La Arena del Cibao no solo estuvo llena, sino encendida. Miles de perremeístas celebraron los 11 años del PRM y, en medio de la ovación, el presidente Luis Abinader habló no solo como mandatario, sino como líder político que marca territorio de cara al futuro.
El mensaje fue directo y sin rodeos: hay partidos —dijo— que huyen de su pasado porque ese pasado pesa demasiado. Una frase que no cayó al vacío y dejó claro que la batalla política en la República Dominicana ya no es solo electoral, sino también histórica.
Abinader fue más lejos. Aseguró que la oposición no tiene proyecto, sino nostalgia. Nostalgia de tiempos que muchos dominicanos recuerdan por el silencio, la impunidad, el abuso de poder y los privilegios para unos pocos. Remató con una advertencia que sonó a línea de campaña adelantada: el país aún tiene fresca esa memoria y no está dispuesto a repetirla.
El presidente también defendió la identidad del PRM, presentándolo como un proyecto de largo plazo, no una estructura de coyuntura ni un partido atado a caudillos. Un discurso que busca consolidar la narrativa de organización institucional frente a los liderazgos personalistas que han marcado etapas de la política nacional.
El acto dejó un mensaje claro: el PRM se siente fuerte, organizado y con la mira puesta más allá del presente. La oposición, queriéndolo o no, quedó colocada en el centro del debate.
Cuando la política entra en el terreno de la memoria, la pelea ya no es solo por votos, sino por el relato de la historia.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**

