En menos de cien horas, Donald Trump ha pasado de decir que «toda una civilización morirá esta noche» a ordenar las conversaciones de más alto nivel entre Irán y Estados Unidos desde el triunfo de la revolución islámica en 1979. La delegación estadounidense, encabezada por … el vicepresidente J.D. Vance, acompañado por el yerno de Trump, Jared Kushner, y el enviado para Oriente Próximo, Steve Witkoff, se reunió durante dos horas en la misma sala con la iraní. Esta la lideraba el presidente del Parlamento, Mohamed Bagher Ghalibaf, acompañado del ministro de Exteriores, Abbas Araghchi. El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, fue el encargado de mediar en este primer cara a cara político, al que sucedió un encuentro de expertos técnicos para abordar temas económicos, militares y cuestiones nucleares. Un encuentro histórico entre los líderes iraníes y los enviados de un país al que consideran el ‘Gran Satán’.
Antes de sentarse en la misma mesa, los iraníes establecieron como condiciones previas ampliar el alto el fuego al Líbano y descongelar una parte de los fondos que permanecen retenidos en el extranjero por culpa de las sanciones. Los medios oficiales de la república islámica añadieron el control futuro de Ormuz y el pago de reparaciones de guerra como temas clave para su equipo negociador.
Es complicado que salga adelante un acuerdo total, pero es posible que logren puntos entendimiento para seguir adelante con el proceso y rebajar la tensión, un paso que Trump necesita para relajar los mercados mundiales.
Israel, que lanzó la campaña militar contra Irán junto a Estados Unidos hace seis semanas, no estuvo representado en las conversaciones, pero fue un actor importante porque se resiste a aceptar el cese de hostilidades en el Líbano. El país anfitrión, Pakistán, no tiene relaciones diplomáticas con el Estado judío, ni reconoce su soberanía. El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, escribió en su perfil de X que «Israel es malvado y una maldición para la humanidad», y denunció que «mientras se desarrollan conversaciones de paz en Islamabad, se está cometiendo un genocidio en el Líbano».
En medio de la guerra de propaganda de unos y otros, que quieren mostrarse como ganadores en cada pulso, los medios iraníes informaron de la liberación de miles de millones de los activos retenidos, aunque Washington lo negó. El alto el fuego no llegó al Líbano, pero altos cargos iraníes dijeron que «forzamos una pausa en los ataques sobre Beirut al convertirlo en una línea roja en las negociaciones, y dejamos claro que, si Israel vuelve a cruzarla, las conversaciones se romperán». El frente libanés es el principal escollo y la república islámica dejó claro que en este frente no separa a Israel de Estados Unidos, lo que supone toda una prueba para comprobar el control que pueda ejercer Trump sobre Netanyahu.
El frente libanés es el principal escollo y Teherán dejó claro que en este frente no separa a Israel de Estados Unidos
Ormuz fue otro de los puntos clave de la negociación. El portal ‘Axios’ y Trump hablaron de la presencia de barcos estadounidenses en el Estrecho para el dragado de minas, pero Teherán negó que ninguna embarcación estadounidense hubiera cruzado por allí. Fuentes iraníes indicaron que un buque estadounidense se dirigía desde el puerto de Fujaira, en los Emiratos Árabes Unidos, hacia Ormuz para entrar en el golfo Pérsico, pero dio media vuelta después de que le advirtieran de que abrirían fuego en veinte minutos si continuaba. Los que si lograron cruzar de forma segura fueron tres superpetroleros, uno de propiedad griega y dos chinos, con más de seis millones de barriles.
Alto el fuego regional
Mientras el mundo miraba a Islamabad, el alto el fuego se respetaba en todos los frentes menos en el Líbano, donde Israel efectuó más de 200 ataques. Los países del Golfo vivieron una jornada de calma, sin ataques, después de recibir miles de misiles y drones iraníes durante 40 días en respuesta a los ataques estadounidenses.
Washington y Teherán claman victoria, un mensaje dirigido a sus audiencias domésticas cuya interpretación práctica es que hay un interés común en frenar una escalada mayor. Por ese motivo, han accedido a entablar conversaciones ‘in extremis’, a pesar de la presión de Netanyahu, quien pedía más tiempo para acabar las operaciones en Irán. Aunque se trata de una negociación bajo la amenaza de reanudar los combates, parece que ambas partes buscan una especie de pacto por el que Estados Unidos pueda salir de la guerra y se reabra Ormuz para el tráfico seguro del petróleo, aunque todo apunta a que será bajo control iraní.
Parece que ambas partes buscan un pacto por el que EE.UU. pueda salir de la guerra y se reabra Ormuz para el tráfico seguro del petróleo, pero bajo control iraní
Para encontrar un precedente de negociación oficial directa hay que remontarse al acuerdo nuclear de 2015, al que se llegó tras 18 meses de intensas conversaciones. La foto final del acuerdo fue la del secretario de Estado estadounidense John Kerry y el entonces ministro de Exteriores iraní Mohammad Javad Zarif dándose la mano. Fue un momento histórico de deshielo entre iraníes y estadounidenses. Tres años después, Trump rompió este acuerdo por el que Irán se comprometía a limitar el enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de sanciones y desde entonces no había contactos directos. La incógnita es saber si en Islamabad se podrá ver o no la fotografía de Ghalibaf y Vance, ambos futuribles para las presidencias de sus países, estrechándose la mano. Una imagen que cerraría seis semanas de guerra para abrir una nueva era en la región.

