La captura de Maduro ahonda la brecha entre PSOE y Sumar

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Para suerte de unos y desgracia de otros, Donald Trump ha agitado este sábado el avispero de Venezuela en España. Tercer día del año y Estados Unidos ha lanzado una ofensiva militar en el país latinoamericano gracias a la cual ha logrado capturar a su presidente, Nicolás Maduro, y su esposa, quienes serán juzgados en Nueva York por narcotráfico y armas. Un escalón más en un conflicto que acumula meses de advertencias públicas y una escalada sostenida de presión militar de Washington sobre Caracas que, a su vez, eleva la crisis sobre el Ejecutivo español al reactivar uno de sus flancos más vulnerables, empleado a menudo por la oposición como herramienta de erosión política contra Pedro Sánchez, desaparecido desde la agenda pública desde finales de diciembre.

Todo ello en un momento en que el presidente acarrea semanas —sino meses— de desgaste a cuenta de la debilidad parlamentaria de su Gobierno tras la ruptura con Junts y del reguero de tramas corruptas (con sus correspondientes causas judiciales) y escándalos sexuales que acumula su partido, el PSOE, los cuales ponen especialmente en jaque al jefe del Ejecutivo al tiempo que aparentemente agotan la paciencia de los socios que le sostienen en el poder, entre ellos, Sumar. La coalición que capitanea Yolanda Díaz despidió el año escenificando uno de sus tantos enfados sin consecuencias con los socialistas a raíz de la inacción del caso Francisco Salazar por parte de Ferraz, ya que pese a hablar de la «peor» crisis entre socios de coalición hasta la fecha, no se plantearon romper el Gobierno.

Apenas un par de semanas después, el Gobierno vuelve a evidenciar que en los grandes temas los dos socios guardan importantes diferencias de enfoque. Ya las hubo, y profundas, con el giro de postura sobre el Sáhara, la política energética o el plan de rearme. Ahora también con Venezuela.

Basta con fijarse en el término que ambos partidos utilizan para referirse al conflicto. Tanto Sánchez, a través de una publicación en la red social X, como el Ministerio de Exteriores, en un comunicado, acotan lo sucedido este sábado a una «crisis» y se limitan a hacer un llamamiento a la «desescalada», a la «moderación» y al respeto al derecho internacional. El departamento que dirige José Manuel Albares se ofrece además a «prestar sus buenos oficios» para lograr una solución «pacífica y negociada».

Moncloa salvaba así los muebles en un inicio al evitar reprobar la intervención militar de EE.UU. en Venezuela, aunque sí recordaba que España «no ha reconocido» los resultados de las elecciones del 28 de julio de 2024 que dieron la victoria a Edmundo González pese a que Maduro se autoproclamase vencedor. A última hora de la tarde, empujado por las críticas de los socios del bloque de investidura, Sánchez realizaba un segundo pronunciamiento público en redes sociales, esta vez, afirmando que España «tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional».

Horas antes Sumar había exigido al líder socialista una condena «sin paliativos» a la que a su juicio supone una agresión «criminal» e «imperialista». El Grupo Plurinacional contratacaba con otra nota en la que exige al Ejecutivo del que también forma parte que solicite una cumbre del Consejo de Seguridad de la ONU, así como la comparecencia urgente de Albares en el Parlamento. Petición, esta última, que formula Sumar junto a ERC, Bildu, Podemos, BNG y Compromís.

El Gobierno vuelve a evidenciar que en los grandes temas los dos socios guardan importantes diferencias de enfoque. Ya las hubo con el Sáhara, la política energética o el plan de rearme. Ahora también con Venezuela

IU, partido del Gobierno integrado en Sumar, que acudió a la toma de posesión de Maduro, va un paso más allá de la postura oficial del espacio al apoyar explícitamente al Gobierno «legítimo» de Maduro, quien consideran los de Antonio Maíllo es un jefe de Estado «constitucional» que ha sido «secuestrado» y «tomado como un rehén» por la administración Trump. Una solidaridad con el régimen venezolano que no han dudado en trasladar en persona a la embajadora venezolana en Madrid, Gladys Gutiérrez, con quien se ha reunido a primera hora de la mañana el líder del PCE y portavoz de IU en el Congreso, Enrique Santiago, en calidad de vicepresidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara Baja. Muy crítico también con Sánchez ha sido el diputado de Compromís en Sumar, Alberto Ibáñez, deslizando que el socialista es un presidente cobarde por condenar el ataque militar con «equidistancia».

Podemos, como siempre que tiene oportunidad, hizo gala de la radicalidad que le caracteriza arremetiendo contra el Gobierno de PSOE y Sumar. El tridente que componen los líderes fácticos del partido morado, Pablo Iglesias, Irene Montero e Ione Belarra, exige la «inmediata liberación» del presidente Maduro «y de todas las personas ilegalmente secuestradas», así como su regreso a territorio Venezolano. También la ruptura de toda alianza con Washington, además de la salida de la Alianza Atlántica.

Feijóo, prudente; Ayuso, eufórica

El PP y Vox, por su parte, aprovechan este inicio de año para redoblar su ofensiva contra el Gobierno. En un ejercicio de cautela, Alberto Núñez Feijóo tardó en reaccionar hasta el mediodía. El presidente del PP no ha defendido abiertamente la operación militar de Trump, pero sí que ha encumbrado la labor del republicano por ser quien «ha sacado de Venezuela a quien se mantuvo en el poder pese a perder las últimas elecciones» en contraposición al Gobierno de Sánchez y su órbita, que, en su lugar, contribuyeron a sacar al «ganador». Se refiere el popular a Edmundo González, quien llegó a nuestro país en el verano del 2024 al recibir asilo político tras cursar la petición.

Reivindica Feijóo una «transición democrática» bajo el liderazgo de González y María Corina Machado, y un «futuro sin represión» tras la «férrea dictadura» a la que, a su juicio, ha estado sometida la nación venezolana. «La prudencia es compatible con la esperanza de que Venezuela recupere el futuro que Maduro le arrebató con el silencio cómplice de demasiados dirigentes de mi país«, defiende el líder de la oposición.

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«Hoy es un mal día para los que lo justificaron, blanquearon o hicieron negocios con ese régimen como José Luis Rodríguez Zapatero, quien estará pasando por un momento difícil», ironizó el secretario general de los populares, Miguel Tellado, en la misma línea que su líder. Amigo de confianza de Maduro y su entorno —de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, entre otros—, el expresidente del Gobierno socialista lleva cerca de una década ejerciendo como interlocutor de diálogos frustrados al tiempo que ha contribuido a apuntalar en el poder, primero, al Gobierno de Hugo Chávez y más tarde al de Maduro. En los comicios de julio de 2024 se desplazó hasta Venezuela como observador internacional en calidad de jefe del Grupo de Puebla, convirtiéndose en el único exdirigente que no exigió la publicación de las actas. Santiago Abascal, presidente de Vox, primero en reaccionar y festejar la noticia, también considera que Sánchez «debe estar muy preocupado», ya que la caída de Maduro es, a su juicio, «un golpe más grande» para la «mafia sanchista» que la detención de los dos ex secretarios de Organización socialistas, Santos Cerdán y José Luis Ábalos

Una vez asentada la postura de Génova, gotearon todas las del resto de barones. Entre ellas, la de Isabel Díaz Ayuso, una de figuras del PP que más acostumbra a cargar contra Maduro y Zapatero junto con Cayetana Álvarez de Toledo. La presidenta de la Comunidad de Madrid celebró junto al alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida la noticia como «una de las más importantes de todos los tiempos». Por su parte, la portavoz adjunta en el Congreso, que viajó hace un mes a Oslo para apoyar a María Corina Machado en la entrega del Premio Nobel de la Paz y cuya reacción era una de las más esperadas se limitó a publicar en X una imagen de los bombardeos en la que podía leerse «El día V».



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