Hay proyectos que nacen prometiendo victorias. Y hay proyectos que, antes de hablar de podios, hablan de respeto. Cadillac ha elegido el segundo camino.
El undécimo equipo de la parrilla de 2026 ya rueda en los test oficiales de pretemporada en Circuito Internacional de Bahrein en Sakhir tras el shakedown en el Circuit de Barcelona-Catalunya. La expectación es enorme, especialmente en Estados Unidos, donde la entrada de un fabricante histórico en la Fórmula 1 supone un golpe de efecto. Pero dentro del box, el discurso es otro: pies en el suelo.
“Lo hemos dicho muchas veces: tenemos un enorme respeto por los equipos de este paddock”, explicó Graeme Lowdon, Team Principal de Cadillac, en una conversación con los medios en la que también estuvo presente Motorsport.com. “No hay un solo equipo aquí que no haya estado en la cima del automovilismo mundial durante al menos una década. Es un desafío enorme entrar y esperar batirlos”.
Lowdon fue incluso más gráfico: “Si fueras el propietario de uno de esos equipos y llega uno nuevo y te gana, estarías bastante apoplético, como mínimo”. El mensaje es claro: nadie entra en Fórmula 1 y gana a la primera. La historia lo demuestra. Y Cadillac no pretende vender humo.
El proyecto estadounidense, que contará con una alineación experimentada como la de Sergio Pérez y Valtteri Bottas y motor Ferrari, sabe que la experiencia suma, pero no hace milagros. Más aún en un 2026 marcado por un cambio reglamentario radical, con conceptos aerodinámicos completamente nuevos y un desarrollo que promete ser vertiginoso. En ese contexto de incertidumbre —donde nadie sabe realmente quién se guarda rendimiento y quién no en estos primeros días— aparece la palabra clave: respeto.
Y ahí toma la palabra Pat Symonds.
El respeto del resto de equipos hacía Cadillac cuando vean las fotos de espía
Foto de: Zak Mauger / LAT Images via Getty Images
“Es difícil ser numérico y decir vamos a acabar aquí o allí”, admitió el veterano ingeniero, ahora consultor del equipo. “Pero hay algo que es realmente importante: ganarnos el respeto de los otros equipos”. No es una frase vacía. Symonds fue más allá. “Para mí es particularmente importante, porque creo que merecemos ese respeto. Y no solo por el coche, sino por toda nuestra operación”.
En Barcelona ya recibieron señales positivas. “Fue muy gratificante que recibimos muchos cumplidos de otros equipos, simplemente por la disposición de nuestro garaje, por cómo preparamos los coches y todo ese tipo de cosas”.
Pero el dardo más interesante llegó después, en una referencia directa a esa guerra silenciosa que nunca se detiene en la Fórmula 1: la de las cámaras largas y las fotos de espía. “Creo que cuando los otros equipos estén mirando sus fotos de espía, como todo el mundo hace, espero que tengan algo de respeto también por elementos del diseño del coche”.
En un año en el que los monoplazas de 2026 son territorio desconocido, donde conceptos radicales —como el del nuevo Aston Martin diseñado bajo la influencia de Adrian Newey— generan más preguntas que respuestas, el juego psicológico ya ha empezado. Se fotografía todo. Se analiza todo. Se cuestiona todo. Pero todavía nadie sabe qué funcionará.
Cadillac tampoco lo sabe. Y no lo esconde.
El objetivo no es llegar y arrasar. Es construir. Medirse contra lo que está bajo su control. Crecer al ritmo que permita el límite presupuestario. Y, sobre todo, enviar un mensaje: este proyecto va en serio. Porque en Fórmula 1 el respeto no se compra. Se gana. A veces en la pista. A veces incluso antes, en el garaje. Y, según Symonds, también en las fotos que otros analizan en silencio.
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