Por muchos años, el consumo de alcohol se ha asociado directamente con las enfermedades hepáticas; sin embargo, existen alimentos de consumo diario que podrían ser incluso más riesgosos para este órgano: los aceites vegetales de semillas.
Como hemos analizado en entregas anteriores, el consumo de ciertos alimentos puede comprometer seriamente la salud hepática. Entre ellos destacan las grasas procesadas, específicamente los aceites vegetales.
El aceite vegetal es altamente inflamatorio debido a su marcado efecto oxidativo celular. Según diversos estudios, mientras más se calienta y se reutiliza el aceite, más se oxida, potenciando su toxicidad.

Lo que dice la ciencia
Un trabajo publicado por el Journal of Nutritional Biochemistry reveló los hallazgos de un grupo de investigadores de la Universidad de Granada (UGR). El estudio concluye que un consumo prolongado de aceite de girasol o de pescado afecta de forma negativa al hígado.
Este consumo sostenido se asocia con alteraciones que pueden desencadenar esteatohepatitis no alcohólica (EHNA), comúnmente conocida como hígado graso no alcohólico. Esta afección es una de las más peligrosas, ya que puede evolucionar hacia una cirrosis hepática o cáncer de hígado.
La investigación: aceite de oliva vs. girasol y pescado
Resultados clave del estudio
- Aceite vegetal (Girasol): Indujo fibrosis, alteraciones ultraestructurales, bloqueo en la expresión génica y un alto grado de oxidación.
- Aceite de pescado: además de aumentar la oxidación que viene con el envejecimiento, disminuyó la actividad del transporte de electrones en las mitocondrias y cambió la longitud de los telómeros, que es un aspecto importante en el envejecimiento de las células.
- Aceite de oliva virgen: Fue el que mejor preservó el hígado a lo largo de la vida.
“El aceite de oliva virgen es la opción más saludable, algo ya constatado en relación a diversos aspectos de la salud”, señala Quiles. El estudio demuestra los mecanismos por los cuales este aceite protege el organismo y advierte sobre el peligro de abusar de otras fuentes grasas.

Los expertos estudiaron cómo influye el consumo mayoritario de aceite de oliva virgen, girasol o pescado a lo largo de toda la vida sobre la salud hepática en roedores. Para determinar los niveles de daño, se evaluaron variables complejas:
- Anatomía patológica y análisis ultraestructural.
- Técnicas sofisticadas de bioenergética.
- Determinación de la longitud de los telómeros.
- Niveles de estrés oxidativo.
- Estudio del genoma hepático completo.
Según el catedrático de Fisiología de la UGR, José Luis Quiles Morales, el tipo de grasa que consumimos es determinante. En el proceso de envejecimiento de una persona, la grasa se va acumulando en el hígado, y la cantidad está estrechamente relacionada la alimentación, “y esto hace que, a pesar de ese acúmulo, unos hígados lleguen a la vejez más sanos que otros y con una mayor o menor predisposición a sufrir ciertas patologías”.
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