Nos agarramos de las manos como si con ello el milagro fuera más tangible. El último turno al bate le tocó a Perdomo: marcador parejo, dos bolas, dos strikes y unos cuantos fouls.
En el asiento de atrás, George Bell teorizaba la jugada y el muchacho de al lado le suplicaba a Papadiós con más fe que la Biblia abierta del cruzado pendón.
El desenlace del partido
El reloj marcaba las 11:44 en el Loan Depot Park cuando el gringo sentenció el partido: ponche cantado con un lanzamiento a cuatro pulgadas fuera de la zona de strike.
Las tamboras se apagaron y los de la banda recogieron los instrumentos, mientras un Capitán Crunch les cruzaba por el lado en un baile descompasado. Una multitud en camisetas tricolor se arrastraba hacia la salida.

El silencio dominicano ensordecía el cántico de “¡USA, USA!” y atravesaba las paredes del estadio, del mar y del cielo, hasta plantarse como duelo colectivo en un pueblo que añoraba su innata alegría.
Reflejo de una nación
La mirada mustia de Caminero en el dogout encarnaba a cada criollo que cargaba la pena de una victoria que no fue, o de un conjunto de desilusiones que viene arrastrando desde hace demasiado tiempo (y que no necesariamente tienen que ver con la pelota).
Hace mucho que vivimos donde un fuego apaga otro fuego: el Intrant, lo eléctrico, el Inabie, las divisas, los haitianos, las bancas, la evasión, los préstamos, la deuda externa (se me acaba el aire); Obras Públicas que no hace obras, Educación que no educa.
Problemas sociales persistentes
La narcocracia dicta la agenda. El bregador se va a las trompadas en Blue Mall y descorcha el licor más caro en el mismo restaurante que tú, mientras Palacio adopta una retórica de condena moral que no se sostiene a la luz de las denuncias reiteradas sobre financiamiento ilícito de campañas.
Se cae el Jet Set y con ello la fachada del Ministerio Público independiente; entonces la olla de presión explota y se derrama el sancocho de Senasa (sí, porque siempre llega el día en que a los turpenes la fortuna no les cabe en el bolsillo chiquito).
Nos roban el derecho intrínseco a la salud y después nos vuelven a robar para saldar lo que nos robaron. Abinader y Hazim, exdirector de la citada aseguradora y “ex recaudador” de fondos del sector externo, ya no saben si son amigos cómplices, cómplices pero no amigos, o rivales de toda la vida.
Más allá del béisbol
El equipo del Clásico no era un simple equipo de pelota. En cada grito de júbilo, en cada oración a Tatica, en cada swing y en cada palo se estampaba la calidez, el gozo y la esperanza que siempre hemos llevado como bandera, pero que poco a poco se nos ha ido diluyendo entre decepciones.
- El juego nunca fue solo un juego, y el dolor nunca estuvo en un strike: estaba en todo lo demás.
Nos roban muchas cosas, casi todo; los de aquí y los de allá: en un strike y en un contrato, en una oficina pública y en una mesa de negociación.
Pero hay algo con lo que nunca han podido: la eterna voluntad de un pueblo que tropieza, se amarga, se indigna… y vuelve a levantarse así sea para perder otra vez.

