Enrique Barón Crespo (Madrid, 1944) mira a la actualidad con los ojos de quien lo ha visto todo o casi todo, por lo que es muy difícil sorprenderle. «El día de Santiago de 1989 me nombran presidente del Parlamento Europeo y el 9 de noviembre … cae el Muro cuando nadie lo esperaba», dice nada más empezar la entrevista.
A partir de ahí, una trayectoria internacional que comenzó mucho antes, cuando como ministro de España negoció la entrada a la Comunidad Económica Europea, viajó con Carrillo, Suárez y González a Estrasburgo para negociar el acceso al Consejo de Europa. También se desplazó a la URSS y se reunió con Gorbachov y Yeltsin. Esas memorias las recoge ahora en un libro, ‘Paz y Guerra’ (RBA Libros).
En su libro hace un recorrido por su trayectoria política y por los grandes momentos de la historia europea reciente. ¿Por qué decidió escribirlo ahora?
Porque he vivido momentos históricos que ayudan a entender el presente. Desde la dictadura en España hasta la transición democrática, el golpe de Estado o la caída del Muro de Berlín. Mi intención no es escribir un ensayo para decir quién tiene razón o quién no, sino aportar un testimonio histórico que permita comprender cómo se ha construido Europa y por qué esa construcción sigue siendo imprescindible.
¿Estamos en el peor momento que recuerde?
No, para nada.
Sin embargo, hay guerras en Europa, ahora la situación en Oriente Próximo, con una sensación de desorden internacional total…
La percepción de caos existe, pero conviene poner las cosas en perspectiva. Europa ha vivido más de medio siglo en paz en la mayor parte del continente, algo que no ocurría desde el Bajo Imperio romano. Eso no significa que no haya amenazas, como la guerra de Rusia contra Ucrania, pero tampoco significa que todo se esté derrumbando. Lo que está en juego es la capacidad de nuestras instituciones para resistir.

¿Está Europa en decadencia?
Europa no está en decadencia, está en construcción. Cuando llegué a la presidencia del Parlamento Europeo en 1989 éramos doce Estados. Había un telón de acero que no era el muro de Berlín, era una cicatriz que recorría el continente desde el Báltico hasta el Mediterráneo. Hoy somos 27 y hay más países que quieren entrar y hay uno que se fue, pero que está volviendo (por Reino Unido). Esa expansión demuestra que el proyecto europeo sigue siendo atractivo. Lo importante ahora es creer en lo que somos y estar dispuestos a defenderlo.
«Trump representa una forma de entender la política basada en la confrontación y en la idea de que Estados Unidos debe actuar unilateralmente»
En su libro también reflexiona sobre el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. ¿Cree que ese sistema está colapsando?
Más que un colapso, lo que estamos viendo es una prueba de resistencia. El sistema de Naciones Unidas, las instituciones de Bretton Woods o la gobernanza internacional no son perfectas, pero no tienen reemplazo. El peligro aparece cuando algunos líderes creen que pueden sustituir ese orden por decisiones personales o por una lógica de hegemonía. No hablaría de final del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, pero sí de una prueba de resistencia
¿Se refiere a Donald Trump?
Trump representa una forma de entender la política basada en la confrontación y en la idea de que Estados Unidos debe actuar unilateralmente. Pero el mundo actual es demasiado complejo para ese tipo de planteamientos. Trump representa una concepción muy peligrosa del poder. Además, plantea algo inquietante: poner a prueba si el propio sistema político estadounidense es capaz de resistirle. Esa es la verdadera cuestión. Incluso el propio sistema político estadounidense tendrá que demostrar si es capaz de resistir ese tipo de liderazgo.
En Europa no parece haber una voz completamente unificada frente a Estados Unidos. Vemos líderes como Macron o incluso Pedro Sánchez intentando erigirse en defensores del proyecto europeo, mientras otros como Giorgia Meloni o Viktor Orbán mantienen posiciones diferentes.
En la Unión Europea nunca faltan voces disidentes. Y, a veces, incluso traidores. Pero también conviene matizar: Meloni ahora mismo está diciendo cosas muy parecidas a las que dice Sánchez. Puede haber diferencias de matiz, pero en lo esencial hay más coincidencias de lo que parece.
«En la Unión Europea nunca faltan voces disidentes. Y, a veces, incluso traidores»
¿La guerra de Ucrania está empujando a Europa hacia una política de defensa común?
Europa siempre se ha construido a partir de las crisis. Lo decía Jean Monnet: «Europa se construirá de crisis en crisis». Y cada una obliga a tomar decisiones que antes parecían imposibles. Ahora estamos financiando la defensa de Ucrania y, al mismo tiempo, impulsando el desarrollo de una industria europea de defensa.
En ese contexto vuelve a hablarse de un Ejército europeo.
Ese debate no es nuevo. Ya se planteó en 1954 con la Comunidad Europea de Defensa y fracasó en la Asamblea Nacional francesa. Desde el Tratado de Maastricht existe una política exterior y de seguridad común. Otra cosa es hasta dónde queremos desarrollarla.
Le voy a pedir que describa a algunos líderes internacionales en una frase:
Benjamin Netanyahu: Hará todo lo posible para no ser juzgado.
Vladímir Putin: Es alguien que piensa que la desaparición de la URSS fue la mayor tragedia del siglo XX. Y eso explica muchas de sus decisiones.
Xi Jinping: Cuando lo conocí tuve la impresión de que el emperador había vuelto. Representa una visión muy jerárquica y distante del poder.
Donald Trump: A su lado, Jesús Gil es un príncipe del renacimiento.


