Durante décadas, el huevo ha transitado de villano nutricional a superalimento. Demonizado en los años 80 por su contenido de colesterol, hoy la ciencia lo reivindica como uno de los alimentos más completos del planeta.
En gimnasios, consultorios nutricionales y cocinas caseras, el debate resurge constantemente: ¿es realmente el huevo la proteína por excelencia? Mientras algunos lo consideran el estándar de oro contra el cual se miden todas las demás proteínas, otros señalan alternativas que podrían competir o incluso superarlo.
La respuesta, como suele ocurrir en nutrición, es más matizada de lo que sugieren los titulares.
Supremacía biológica de los huevos
Cuando los científicos hablan de la “mejor” proteína, no se refieren a gustos personales, sino a criterios objetivos y medibles. El huevo ha dominado esta conversación durante generaciones gracias a su excepcional valor biológico, un indicador que mide qué tan eficientemente el cuerpo humano puede utilizar la proteína consumida.
La clara de huevo alcanza un valor biológico de 100 en la escala tradicional, lo que significa que prácticamente toda su proteína puede ser aprovechada por el organismo. Esta puntuación perfecta la convirtió históricamente en el patrón de referencia: todas las demás proteínas se comparaban contra ella. Con 6 gramos de proteína por unidad y conteniendo los nueve aminoácidos esenciales en proporciones casi ideales para las necesidades humanas, el huevo entero se ganó el título de “proteína completa”.
La Dra. María Fernández, investigadora en nutrición de la Universidad de Connecticut, explica que esta completitud es crucial: “El cuerpo no puede fabricar los aminoácidos esenciales por sí mismo. Necesita obtenerlos de los alimentos, y el huevo los proporciona todos en las cantidades adecuadas para sintetizar proteína muscular, hormonas y enzimas”.
Competidores en el podio proteico
Sin embargo, el reinado del huevo no es absoluto. La proteína de suero de leche (whey protein) presenta un valor biológico aún superior, alcanzando entre 104 y 159 según diferentes metodologías de medición. Rica en leucina, el aminoácido clave para activar la síntesis muscular, la proteína de suero se absorbe rápidamente, lo que la hace especialmente efectiva para la recuperación post-ejercicio. Contenida principalmente en el requesón, la ricotta y en forma concentrada como suplemento en polvo para batidos.
La caseína, otra proteína láctea, ofrece una ventaja diferente: su digestión lenta proporciona un flujo constante de aminoácidos durante horas, ideal para prevenir la degradación muscular durante el ayuno nocturno. Estudios recientes sugieren que esta liberación sostenida podría ser más beneficiosa para la preservación de masa muscular en adultos mayores. Se encuentra naturalmente en la leche de vaca, oveja, cabra, yogur y queso, y también como suplemento en polvo.
En el reino vegetal, la proteína de soja emerge como la más completa, conteniendo todos los aminoácidos esenciales. Aunque tradicionalmente se consideraba inferior a las proteínas animales, investigaciones de la última década demuestran que, consumida en cantidades adecuadas, puede promover ganancias musculares comparables a las proteínas animales.
Más allá de los aminoácidos
Reducir el debate a valores biológicos y aminoácidos sería ignorar el contexto nutricional más amplio. El huevo no es solo proteína: aporta colina (esencial para la salud cerebral), luteína y zeaxantina (protectores de la visión), vitaminas D, B12, selenio y grasas saludables. Todo esto en apenas 70 calorías y a un precio accesible.
El Dr. Roberto Salazar, endocrinólogo y nutriólogo, advierte contra el reduccionismo: “Buscar la ‘mejor’ proteína aislada pierde de vista que comemos alimentos, no nutrientes. Un filete de salmón tiene proteína de alta calidad, más ácidos grasos omega-3. Las legumbres ofrecen proteína junto con fibra y antioxidantes. El valor nutricional total importa tanto como la calidad proteica”.
Factor digestibilidad
La Puntuación de Aminoácidos Corregida por Digestibilidad Proteica (PDCAAS) y su sucesora, la Puntuación de Aminoácidos Indispensables Digestibles (DIAAS), representan esfuerzos por crear métricas más precisas. Bajo estos sistemas, la proteína de leche frecuentemente supera al huevo, mientras que algunas proteínas vegetales mejoran significativamente su clasificación cuando se procesan adecuadamente.
Pero incluso estas mediciones tienen limitaciones. No todas las personas digieren las proteínas con la misma eficiencia. Las intolerancias, alergias, la salud intestinal y la edad influyen dramáticamente en cuánta proteína realmente aprovecha cada individuo.
Para los deportistas de élite, el timing y el tipo de proteína pueden marcar diferencias mensurables en rendimiento. Para la población general, la diferencia entre consumir huevos, pescado, legumbres o lácteos es probablemente insignificante si la ingesta total de proteína es adecuada y la dieta está bien equilibrada.
Sostenibilidad y ética en la ecuación
La conversación contemporánea sobre la “mejor” proteína no puede ignorar las implicaciones ambientales. Producir un kilogramo de proteína de huevo genera significativamente menos emisiones de gases de efecto invernadero que la carne de res, pero más que las legumbres. El consumo de agua, el uso de tierra y el bienestar animal añaden capas adicionales de complejidad a la decisión.
Las proteínas vegetales emergentes, desde la de guisante hasta la de grillo, prometen perfiles nutricionales competitivos con huellas ecológicas reducidas, aunque aún requieren más investigación sobre su impacto en la salud a largo plazo.
Veredicto: excelencia sin exclusividad
Entonces, ¿es el huevo la mejor proteína? En términos de completitud de aminoácidos, digestibilidad, densidad nutricional y costo, el huevo permanece entre las opciones superiores disponibles. Su versatilidad culinaria y accesibilidad global refuerzan su posición privilegiada en dietas de todo el mundo.
Sin embargo, proclamarlo como la “mejor” proteína de manera absoluta sería científicamente impreciso. Dependiendo de los criterios específicos —velocidad de absorción, contenido de leucina, impacto ambiental, restricciones dietéticas personales— otras fuentes proteicas pueden ser superiores para contextos particulares.
La recomendación de los expertos en nutrición converge en un punto: la diversidad proteica es más importante que buscar una única fuente perfecta. Combinar huevos con pescado, legumbres, lácteos, carnes magras y proteínas vegetales asegura un espectro completo de aminoácidos, nutrientes complementarios y beneficios para la salud que ningún alimento individual puede proporcionar por sí solo.
También te puede interesar:
· Dietas de origen vegetal: aliadas contra el cáncer de mama
· Consumir estos 11 tipos de alimentos naturales aumenta tu colágeno


