Cuando un primer ministro estuvo en la diana por sus vínculos con Ecclestone #F1 #FVDigital

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El 19 de marzo de 1998, el primer ministro británico Tony Blair fue objeto de críticas por sus vínculos con el magnate de la Fórmula 1 Bernie Ecclestone, tras revelarse que no había declarado ante el Parlamento británico un obsequio de hospitalidad por valor de 1.500 libras.

Blair había asistido junto a su familia al Gran Premio de Gran Bretaña en Silverstone, como invitado de Ecclestone, en aquel momento el máximo dirigente del Gran Circo. Según las normas de la Cámara de los Comunes, todos los obsequios superiores a 215 libras deben registrarse. En este caso, eso no se había hecho.

La infracción fue constatada por Sir Gordon Downey, el supervisor parlamentario en materia de ética. Blair reconoció el error y prometió cumplir estrictamente las normas en lo un futuro. En sí mismo, parecía un incidente relativamente menor, pero el impacto político fue grande, sobre todo por el contexto más amplio en el que se produjo.

Repercusiones de un escándalo mayor en la F1

El revuelo en torno a la donación no fue un hecho aislado, sino que formaba parte de una controversia mucho mayor que estalló a finales de 1997. Y esta giraba en torno al dinero, la influencia política y una decisión crucial para la Fórmula 1.

A principios de ese año, Ecclestone había donado un millón de libras al Partido Laborista, justo antes de la victoria electoral de Blair. Poco después, el jefe de la FOM visitó Downing Street, donde abogó por una excepción para la Fórmula 1 en una propuesta de prohibición a nivel europeo de la publicidad del tabaco. Esa prohibición suponía una amenaza directa para la categoría. En los años noventa, los patrocinadores del sector —desde Marlboro hasta Rothmans— eran la columna vertebral financiera de muchos equipos. Una prohibición inmediata tendría graves consecuencias económicas.

Curiosamente, el Gobierno británico optó, inicialmente, por precisamente realizar esa excepción para la Fórmula 1, mientras que otros deportes no la obtuvieron. Esa combinación —una donación millonaria y una decisión políticamente favorable— dio lugar a acusaciones de conflicto de intereses.

Tanto Ecclestone como el Gobierno negaron que existiera relación alguna. Ecclestone insistió en que “nunca había pedido ningún favor”, mientras que Downing Street subrayó que la decisión se había tomado por motivos económicos, entre otros, debido a la posible pérdida de puestos de trabajo. Sin embargo, la presión fue tan grande que el Partido Laborista decidió, finalmente, devolver la donación. Con ello, el Gobierno intentó apaciguar la crisis, pero el daño a la reputación ya estaba hecho.

Waar Ecclestone in 1997 nog een supporter van Labour was, keerde hij zich later publiekelijk tegen Blair.

Si bien en 1997 Ecclestone aún era partidario del Partido Laborista, más tarde se volvió públicamente en contra de Blair.

Foto: Motorsport Images

Un tema delicado

En ese contexto, la donación no declarada de 1.500 libras cobró aún más importancia. Lo que normalmente habría sido un error administrativo, se consideraba ahora parte de un patrón: una relación demasiado estrecha entre la cúpula política y el hombre más poderoso de la Fórmula 1.

Sobre todo porque Blair había asistido personalmente a Silverstone como invitado de Ecclestone, la transparencia era crucial. El asunto puso de relieve lo vulnerable que se había vuelto el Gobierno ante cualquier nueva revelación sobre esa relación. Curiosamente, la relación entre ambos hombres se deterioró considerablemente en los años siguientes. Mientras que en 1997 Ecclestone aún era partidario del Partido Laborista, más tarde se volvió públicamente contra Blair.

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En el año 2000, el jefe de la F1 arremetió con dureza y acusó al primer ministro de traición. Afirmó que había acordado con el partido guardar silencio sobre la donación, pero que Blair no había cumplido su parte. “Les dije a esos payasos: si alguien me pone contra la pared con una ametralladora, ni confirmaré ni negaré nada sobre la donación“, dijo Ecclestone. “Dijeron que harían lo mismo. Poco después, Blair se puso a hablar. Es un comportamiento de tercera categoría“. Las declaraciones dejaron claro lo explosivo que se había vuelto el asunto, incluso años después.

Un tema que seguía resurgiendo

El caso Ecclestone se convirtió en uno de los primeros grandes problemas de integridad de la era del Nuevo Laborismo. Para un Gobierno que acababa de ser elegido con la promesa de acabar con la corrupción política, eso resultaba especialmente doloroso.

El regalo no declarado del 19 de marzo de 1998 no era más que una pequeña parte de ello, pero sí una que ponía al descubierto el núcleo del problema: la incómoda y, en ocasiones, opaca relación entre el mundo de la Fórmula 1 y la política británica. El asunto sigue considerándose, hasta el día de hoy, uno de los cruces más sonados entre el deporte y la política en la historia moderna de la F1.

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