El último hipódromo de la ciudad de Nueva York —donde caballos legendarios como Seabiscuit, Man O’ War y Secretariat pisaron el círculo de ganadores durante la época dorada de este deporte— se encuentra en su recta final.
Tras más de 130 años de historia, el otrora grandioso hipódromo de Aqueduct celebrará sus últimas carreras en vivo este fin de semana. La carrera final, titulada acertadamente “It Was a Good Run” (Fue una buena trayectoria), está programada para este domingo a las 17:44 horas.
El recinto, situado junto al Aeropuerto Internacional John F. Kennedy en Queens, permanecerá abierto para realizar apuestas en carreras televisadas —modalidad conocida como *simulcasting*— hasta el 7 de septiembre.
“Aquí hay mucha historia. Han pasado muchísimos caballos excelentes”, comentó David Donk, un veterano entrenador, durante una pausa entre las carreras vespertinas en Aqueduct a principios de este mes. “Cumplió su función. Pero, ya sabes, los tiempos cambian. Todo cambia en la vida”.
Las carreras de caballos: una industria en declive
El cierre de “Big A” (como se conoce popularmente al hipódromo) se produce en un contexto de creciente competencia por el dinero de las apuestas. Las salas de máquinas tragamonedas, los casinos, las loterías estatales y, más recientemente, la legalización de las apuestas deportivas y en línea han ido mermando el atractivo de lo que alguna vez se llamó el “deporte de los reyes”.
Actualmente existen unos 75 hipódromos de caballos purasangre en todo el país, frente a las más de 300 instalaciones que ofrecían carreras de caballos durante el apogeo de este deporte a finales del siglo XIX, según la National Thoroughbred Racing Association (Asociación Nacional de Carreras de Purasangre), un grupo gremial del sector.
Entre otros hipódromos importantes que han cerrado en los últimos años figuran Arlington Park, en Illinois —adquirido por los Chicago Bears de la NFL para la posible construcción de un nuevo estadio—, y Golden Gate Fields, en el área de la bahía de San Francisco.
“Durante más de un siglo, las carreras de caballos purasangre fueron una de las pocas disciplinas deportivas en las que se podía apostar legalmente”, señaló Tom Rooney, presidente de la asociación. “Con la expansión de las apuestas deportivas, nuestro deporte se concentrará naturalmente en un número más pragmático de hipódromos y sedes emblemáticas, al igual que ocurre con otras disciplinas deportivas”. De hecho, una gran parte del enorme recinto de Aqueduct —donde una multitud de 75.000 personas celebró una misa con el Papa Juan Pablo II en 1995— ha albergado durante años un casino Resorts World. La sala de juegos comenzó a ofrecer juegos de mesa en vivo, como blackjack, póquer y dados, a principios de este año, tras obtener una lucrativa licencia estatal para operar un complejo turístico al estilo de Las Vegas, y tiene planes para una espectacular expansión multimillonaria.
Unos 14 kilómetros (9 millas) al este, justo cruzando el límite de la ciudad hacia los suburbios de Long Island, el famoso hipódromo de Belmont Park —sede de la tercera etapa de la Triple Corona de hípica, el Belmont Stakes— tiene previsto reabrir en septiembre tras una renovación de unos 550 millones de dólares. La financiación estatal para dicho proyecto estaba condicionada a que la New York Racing Association, entidad que gestiona los hipódromos, devolviera al estado los más de 40 hectáreas (100 acres) de Aqueduct para su futura reurbanización y concentrara las carreras de caballos pura sangre en Belmont y en el hipódromo de Saratoga, en el norte del estado.
“No habríamos podido conseguir el dinero para reconstruir Belmont y seguir celebrando carreras en Aqueduct. Hay que tomar decisiones así”, afirmó Andy Serling, veterano comentarista de televisión y analista de apuestas del hipódromo. “No creo que encuentres a nadie aquí que no diga que echará de menos Aqueduct, pero también estamos increíblemente entusiasmados por la inauguración de este hermoso edificio nuevo en Belmont”.
Aqueduct tuvo unos comienzos humildes
Inaugurado originalmente en 1894, Aqueduct tomó su nombre de un antiguo acueducto que atravesaba la propiedad y transportaba agua dulce desde Long Island hasta la ciudad de Nueva York.
Fue una instalación relativamente modesta hasta una importante reinversión en 1959, que trajo consigo una parada de metro exclusiva, restaurantes y salas con aire acondicionado, así como una tribuna con capacidad para unas 35.000 personas, equipada con escaleras mecánicas, ascensores y otras comodidades. En aquel entonces, Associated Press calificó el hipódromo renovado como “el recinto hípico más moderno y lujoso del mundo”.
El legendario Secretariat, ganador de la Triple Corona, se impuso en la primera carrera de su histórica trayectoria en este hipódromo en 1972, y al año siguiente salió a la pista para despedirse definitivamente. La gran victoria de Seattle Slew en Aqueduct en 1977 sirvió como la preparación definitiva antes de arrasar en la Triple Corona ese mismo año. Y en 1994, Cigar inició en Aqueduct su histórica racha de 16 victorias consecutivas.
Un jinete de élite recuerda el hipódromo con cariño
Durante un descanso entre carreras una reciente tarde de viernes, el jinete John Velazquez, miembro del Salón de la Fama, recordó cómo comenzó su laureada trayectoria en Aqueduct.
El jinete puertorriqueño, de 54 años, comentó que le tomó semanas compitiendo contra algunos de los mejores jinetes de la época lograr la primera victoria de su carrera.
Desde entonces, Velazquez ha acumulado más de 6.700 triunfos y ostenta el récord de mayores ganancias en premios de cualquier jinete en Norteamérica.
“Aquí fue donde perfeccioné mi oficio, donde aprendí todo lo que sé”, dijo Velazquez tras ganar su primera carrera del día. “Los años que pasé aquí me convirtieron en el jinete que soy hoy”.
En el interior de la enorme tribuna, Roy Brown, un apostador veterano, recordaba cómo intentó incursionar en el negocio tras una gran victoria en el hipódromo.
Este jubilado de 68 años, oriundo de Queens, contó que ganó unos 60.000 dólares con una apuesta tipo “pick-six” a finales de la década de 1980; se trata de una apuesta compleja en la que hay que acertar el caballo ganador en seis carreras consecutivas.
El hombre, nacido en Jamaica y sin experiencia en el sector más allá de las apuestas, utilizó parte de sus ganancias para comprar dos caballos.
Sin embargo, tanto él como los purasangres tuvieron carreras breves en el mundo de las competencias.
“Lo mejor es apostar por ellos, no ser su dueño”, dijo Brown entre risas. “Si realmente te apasiona, son los mejores dos minutos que existen. No hay nada más gratificante que ver a tu caballo avanzar por la recta final —o remontar desde atrás— y, al cruzar la meta, saber que has ganado”.
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