La Fórmula 1 versión 2026 y su retahíla de cambios técnicos y deportivos, todos ellos más drásticos unos que otros, despierta —a falta de un entusiasmo desbordante, ya que algunos actores han sabido qué decir durante estos últimos años para rebajar las expectativas de parte del público— una curiosidad innegable.
Ahora bien, se sabía desde hace tiempo que el primer rodaje colectivo, oficialmente denominado “Shakedown”, iba a celebrarse a puerta cerrada. Sin público en las gradas, sin periodistas en el paddock, sin fotógrafos independientes al borde de la pista, pocas imágenes y pocos vídeos oficiales, resúmenes de la F1 en modo propaganda… El escenario estaba claro.
¿Ha perdido la F1 una oportunidad de capitalizar la expectación? La pregunta es legítima, pero la realidad es que el campeonato probablemente no sea el principal señalado en esta situación. No: los equipos presionaron de forma colectiva para disponer de una sesión extra de test invernales además de las dos de Bahrein, ante los temores legítimos que planteaba el nuevo contexto técnico.
En estas condiciones, estos test privados eran un compromiso ideal: ningún medio presente, un trabajo preliminar desarrollándose bajo menor presión, menos demandas mediáticas por parte de las escuderías y, al mismo tiempo, la posibilidad para la F1 de contar lo mínimo imprescindible mientras seguía pudiendo vender los dos test de Bahrein como el “verdadero” lanzamiento de la campaña.
Un puerta cerrada refrescante
Foto de: Audi
En muchos aspectos, había algo refrescante en este formato. Entendámonos: “refrescante” en nuestra época, en la que la F1 se ha convertido en un deporte muy seguido y ultra mediático. Hace apenas quince años, este tipo de rodajes de los que se filtraba poca información —principalmente porque los medios presentes eran pocos y especializados, y porque el público mostraba mucho menos interés por estas sesiones oscuras y a menudo poco animadas— era lo normal.
Existe por tanto una mezcla sorprendente —al menos entre los seguidores que hemos conocido ambas épocas, yo el primero— de redescubrimiento y nostalgia, que devolvió a la F1 una parte de lo que pierde cada vez que somos bombardeados con imágenes, entrevistas, mensajes de radio y vídeos que diseccionan tal o cual microacción: un poco de misterio. “Un poco”, no exageremos, porque estamos en 2026 y los flujos de información —que no son tan famélicos cuando se sabe dónde buscar— llegan rápido.
La pregunta que suele plantearse respecto a los entrenamientos libres —”al fin y al cabo, antes de un partido de Champions League, ¿se filma y se emite íntegramente el entrenamiento de los equipos?”— puede aplicarse perfectamente aquí: después de todo, ¿se retransmite íntegramente una concentración de pretemporada en Tignes? No, porque el interés es, bien mirado, bastante limitado, y la información que debe filtrarse acaba haciéndolo de todos modos.
Aceptable… hasta cierto punto
Foto de: Racing Bulls
Ahora bien, retrospectivamente, también puede pensarse que esta prudencia extrema, motivada en parte por los temores ligados a las numerosas novedades técnicas y el miedo casi pánico a que se repitiera un escenario como el de 2014, no estaba del todo justificada.
Casi dan ganas de pensar que los equipos y motoristas no confiaron lo suficiente en sí mismos, porque, al final, los test se desarrollaron correctamente. Eso sí, no podía saberse de antemano. Y, por supuesto, Audi, Cadillac y Aston Martin seguramente agradecieron no cargar con una presión excesiva teniendo en cuenta unos debuts relativamente complicados.
En el fondo, aunque considero que el puerta cerrada es un poco una lástima (el secreto nunca se mantuvo del todo) y que, pasara lo que pasara, se perdió una oportunidad (incluso si las cosas hubieran ido mal, habría habido una historia de progresión que contar), sigue siendo aceptable, ya que el trabajo necesario para poner en marcha una temporada no necesita realmente ser filmado como cualquier otra sesión.
Sin embargo, lo que deja el sabor más amargo es el método. Que se decrete un puerta cerrada sin medios, de acuerdo. Que se corte tras una mañana el acceso al live timing del circuito, que había acabado filtrándose por internet, entra dentro de lo razonable. Que se intente limitar al máximo, desde el propio circuito, los ángulos de visión desde el exterior, ¿por qué no?
Patrullas, controles de identidad, dispersión de grupos, helicópteros, un perímetro “prohibido” que llegaba hasta casi un kilómetro alrededor del circuito… Uno se reiría si no supiera que ocurrió de verdad.
Pero que se despliegue un dispositivo de seguridad para localizar, amenazar con multas y desalojar a espectadores o medios situados fuera del recinto del trazado, especialmente en las colinas cercanas, y que ese dispositivo se vuelva cada vez más estricto a medida que avanzan los test… Ahí, en cambio, se ha cruzado claramente un límite en la voluntad de mantener el secreto.
Patrullas, controles de identidad, dispersión de grupos, helicópteros desplegados, un perímetro “prohibido” que el último día —aquel en el que iba a rodar el único piloto español presente en Barcelona— llegó en ocasiones a rozar el kilómetro alrededor del circuito… Uno se reiría si no supiera que ocurrió realmente y que los más tenaces tuvieron que desplegar auténticos alardes de ingenio y material de punta para conseguir imágenes “robadas”.
Queremos tu opinión
¿Qué le gustaría ver en Motorsport.com?
– El equipo de Motorsport.com


