La pretemporada de Fórmula 1 2026 terminó para Aston Martin como había transcurrido casi desde el primer día: con el coche parado y muchas más preguntas que respuestas. Si los problemas eléctricos del jueves arruinaron la primera simulación de carrera de Fernando Alonso, el viernes confirmó el peor escenario posible: apenas seis vueltas en ocho horas y la decisión de no rodar en la sesión de la tarde.
El balance es duro. El AMR26 —el primero bajo la nueva etapa técnica con Adrian Newey y estrenando unidad de potencia Honda en exclusiva— ha sido el coche que menos ha rodado en Bahrein. Y en la Fórmula 1 actual, cada vuelta perdida es tiempo que luego se paga.
Mike Krack, jefe de operaciones en pista del equipo, no esquivó la realidad.
“Hemos concluido nuestro programa de test en Bahrein, y el principal desafío ha sido lidiar con algunos problemas de fiabilidad que han limitado nuestro tiempo en pista. Esto nos deja en desventaja de cara al inicio de la temporada, porque no hemos podido completar todas las tareas habituales de unos test de invierno”.
Sin vueltas no hay aprendizaje
La raíz del problema ha sido la fiabilidad. La batería del nuevo motor Honda fue el detonante del caos del jueves y condicionó también el viernes, con escasez de piezas incluida. El resultado fue una jornada de tandas mínimas, pausas largas para analizar datos y, finalmente, el cierre prematuro del día.
Krack lo resumió con una frase que explica toda la pretemporada verde:
“Necesitas fiabilidad y necesitas que las ruedas giren. Todavía no hemos conseguido que giren tanto como queremos. Aprendes en cada vuelta, y cada vuelta que no haces significa que tienes que recuperar terreno después, así que no es un inicio fantástico”.
En otras palabras: sin vueltas no hay aprendizaje. Y sin aprendizaje, toca perseguir desde atrás.
Todo es nuevo… y todo cuesta
En Silverstone sabían que el reto era mayúsculo. Nueva unidad de potencia Honda, nueva caja de cambios propia, nueva suspensión y una integración completamente diferente. El proyecto es ambicioso, pero el arranque está siendo más complejo de lo previsto.
“Entendemos que no estamos al nivel al que pueden estar otros, pero todo es nuevo. Tenemos una nueva unidad de potencia, una nueva caja de cambios y una nueva suspensión. Tenemos que centrarnos, analizar nuestros problemas y resolverlos por separado”.
El mensaje es claro: no están donde querían estar. Y lo asumen sin excusas.
“Tenemos que ser realistas y después recuperar terreno. No hay otra manera, porque nuestros competidores no van a esperarnos, así que debemos hacer todo lo posible para no perder el contacto”.
Australia aparece en el horizonte sin los deberes hechos. Mientras otros equipos afinan rendimiento y exploran los límites, Aston Martin sigue intentando completar programas básicos de fiabilidad.
Trabajo sin descanso… y paciencia
Foto de: Rudy Carezzevoli / Getty Images
Pese al golpe, el discurso interno no es de pánico, sino de trabajo. Krack quiso enviar un mensaje a su equipo tras dos semanas especialmente exigentes:
“Reconocemos que hay una enorme cantidad de trabajo por delante, y todos los implicados en este proyecto saben dónde debemos centrarnos para mejorar nuestra situación. Quiero dar las gracias a todos mis compañeros en el equipo, que han estado trabajando día y noche durante las últimas dos semanas”, cerró.
Lance Stroll, que apenas pudo completar vueltas el último día, tampoco maquilló la situación:
“Han sido un par de semanas complicadas aquí en Bahrein, y terminar el segundo test con tan poco rodaje no era la forma en la que queríamos acabar. Está claro que el coche no está donde queremos en términos de rendimiento, y sabemos que hay mucho trabajo por delante en las próximas semanas y meses. La temporada es larga y seguiremos empujando al máximo para desbloquear más rendimiento”.
El potencial —insisten desde dentro— está ahí. Pero ahora mismo es solo eso: potencial.
La realidad es que Aston Martin comenzará el campeonato a remolque, intentando reducir la brecha mientras resuelve problemas básicos de fiabilidad. Confían en la capacidad técnica del equipo para enderezar el rumbo y en Honda para estabilizar la unidad de potencia, pero la Fórmula 1 no espera a nadie.
La temporada será larga. La pendiente, pronunciada. Y el margen de error, mínimo.
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