A las 8.04 de la mañana (5.04 de la madrugada, hora peninsular española), las alertas de los teléfonos móviles volvieron a sonar este miércoles en Dubái (Emiratos Árabes Unidos). El aviso era claro: los sistemas de defensa aérea se activaban de nuevo. Irán … lanzaba otra oleada de misiles y drones contra territorio emiratí. Según el Ministerio de Defensa, las fuerzas del país interceptaron 13 misiles balísticos y 27 drones procedentes de la república islámica.
En el aeropuerto de Dubái, sin embargo, la escena parecía ajena a la tensión. El ir y venir de maletas continuaba con normalidad, aunque con una diferencia evidente: la terminal estaba medio vacía. «Parece que hemos vuelto a los tiempos de la pandemia», comenta Elizabeth, una colombiana que regresaba a su casa en la ciudad tras pasar varias semanas en su país natal. Lleva dos años viviendo en Emiratos por trabajo.
Los países del Golfo, que hasta ahora se habían mantenido al margen de los conflictos regionales, se han convertido en nuevos objetivos para Irán. A pesar —o quizá precisamente por— la presencia de importantes bases estadounidenses, Teherán ha intensificado sus ataques con misiles y drones contra la región.
Emiratos Árabes Unidos se ha situado como uno de los principales blancos. Desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra el pasado 28 de febrero, más de 2.000 misiles y drones han sido lanzados contra el país. Según el Gobierno emiratí, más del 80% de esos ataques iban dirigidos contra infraestructuras civiles, incluidas instalaciones petroleras, refinerías, aeropuertos, puertos, hoteles y centros de datos. El balance, hasta ahora, es de seis civiles muertos y 157 heridos.
Pese a la escalada, los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo han evitado responder con represalias directas, limitándose a medidas defensivas. La guerra ha desmentido la idea de que los rascacielos, el poder financiero y la imagen de estabilidad del Golfo puedan actuar como escudos frente a la inestabilidad regional.

«Esto no es un intercambio militar. Es un ataque contra una nación pacífica que ha trabajado con esfuerzo por la diplomacia», aseguró Sultan al Jaber, ministro de Industria y Tecnología Avanzada de Emiratos Árabes Unidos, en una entrevista este miércoles.
Mientras tanto, los casi cuatro millones de habitantes de Dubái continúan con sus rutinas en lo que algunos ya describen como una «nueva normalidad». La guerra ha golpeado al turismo, con numerosas cancelaciones de vuelos —como la suspensión de operaciones de British Airways hasta finales de mayo—, pero la vida cotidiana apenas parece alterarse.
Tiendas y cafeterías permanecen abiertas. Las calles, vacías a primera hora del día, vuelven a llenarse al caer el sol, cuando familias y grupos de amigos se reúnen para celebrar el Iftar en los últimos días del Ramadán. A los pies del Burj Khalifa, el edificio más emblemático de la ciudad, Liliia, una joven de 27 años llegada desde la región ucraniana de Vinnytsia, pasea con tranquilidad. Azafata de Emirates, asegura haber encontrado en Dubái un refugio. «Aquí estoy tranquila. Las defensas aéreas funcionan. No hemos tenido miedo en ningún momento», afirma.
«Aquí estoy tranquila. Las defensas aéreas funcionan. No hemos tenido miedo en ningún momento»
Liliia
Azafata ucraniana de Emirates
Solo el adelanto de las vacaciones escolares, decretado por el Gobierno, ha alterado los planes de algunas familias. Es el caso de varios españoles que han decidido viajar temporalmente a su país aprovechando un puente festivo. «Nos vamos unos días a descansar, pero volveremos. Esta es nuestra casa», explican.
En Dubái, la población se siente segura. Las alertas funcionan y los sistemas de defensa parece que también. Tal es la seguridad, que mientras se escucha el impacto de dos drones interceptados por el sistema antimisiles, en un campo de golf en el centro de Dubái, un grupo de mujeres celebra, como si nada estuviera pasando, un cumpleaños, e incluso el sonido del impacto queda opacado por el ‘Happy Birthday’.
Sin embargo, esa aparente calma también responde a una estrategia. «Aquí no pasa nada», es el mensaje implícito. En las calles apenas se percibe presencia policial o militar. «No hace falta», comenta un residente. En los primeros días del conflicto, el presidente del país, el jeque Mohamed bin Zayed, recorrió el Dubai Mall acompañado de su séquito, transmitiendo tranquilidad a los ciudadanos incluso mientras se producían ataques ese mismo día.
El control, no obstante, se ejerce por otras vías. La Policía de Dubái ha emitido advertencias contra la difusión de contenidos que puedan generar pánico. Publicar rumores, información no verificada o mensajes que contradigan los comunicados oficiales está prohibido y puede acarrear penas de al menos dos años de prisión y multas superiores a los 50.000 dólares (43.400 euros).
De hecho, las autoridades han detenido a más de dos docenas de extranjeros por compartir contenido relacionado con los ataques iraníes, incluidos vídeos que documentaban lanzamientos de misiles e interceptaciones.

