
Cuando dos personas comparten una cuenta bancaria, el destino del dinero tras el fallecimiento de uno de los titulares depende de cómo esté registrada legalmente esa cuenta.
En muchos casos, los fondos no pasan por un proceso judicial y el sobreviviente puede seguir utilizándolos, pero no siempre ocurre de la misma forma.
Cuentas conjuntas con derecho de supervivencia
Las cuentas conjuntas que incluyen la figura legal conocida como derecho de supervivencia permiten que, al morir uno de los cotitulares, el control total del dinero pase automáticamente al otro propietario.
En este escenario, el saldo no forma parte de la herencia del fallecido y, por lo general, no entra en el proceso de sucesión o validación de testamento ante tribunales.
Para poder operar la cuenta, el titular sobreviviente suele presentar documentos como el acta de defunción ante la institución financiera.
Este tipo de cuentas es frecuente entre matrimonios, parejas o familiares que comparten gastos y responsabilidades económicas.
Durante la vida de ambos, cada persona tiene acceso completo a los fondos, sin importar quién realizó los depósitos.
Un punto que suele sorprender es que el testamento no suele tener efecto sobre este dinero.
Aunque la persona fallecida haya nombrado a otro beneficiario en su voluntad, la cláusula de supervivencia establecida con el banco normalmente tiene prioridad legal.
Cuando una cuenta conjunta sí puede ir a sucesión
No todas las cuentas compartidas evitan los trámites legales. Si la cuenta no fue abierta con derecho de supervivencia, puede quedar sujeta al proceso de sucesión.
En estos casos, la cuenta suele estar registrada como copropiedad dividida, donde cada titular posee una porción específica del dinero en lugar de un traspaso automático.
Cuando uno de los dueños fallece bajo esta modalidad, su parte se integra al patrimonio que será distribuido según lo indicado en su testamento o, si no existe uno, conforme a las leyes estatales de herencia.
También puede ser necesario un proceso judicial si los documentos del banco no especifican claramente la modalidad de la cuenta o si todos los cotitulares mueren al mismo tiempo y no queda un sobreviviente que asuma el control.
El título de la cuenta define el resultado
La forma en que una cuenta bancaria está titulada determina quién es dueño del dinero y qué sucede después de la muerte de uno de los titulares.
Los bancos emplean términos legales específicos para establecer estas reglas, por lo que las intenciones verbales o acuerdos informales tienen poco peso frente al contrato firmado.
Agregar a alguien solo por comodidad o suponer que el dinero se repartirá de cierta manera no cambia la validez del documento legal.
Las instituciones financieras se basan exclusivamente en el acuerdo escrito para decidir quién conserva los fondos.
Cuentas conjuntas frente a beneficiarios designados
Tanto las cuentas compartidas como las designaciones de beneficiarios permiten que el dinero se transfiera sin pasar por tribunales, pero funcionan de manera distinta.
Una cuenta conjunta otorga propiedad compartida mientras ambos titulares están vivos, lo que también expone los fondos a posibles deudas, divorcios o demandas de cualquiera de los propietarios.
En cambio, nombrar beneficiarios mantiene la propiedad en manos de una sola persona hasta su fallecimiento.
Los beneficiarios no tienen derechos legales sobre el dinero mientras el titular vive, lo que protege la cuenta de riesgos financieros ajenos.
Además, esta modalidad ofrece mayor flexibilidad, ya que el dueño puede modificar los nombres de beneficiarios sin necesidad de autorización de terceros.
Planificación patrimonial y asesoría
Especialistas en finanzas recomiendan revisar periódicamente cómo están registradas las cuentas para evitar confusiones futuras.
Existen herramientas como fideicomisos que permiten distribuir activos gradualmente o bajo ciertas condiciones, lo que puede ser útil cuando los herederos son menores de edad, tienen poca experiencia financiera o podrían enfrentar problemas con acreedores.
Un asesor financiero puede analizar la estructura de las cuentas, detectar inconsistencias entre beneficiarios y coordinar con un abogado especializado en herencias para que todo quede alineado con el plan patrimonial.
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