Cuando una persona sufre de la enfermedad hepática esteatósica asociada a la disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés y antes conocida como hígado graso), la lógica puede indicar que la clave es disminuir el consumo de grasa; sin embargo, los expertos explican por qué los alimentos ultraprocesados perjudican gravemente la salud hepática.
Cuatro de cada 10 estadounidenses padecen de MASLD, según un estudio liderado por Luis Antonio Díaz, doctor en medicina de la Universidad de California en San Diego. La investigación incluyó datos de 5,532 personas que participaron en la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición, encontrando que la prevalencia estimada ajustada de hígado graso fue del 42.4%, según reportó Gastroenterology Advisor.

8 alimentos que contribuyen al hígado graso

Bajo este contexto, es fundamental conocer cuáles son los alimentos que afectan al órgano depurador del cuerpo. La doctora Camila Veller explica cuáles son los peores productos para consumirlo, por lo que la alimentación saludable es la herramienta clave para prevenir y revertir esta afección.
Dulces y caramelos industriales
El consumo de dulces y caramelos industrializados de manera aislada no representa ningún riesgo, pero cuando se consumen de forma regular, se convierten en uno de los grandes responsables del aumento de los casos de esteatosis hepática.
Veller explica que esto sucede porque están cargadísimos de azúcar refinada, jarabe de maíz y fructosa industrial, sustancias que el hígado necesita procesar muy rápidamente. Cuando estas cantidades de azúcar llegan en exceso, una parte se transforma en grasa y se acumula dentro de tu hígado, favoreciendo la inflamación crónica y, con el tiempo, pequeñas cicatrices.
“Cuanto más azúcar, grasa y sabor artificial tiene un producto, más difícil se vuelve parar. No porque la persona no tenga voluntad, sino porque muchos de estos alimentos están diseñados para activar el centro de recompensa cerebral y hacer que quieras abrir otro paquete”, agrega.
- Alternativas saludables: Chocolate amargo al 75% o 80% de cacao, preparaciones caseras con fruta entera, jugos verdes endulzados con fruta (con cáscara y sin filtrar) o postres caseros usando estevia o fruto del monje.
Snacks empaquetados
Las papas fritas, barritas y galletitas de arroz o maíz son snacks crujientes y deliciosos, pero están cargados de grasas trans, aceites de semillas vegetales refinados, exceso de sodio y una lista enorme de aditivos químicos que sobrecargan el organismo.
“A diferencia de las grasas naturales que el cuerpo puede manejar un poquito mejor, al hígado le cuesta procesar las grasas trans correctamente. El consumo frecuente lleva a una inflamación silenciosa y al acúmulo de grasa, aumentando mucho el riesgo de desarrollar falla hepática a largo plazo, avanzando hacia la fibrosis o cirrosis“.
Este tipo de alimentos procesados tienen grandes cantidades de sodio y realzadores del sabor como el glutamato monosódico, que pueden provocar retención de líquido, aumentar la presión arterial y sobrecargar el hígado, dejándolo vulnerable ante las toxinas, explica Veller.
Donas y pasteles industrializados
Las donas y productos de panadería industrial son la combinación perfecta de azúcar, grasas, harinas refinadas y otros ingredientes artificiales que, al consumirlos, favorecen la acumulación de grasa e inflamación, no solo en el hígado, sino también en las arterias.
La recomendación de la doctora sugiere preparar versiones caseras utilizando harinas integrales, avena, frutas, aceite de oliva virgen extra, aguacate o sésamo, y endulzantes naturales.
Carnes procesadas
Las salchichas, el jamón, la mortadela y los fiambres están entre los peores enemigos de la salud hepática porque combinan grasas saturadas, exceso de sodio y conservantes que obligan al hígado a trabajar el doble. Consumidos con frecuencia, favorecen las complicaciones del hígado graso.
Las carnes procesadas están clasificadas como cancerígenas por la Organización Mundial de la Salud, especialmente para el sistema digestivo. Contienen nitratos y nitritos, conservantes que se transforman en sustancias tóxicas en el cuerpo, favoreciendo la inflamación y aumentando el riesgo de tumores malignos, por más que no bebas una gota de alcohol.
- Alternativas saludables: Consumir proteínas magras como el pollo, pescado, huevos, legumbres o carnes magras con moderación.
Pizza industrial
Una pizza casera no representa mayores riesgos para la salud hepática si su consumo es ocasional y está hecha con buenos ingredientes. “El peligro real es la versión industrial (esa que viene lista y congelada) o la de cadenas de baja calidad que la convierten en una bomba inflamatoria de harina refinada, grasas malas y aditivos”, explica.
Las pizzas industrializadas están elaboradas con harina blanca que sube rápidamente la glucosa en sangre y obliga al páncreas a liberar más insulina, promoviendo el almacenamiento de grasa en el hígado.
Carnes rojas grasas sin procesar

Otro producto que se debe comer con mucha moderación son las carnes grasas, como la costilla de vaca o de cerdo, si se consumen con frecuencia en la semana. Además, se debe cuidar minuciosamente la forma de cocción.
“No es lo mismo una carne bien cocida que una carne frita, carbonizada o hecha a fuego extremadamente fuerte. Cuando la carne se quema, se forman sustancias llamadas aminas heterocíclicas e hidrocarburos aromáticos, que son sumamente tóxicos para el hígado”, agrega.
Helados industriales
Los helados industriales, para lograr esa textura tan cremosa y adictiva, combinan azúcar refinada, jarabe de maíz, grasas hidrogenadas y aditivos. Además, su alto contenido de fructosa agregada va directo al hígado, el cual la transforma en grasa con mucha facilidad.
- Alternativas saludables: Hacer versiones caseras procesando bananas o frutas congeladas con yogur natural, cacao amargo y frutos rojos. Si eliges un helado común, opta por una porción chica y ocasional.
Refrescos y bebidas azucaradas
El peor producto de todos son los refrescos o bebidas azucaradas. Veller considera que estas opciones parecen inofensivas, pero “son verdaderas bombas de azúcar líquida que destruyen la salud hepática de manera silenciosa”.
Recordemos que uno de cada tres adultos en el mundo tiene acumulación de grasa en el hígado, y las bebidas azucaradas son las principales culpables, agrega.
Una sola lata de refresco puede contener más de 10 cucharadas de azúcar. Además, las versiones diet o zero contienen edulcorantes artificiales que, aunque no elevan la glucosa de inmediato, alteran la microbiota intestinal y perjudican profundamente el metabolismo general.
Sigue leyendo:
.¿Desayuno completo o riesgo para el hígado? El impacto del desayuno americano en tu azúcar en sangre
.3 alimentos cotidianos que aceleran la resistencia a la insulina en silencio
.Cómo revertir el hígado graso: alimentos, mitos y estrategias con base científica


