¿Por qué acciones militares de Estados Unidos en México serían peligrosas? Un libro lo explica #FVDigital

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Después de casi nueve años de haber publicado el libro Los Zetas Inc.: Criminal Corporations, Energy, and Civil War in Mexico con la editorial de la Universidad de Texas (University of Texas Press) (en español Los Zetas Inc. Corporaciones criminales, energía y guerra civil en México), el panorama criminal en México, el contexto político y las relaciones internacionales han experimentado una notable transformación. Lo anterior determina nuevos modelos de negocios criminales, así como otras estructuras y formas de operación de la delincuencia organizada en el país que requieren de nuevos marcos conceptuales para explicarlos.

Esta transformación viene acompañada por cambios fundamentales en los mercados globales de energía, la geopolítica y la geoestrategia. Dichos cambios —amplificados después de la pandemia de COVID-19, los conflictos bélicos en Ucrania, Medio Oriente y otras latitudes del mundo, y ahora en la segunda administración de Donald Trump— han tenido implicaciones cruciales en términos de política exterior estadounidense, las relaciones México-Estados Unidos, el manejo de la frontera sur de Estados Unidos y la política energética. Por consiguiente, una revisión profunda del material presentado en Los Zetas Inc. se hace sumamente necesaria. Dicha revisión podría ser muy relevante en el contexto de un nuevo orden internacional; la disrupción (y rediseño) de las cadenas de suministro globales a raíz de la pandemia y conflictos armados regionales; la llamada “crisis del fentanilo” en Estados Unidos; una segunda administración trumpista que denomina a los llamados “cárteles de la droga” como “organizaciones terroristas internacionales” y al fentanilo como “arma de destrucción masiva”, así como la extensión de la securitización y la militarización tanto en México como en Estados Unidos.

Las hipótesis y conclusión de Los Zetas Inc. continúan vigentes para comprender esta nueva realidad, pero existe una evolución del crimen organizado en México que debe explicarse con todo detalle. Además, se van gestando cambios fundamentales en el contexto regional que deben considerarse. Por ello, surge este nuevo libro ampliamente revisado y actualizado, Cárteles Inc., el cual incluye una sección que explica la evolución del mundo criminal en México desde 2018 y plantea la utilización de marcos teóricos alternativos para comprender una nueva realidad criminal en el país.

La primera parte de este proyecto editorial y académico de largo plazo publicado en 2017 (y traducido al español en 2018) explica cómo la denominada “guerra contra las drogas” mexicana (declarada en el contexto de lo que fue la Iniciativa Mérida) parece ser más bien una guerra “por los recursos estratégicos de México” que beneficia primordialmente al gran capital transnacional y a las industrias extractivas en particular. Entre los principales ganadores en este proceso destacan el complejo militar fronterizo industrial, el sector financiero internacional y las compañías transnacionales de energía —antes concentradas en el sector de energías no renovables (gas y petróleo) y ahora también ubicadas en el sector de las energías renovables en sintonía con lo que algunos denominaron en el pasado reciente como un Nuevo Acuerdo Verde (Green New Deal)—. Muchas de estas compañías tienen sus centros de operación en Estados Unidos de América y algunos países europeos.

Mediante la conocida estrategia de descabezar cárteles de la droga (denominada en inglés kingpin strategy) —operada por su agencia antinarcóticos (la Administración para el Control de Drogas, la DEA) y centrada en los “Señores del Narco” fuera del territorio estadounidense— el vecino país del norte libra e impone a México una guerra que aparentemente nunca podrá ser ganada. La guerra contra las drogas que hereda México de Estados Unidos se mantiene vigente hasta ahora, aunque también evoluciona. Además, se intensifica durante la segunda administración de Trump, ante mayor presión, exigencias y amenazas de intervención militar directa contra México por parte del gobierno estadounidense en su lucha contra lo que hoy denomina, por decreto, “narcoterrorismo”.

Así, el obradorismo mantiene la guerra y, en cierto sentido, la extiende. Después de 2018 no hay una orden específica por parte de Presidencia de la República de confrontar directamente a los cárteles, pero —aun en la era de los llamados “abrazos, no balazos”— se consolida la presencia militar en el país y el papel de las Fuerzas Armadas mexicanas se amplía de tal manera que llegan a monopolizar las tareas de seguridad pública en México a nivel federal, al tiempo que extienden sus capacidades hacia múltiples áreas que antes se reservaban exclusivamente para el sector civil. Esta militarización efectiva de la seguridad pública y el avance de las Fuerzas Armadas en otras áreas estratégicas y de desarrollo económico de México durante los años posteriores a 2018 —en un entorno de paramilitarismo criminal cada vez más complejo— inducen un cambio fundamental en el panorama delincuencial del país.

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En realidad, el mundo criminal en México es extraordinariamente complejo y la delincuencia organizada opera en distintos espacios y dimensiones. La violencia de alto impacto en el país no es perpetrada exclusivamente por dos organizaciones operando en contubernio con sus respectivos aliados en las distintas regiones de México. El narcotráfico y en general la delincuencia organizada en México no operan ya a través de poderosas corporaciones criminales, sino a través de “redes” de actores y empresas que facilitan una serie de negocios lícitos e ilícitos. Sí, hablamos de redes criminales y no de cárteles per se. En este contexto renovado, se hacen necesarios nuevos marcos teóricos para explicar la violencia y las actividades criminales en el país.

El análisis de redes sociales y la teoría de sistemas constituyen dos herramientas conceptuales mucho más apropiadas para comprender la realidad criminal y la violencia en México. El modelo de “corporación criminal” que surge a partir de la formación de Los Zetas —y en el cual se centra el libro Los Zetas Inc.— se transforma en la última década y da lugar a una “nueva generación” de empresas y mercados ilícitos que, desde una perspectiva de administración de negocios, se podría entender como un modelo de franquicia criminal. Asimismo, vale la pena resaltar que los crímenes de alto impacto en el país no están necesariamente vinculados al mercado de las drogas, cuyo destino es Estados Unidos. Los orígenes de la violencia en México son múltiples y las dinámicas locales o regionales divergen entre sí. Por otro lado, existe un componente paramilitar criminal que debe analizarse e investigarse por separado y cuyo origen no es fácil de determinar. El presente trabajo delineará algunas hipótesis para explicar este fenómeno.

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En este nuevo texto se incorpora un relato detallado de la transformación o evolución reciente de la delincuencia organizada en México. La primera versión de este material describe a profundidad un nuevo modelo de negocios del crimen organizado en este país, centrado en el militarismo y la militarización de la seguridad pública, es decir, un modelo inspirado en Los Zetas. El presente volumen retoma este análisis y explica la evolución del modelo a partir del surgimiento del CJNG. Además, elucida las dinámicas de operación de su estructura empresarial, que parece operar más bien como una franquicia criminal.

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Este nuevo material explica la transición o, mejor dicho, la evolución del concepto de “corporaciones” hacia “redes” criminales, así como la formación de sistemas complejos adaptativos, lo cual dificulta la implementación de una estrategia efectiva que dé solución al problema de violencia e inseguridad
en México. Lo anterior, debido a que la existencia de estas estructuras criminales per se obliga a la expansión de la presencia militar, lo cual alimenta de forma sostenida a la violencia en México. El presente trabajo es particularmente relevante considerando los argumentos más recientes provenientes de Estados Unidos que justifican la utilización directa de las Fuerzas Armadas de ese país en territorio mexicano, supuestamente para desmantelar lo que muchos denominan de manera errónea “carteles” mexicanos y resolver así su crisis de fentanilo y la adicción a drogas diversas.

Entonces, la última parte del libro también explica por qué la potencial declaración de guerra desde Estados Unidos en contra de los llamados “cárteles mexicanos” —ahora denominados por el gobierno de ese país como “organizaciones terroristas internacionales”— no es solo una propuesta extremadamente peligrosa, sino que es una estrategia absolutamente ineficaz para reducir la violencia en México y la epidemia de adicciones en el país vecino. Por el contrario, una acción de este tipo contribuiría muy posiblemente a una intensificación continua y exponencial de estos problemas.

Cabe destacar que el apoyo a la actual política de drogas impuesta desde Estados Unidos, y las propuestas para destruir militarmente a los cárteles en territorio mexicano justificarían y continuarían una estrategia antinarcóticos fallida que no ha resuelto las problemáticas fundamentales ni sus causas de raíz, al tiempo que ha alimentado un conflicto armado de terribles consecuencias al sur de la frontera México-Estados Unidos.



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