Ha pasado medio siglo y una infinidad de preguntas continúan sin respuesta. Un 24 de marzo de 1976 los militares perpetraban un nuevo golpe de Estado, dando inicio a una de las etapas más oscuras de la historia argentina. Ese día las Fuerzas Armadas … destituyeron a la presidenta María Estela ‘Isabelita’ Martínez de Perón, dejando una huella imborrable en el país suramericano con la llegada al poder de un régimen que combinó el terror y la desinformación. Acabada la dictadura, en 1985 comenzó el juicio que condenó a los líderes militares por los crímenes cometidos.
Cinco décadas después, cientos de argentinos desconocen todavía su verdadero origen. La petición de justicia, que logró otrora hacerse oír en el mundo entero, hoy regresa con fuerza frente a un Gobierno, el del presidente Milei, que los familiares de las víctimas califican de «negacionista».
El 24 de marzo no es una fecha más en Argentina. En el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, Buenos Aires suele ser el escenario de una de las manifestaciones más multitudinarias del año. Este martes habrá protestas en todo el país y una movilización a la histórica Plaza de Mayo. En la previa de los actos, la Iglesia pidió tener «más memoria» y advirtió sobre el avance del autoritarismo en el país.
El reciente hallazgo de los restos de doce cuerpos en La Perla, un enorme centro de exterminio ubicado en la provincia de Córdoba, ha avivado la llama de la memoria, removiendo una herida que parecía cerrada. Entre las principales víctimas de la dictadura se encontraban obreros, estudiantes, intelectuales y militantes políticos y religiosos.
Secuelas del dolor
«Mis papás no están. Están desaparecidos», responde Carlos Pisoni consultado por este medio sobre el impacto de la dictadura en su vida. Sus padres, Rolando Pisoni e Irene Bellocchio, fueron secuestrados en 1977. El abogado, criado por su abuela, desconoce el paradero de los cuerpos de sus progenitores.
«Queremos que nos digan dónde están sus restos y dónde están los nietos y nietas apropiados por los militares», reclama, en referencia a los 500 bebés robados por las Fuerzas Armadas, que hoy son adultos que desconocen su verdadero origen. «Mi lucha es un homenaje a mis padres», dice.
«Queremos que nos digan dónde están sus restos y donde están los nietos y nietas apropiados por los militares»
Carlos Pisoni
Hijo de desaparecidos
La historia de Pisoni, que desde 1996 es miembro de Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (HIJOS), es la de miles de argentinos que buscan información sobre sus familiares.
La figura del desaparecido fue, sin duda, uno de los sellos de la última dictadura militar y una gran diferencia con las otras cinco que le precedieron. «El desaparecido… es una incógnita… no tiene entidad. No está muerto ni vivo», respondía el dictador Jorge Rafael Videla en 1979.
Para llevar a cabo la ‘desaparición’ de 30.000 personas –cifra cuestionada por el actual Gobierno argentino–, se construyó un sistema de exterminio que incluyó centros clandestinos de detención en todo el país, ‘vuelos de la muerte’ y censura en la prensa y el arte.
«Entre los genocidas está mi padre», cuenta a este medio Liliana Futió, hija de Paulino Furió, un militar condenado a prisión perpetua por la desaparición de al menos 20 personas. Tras conocer la historia de su progenitor, fundó Historias Desobedientes, una organización que reúne a hijos de militares responsables de asesinatos y torturas. Atreverse a dar este paso «fue muy doloroso y tuvo un costo emocional importante», recuerda. Pero hay una razón que la impulsó: «Hay familias que todavía no pudieron enterrar a sus muertos».
Una herida «en carne viva»
Para los descendientes de desaparecidos, la llegada al poder de Javier Milei implicó un claro retroceso en materia de derechos humanos y denuncian su discurso «negacionista». «Es triste ver como borran todo de un plumazo… Este Gobierno es continuidad de esa dictadura», dice a ABC Gabriela Sol Morales, cuyo padre, Alejandro Manuel Morales, desapareció en La Perla cuando ella era un bebé. Desde el inicio de su gestión, Milei ha implementado recortes en áreas de derechos humanos y reivindicado el papel de los militares.
Al día de hoy, Morales sigue sin tener acceso a los restos de su padre, pero sus recuerdos de infancia permanecen vivos: «Crecimos con mi hermano con la nebulosa de tener un papá desaparecido, en un pueblo donde el silencio marcó esa historia».
Desclasificación de archivos
En vísperas del 50 aniversario del golpe de Estado, el Gobierno del presidente argentino, Javier Milei, ha anunciado la desclasificación de los archivos de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) de la última dictadura militar. Se trata de 26 documentos del período comprendido entre 1974 y 1980, que brindan información sobre los agentes de inteligencia, sus funciones y formas de encubrimiento.
Dentro de los archivos que comenzaron a salir a la luz días atrás se destaca la referencia a un área llamada Dirección de Comunicación Social, enfocada en los distintos lineamientos y estrategias psicosociológicas para influir en la población. Un año atrás, el jefe de Estado argentino había anunciado desclasificaría la información vinculada con el rol de las Fuerzas Armadas durante la última dictadura.
Se dice que el tiempo cura. Pero, en el caso de la última dictadura argentina, no pareciera ser así. Una cuenta que parecía saldada vuelve a reclamar respuestas. Las familias que sufren ausencias producto de los crímenes cometidos desde el poder aseguran que los secretos que muchos militares se llevaron a su tumba aún les pesan.
«Mientras siga habiendo personas desaparecidas y nietos que no sepan quién es su familia no solo las heridas siguen abiertas, sino que estas se encuentran en carne viva», lamenta Furió.


