Un análisis amplio de patrones alimenticios de origen vegetal en dos cohortes internacionales muestra una evidente relación entre estas dietas y la reducción del riesgo de cáncer de mama, así como una mejor supervivencia en pacientes diagnosticadas con esta enfermedad.
La alimentación se consolida como un determinante crucial en el desarrollo y pronóstico del cáncer. Las dietas ricas en plantas, que priorizan los alimentos saludables y evitan los contaminantes, destacan por su potencial impacto en la prevención del cáncer de mama.
Los resultados, publicados en la revista Frontiers in Nutrition, indican que una alta adherencia a la dieta basada en plantas está vinculada a una menor incidencia de cáncer. En particular, el consumo elevado de calcio, vitaminas B2 y C, magnesio y fósforo parece correlacionarse positivamente con una mayor supervivencia tras el diagnóstico.
Metodología y resultados
Los investigadores utilizaron datos de cohortes del Biobanco del Reino Unido y de la Encuesta Longitudinal de Longevidad Saludable de China. El seguimiento de la salud y los hábitos alimentarios permitió observar que una adherencia más estricta a dietas plant-based se relacionó con un riesgo reducido de cáncer y mortalidad.
Se identificaron micronutrientes específicos con asociaciones protectoras, mientras que un mayor consumo de sodio se asoció con un aumento del riesgo de mortalidad. Estos hallazgos son cruciales para entender el papel de la nutrición en la lucha contra el cáncer.
A pesar de las limitaciones observacionales del estudio, los hallazgos subrayan la importancia de la dieta como un posible factor modificable en la prevención y tratamiento del cáncer de mama. Se requiere más investigación para establecer causalidades y explorar la diversidad étnica en los estudios nutricionales.
Micronutrientes esenciales
En una dieta basada en plantas, los micronutrientes más importantes para la prevención del cáncer de mama incluyen calcio, magnesio, vitamina C, vitamina B2 (riboflavina), cobre y fósforo, según estudios recientes en cohortes grandes.
Estos nutrientes se asocian con menor riesgo de incidencia y mejor supervivencia, gracias a sus efectos antioxidantes, antiinflamatorios y antiproliferativos.
Micronutrientes clave
- Calcio: Reduce el riesgo de cáncer de mama en un 12% en el tertil más alto de ingesta; fuentes vegetales: vegetales de hoja verde (kale, brócoli), almendras, tofu fortificado.
- Magnesio: Asociado a 11% menos riesgo de incidencia y menor mortalidad; fuentes: espinacas, nueces, semillas, legumbres.
- Vitamina C: Baja el riesgo en 9%; fuentes: pimientos, kiwis, fresas, cítricos.
- Vitamina B2 (riboflavina): Reduce mortalidad en 27%; fuentes: almendras, espinacas, champiñones, levadura nutricional.
- Cobre: 12% menos riesgo; fuentes: nueces, semillas, chocolate oscuro, legumbres.
- Fósforo: Menor mortalidad; fuentes: nueces, semillas, granos integrales.
Amenaza del cáncer de mama
El cáncer de mama sigue siendo una de las neoplasias malignas más comunes a nivel mundial y una de las principales causas de muerte por cáncer en mujeres, refiere el informe. Incluso, a pesar de los avances en la detección y el tratamiento, su persistente incidencia y mortalidad representan un desafío significativo para la salud pública.
En el año 2022, fueron diagnosticados 2.3 millones de nuevos casos, que causó 670,000 muertes, afectando desproporcionadamente a países de bajos ingresos, donde la supervivencia es menor.
El cáncer de mama es el más común en mujeres de 157 de 185 países. Las tasas de incidencia varían: en países de alto Índice de Desarrollo Humano (IDH), 1 de cada 12 mujeres lo desarrollará en vida (mortalidad 1/71), mientras en bajos IDH es 1/27 (mortalidad 1/48). Países como China, EE.UU. e India lideran en número absoluto de casos.
Las tasas anuales aumentan entre 1-5% en la mitad de los países analizados. Para 2050, se esperan 3.2 millones de casos nuevos y 1.1 millones de muertes anuales, un alza del 38% en incidencia y 68% en mortalidad, con mayor impacto en Asia y África. Solo 7 países de altos ingresos cumplen la meta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de reducir mortalidad en 2.5% anual.
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