“Le pido a Dios no perder también el ojo izquierdo”, es la súplica de Jesús Javier Gómez Islas, un joven latino de 23 años que resultó ser víctima de un proyectil “no letal”; disparo presuntamente de un agente del Departamento de Policía de Los Ángeles, que ha resultado en un reclamo legal por 100 millones de dólares, en contra del LAPD y la ciudad de Los Ángeles.
Según la queja, el 31 de enero de 2026, a las 9:40 p.m., Gómez Islas, diagnosticado con autismo, pasaba por “curiosidad” durante una protesta en las inmediaciones del Centro de Detención Metropolitano, ubicado entre las calles Aliso y Alameda.
“Aquellos que deben protegernos, en quienes depositamos nuestra confianza, se han tomado libertades y han abusado de nosotros repetidamente: una y otra vez”, declaró el abogado Jamal Tooson.
“Mi cliente salía de su trabajo —oficial de prevención de pérdidas en una tienda Ross— cuando se encontró con una protesta relacionada con ICE”, añadió.
Instantes después de haber llegado a la manifestación, y mientras conversaba con un miembro de la prensa, Jesús Javier recibió un disparo: un impacto directo en su ojo derecho. El proyectil le manchó la cara y la ropa con pintura de un color verde brillante.
Los perdigones “paint ball” son utilizadas por agencias policiacas en entrenamientos de simulación para marcar objetivos, así como en lanzadores no letales de “pepperballs” [bolas de pimienta] para defensa personal y control de disturbios.
“Los usan para identificar a los individuos que participan en las protestas, con el fin de regresar más tarde y arrestarlos”, afirmó Tooson.
“No me impresiona para nada la brutalidad de la policia”, opinó el abogado Antonio Villegas. “Y, como ciudadano, esto me deprime porque lo que están haciendo no está bien. Hacen loque quieren como el señor que está en la Casa Blanca y no respetan la Constitución ni los derechos de las personas”.
No le brindan atención médicaEn aquel momento, Jesús Javier perdió la vista de su ojo derecho. Se trató de un disparo que la policia denomina “fuerza no letal”, pero la fuerza del impacto fue de tal magnitud que la bola de pintura estalló dentro de su ojo.
“Tras la explosión en su ojo, [las autoridades] no hicieron ningún intento por brindarle asistencia médica. No intentaron ayudarlo. No hicieron absolutamente nada para remediar la situación”, dijo Tooson. “Mi cliente se encontraba desarmado. No representaba amenaza alguna para nadie. No llevaba nada en las manos. No realizaba movimientos agresivos hacia las fuerzas del orden. No estaba gritando; simplemente mantenía una conversación”.
La familia de Jesús Javier se enteró del incidente y Ashley, su hermana, acudió al lugar, lo recogió y lo trasladó en su automóvil al Hospital General.
Tras cinco horas en las que los médicos lucharon por salvar su ojo derecho, no lograron conseguirlo.
“Su vida ha cambiado para siempre. Ha quedado ciego de forma permanente. Además —y para empeorar aún más las cosas—, ahora padece complicaciones que podrían llevarlo a perder también la vista en su ojo izquierdo”, reveló el abogado.
Señaló que han tenido que actuar cuando las fuerzas del orden exceden los límites que la Constitución les impone y en el poder que reside en llevarlos ante los tribunales.
“Nuestro poder consiste en demandar y generar un cambio significativo que comienza con la rendición de cuentas; que identifiquen a la persona que apretó el gatillo y disparó esa munición —supuestamente “no letal”— directamente a los ojos de mi cliente”, manifestó el abogado.
“La ambulancia nunca llegó. Fuimos nosotros quienes llevamos a mi hijo al hospital”, dijo María Cruz, madre del muchacho. “Es mi único hijo varón. No tiene maldad alguna. Es muy inocente y hay que protegerlo”.
“Fui solo por curiosidad”
“Básicamente, lo que sucedió fue que acababa de salir de mi lugar de trabajo tras terminar mi jornada laboral. Me dirigía a casa cuando me topé con una protesta, y también con uno de mis amigos que participaba en ella como periodista independiente, documentando simplemente lo que estaba ocurriendo”, dijo Jesús Javier Gómez Islas.
“Estaba sentado en mi scooter. En ese momento llevaba puesto mi uniforme de trabajo —camisa de vestir y pantalones—; no representaba absolutamente ninguna amenaza. Y entonces, de repente, sentí como si algo me hubiera golpeado en el ojo; fue entonces cuando me di cuenta de que sentía un dolor intenso por todo el cuerpo y no podía abrir el ojo derecho”.
El joven latino describió que estaba lleno de adrenalina, asustado y aterrorizado. Intentó abrir el ojo derecho, pero entró en pánico.
“Pensaba: “¿Qué pasa con mi ojo derecho?” Fue en ese momento cuando supe que tenía que salir de allí”.
Su hermana llegó a recogerlo y lo llevó al hospital; tardaron cuatro horas en prepararlo para la cirugía.
Tras ser notificado de que había perdido la visión y que no existía la posibilidad de recuperarla jamás, días después los médicos le notificaron de complicaciones y que, a consecuencia de ellos, podría perder también el ojo izquierdo.
“Me siento absolutamente devastado, frustrado y, sabes, traicionado por quienes llamamos “fuerzas del orden», que en realidad no hacen cumplir la ley, sino que solo ejercen violencia contra nuestra gente”, afirmó. “Lo que han hecho es horrible, monstruoso, ¿y para qué?”.
¿Qué te motivó a ir a esa protesta?
“Curiosidad. Solo curiosidad”.
¿Podrías describir con más detalle la posición en la que te encontrabas en el momento que recibiste el disparo?
“Yo diría que estaba bastante lejos; sí, estaba a una distancia considerable. Si no me equivoco, calculo que a unos 200 o 300 pies de distancia; realmente lejos. Y eso implica que tuvieron que utilizar una pistola de proyectiles de pintura (paintball) de muy, muy alta presión tan solo para lograr alcanzar el punto donde yo me encontraba”, dijo Jesús Javier.
“Esto suscita interrogantes sobre el tipo de armamento que están utilizando, el cual califican —entre comillas— como “no letal”, añadió el abogado.
¿Sigues trabajando? ¿Tenías algún tipo de sueños o ambiciones para tu vida que se hayan visto postergados o afectados por esta lesión?
“Mis ambiciones eran, básicamente, trabajar duro y lograr que mi familia viviera cómodamente; en esencia, ahorrar un poco de dinero, vivir bien y no tener que lidiar con la inflación y cosas por el estilo. Pero eso está actualmente en pausa, ya que no pude volver al trabajo”.
¿Podrías describir con más detalle cómo es tu visión en este momento?
“Solo puedo ver con el ojo izquierdo; el ojo derecho está completamente a oscuras”, respondió Jesús Javier.
¿Cómo ha cambiado esta situación tu vida?
“Ha cambiado drásticamente. Tengo que aplicarme medicación en el ojo derecho, lo que implica que mi madre tiene que abrirme el ojo físicamente para ponerme las gotas. Por suerte, ahora ya soy capaz de hacerlo yo mismo con más frecuencia, pero sigo sin ver nada”.
“Ahora tengo un poco más de miedo de salir a la calle; tengo miedo de chocar con la gente cuando camino. Tengo miedo de causar problemas, de molestar a otras personas. Y, como dije: frustrado, asustado…”, agregó.
¿Cuáles son tus expectativas de aquí a los próximos cinco o 10 años?
“Pues… probablemente seguiré ciego del ojo derecho, y le pido a Dios no perder también el ojo izquierdo”.
“Solo le pido a Dios no perder también el ojo izquierdo”.
Debido a que el caso se encuentra bajo litigio, la oficina de comunicaciones del LAPD dijo que no podían emitir ningún comentario, y que, al final se sabrá la verdad.
Sin embargo, el jueves reveló en un documento fechado el 31 de enero, a las 4:00 p.m., -no de lo sucedido por la noche- que indica que sus agentes, al responder a los manifestantes ese día, habían utilizado un arma conocida como «FN 303», la cual es un lanzador con capacidad para disparar proyectiles de pintura. En su reporte, el comandante de la División Central del LAPD señaló que los manifestantes habían arrojado piedras y fuegos artificiales a los 209 agentes que participaron en el operativo de control de al menos 300 manifestantes.


