Obcecado con dejar su legado para la historia, Donald Trump parece haberse propuesto imprimir su sello a la arquitectura de la capital de Estados Unidos y que los ciudadanos reconozcan su huella allá donde miren en Washington. Además de los cambios en la Casa … Blanca, que incluyen un gigantesco salón de baile y un Despacho Oval recubierto en oro, el presidente pretende erigir un arco del triunfo de 76 metros de alto.
En su delirio megalómano, el dirigente norteamericano ha proyectado una estructura que se ubicaría en un extremo del puente Arlington Memorial, junto al río Potomac, y que ha hecho pública este viernes la Comisión de Bellas Artes. La idea es que el arco se alce frente al Monumento a Lincoln, como una manera de celebrar el 250 aniversario de Estados Unidos y afianzar su impronta como presidente.
El arco contará con la inscripción «Una nación bajo Dios» y estará coronado por una estatua alada de la Dama de la Libertad de 18 metros flanqueada por un par de esculturas de águilas y, en su base, por cuatro leones dorados, de acuerdo con los bocetos elaborados por el arquitecto Nicolas Leo Charbonneau, socio de la firma Harrison Design. La flecha del arco (la distancia vertical desde la línea de arranque hasta el punto más alto del interior) será de 33,5 metros y la luz (la anchura), de 16,8.
El propio presidente se ha referido a la estructura, tal y como comparte en X una de las cuentas de la Casa Blanca, y dice estar construyendo un monumento «más magnífico y más grande» que el Arco del Triunfo de París. «Es increíble. Vamos a levantar uno que lo superará», ha afirmado Trump, que no conoce límites en su afán por dejar su legado en Estados Unidos.
La construcción no ha estado exenta de polémica desde el momento en que Trump compartió su intención de erigirla. Expertos han denunciado que la estructura, con sus 76 metros -más del doble que el Monumento a Lincoln-, bloquearía la línea de visión histórica entre el Monumento a Lincoln y el Cementerio Nacional de Arlington. Esta vista fue diseñada originalmente para simbolizar la unidad nacional tras la Guerra Civil.
VArios rénders del arco del triunfo..
(Comisión de Bellas Artes de Estados Unidos)
Además, muchos detractores del líder norteamericano califican el proyecto como un «monumento a la vanidad» presidencial más que a la independencia. La controversia se avivó cuando el propio Trump respondió que el arco era para él al ser consultado sobre el destinatario del monumento.
Más allá del arco, el mandatario estadounidense ha expresado su voluntad de levantar otros monumentos, como el Jardín Nacional de Héroes Americanos, un proyecto para honrar a figuras históricas del país mediante una colección de 250 estatuas realistas esculpidas en mármol, granito, bronce, cobre o latón. El objetivo es inaugurarlo el 4 de julio, cuando se cumplirán 250 años de la independencia del país.
En junio del año pasado, Trump ya ordenó pavimentar la Rosaleda de la Casa Blanca, con el objetivo de facilitar la celebración de eventos en ese espacio. Asimismo, ha transformado el Despacho Oval en una oda a la pompa y el lujo o, más bien, en una pesadilla rococó bañada en oro.
En la misma línea, el pasado octubre comenzaron las obras en la Casa Blanca para construir el salón de baile encargado por Trump con la demolición de una parte de la residencia presidencial, a pesar de que el dirigente norteamericano afirmó en un primer momento que sería un anexo y que no cambiaría la estructura original del inmueble. La voluntad del líder estadounidense es que cuente con 8.000 metros cuadrados de superficie y una capacidad de 900 personas, en otra muestra de la ambición desmedida del mandatario.

