvieron un riesgo significativamente menor de desarrollar cáncer de próstata en comparación con aquellos que informaron de 4–7 por mes.
Los factores de riesgo establecidos para el cáncer de próstata incluyen la edad avanzada, los antecedentes familiares de la enfermedad y también existe evidencia de que los hábitos que conforman el estilo de vida, principalmente la dieta y la actividad física, pueden tener también su influencia.
De igual forma, se ha planteado la hipótesis de que la actividad sexual influye en el riesgo de cáncer de próstata a través de varios mecanismos biológicos, como el aumento de los niveles de andrógenos, la exposición a infecciones de transmisión sexual y la posible acumulación de carcinógenos dentro de las células prostáticas.
En este sentido, un reciente metaanálisis publicado trata de arrojar luz al respecto, aunque las conclusiones del trabajo sugieren que la mayoría de los comportamientos sexuales no están significativamente asociados con el riesgo de cáncer de próstata. Sin embargo, no es menos cierto que una mayor frecuencia de eyaculación parece tener un efecto protector.
Varios mecanismos biológicos podrían explicar esta asociación. Una hipótesis es que la eyaculación regular facilita la eliminación de las secreciones prostáticas y de sustancias potencialmente carcinógenas, como mediadores inflamatorios, compuestos oxidativos y peróxidos lipídicos, de los conductos prostáticos, previniendo así la acumulación de agentes genotóxicos que podrían inducir daño en el ADN.
Otra explicación plausible involucra la regulación hormonal y neurofisiológica. La eyaculación frecuente puede ayudar a mantener un equilibrio favorable de andrógenos y estrógenos y una función prostática saludable, promoviendo la renovación celular normal.
No obstante, los resultados también resaltan la naturaleza multifactorial del cáncer de próstata y enfatizan la necesidad de investigación adicional para aclarar el papel de la actividad sexual en la prevención de la enfermedad.
Así pues, aunque no se puede descartar que aumentar la frecuencia de eyaculación tenga un efecto protector, no se puede ignorar que el cáncer de próstata sigue estando asociado a factores genéticos, al propio envejecimiento y a otras cuestiones relacionadas con el estilo de vida, por lo que es importante fomentar unos hábitos saludables, eliminando los perniciosos, y someterse a controles médicos regulares que ayuden a un diagnóstico precoz, lo que mejora el pronóstico y la calidad de vida.


