Las difíciles preguntas que Mercedes tiene que responder #F1 #FVDigital

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La salida del coche de seguridad que acabó decantando definitivamente el Gran Premio de Barcelona-Catalunya a favor de Lewis Hamilton evitó que Mercedes tuviera que tomar una dolorosa decisión sobre las órdenes de equipo.


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Pero solo fue una cuestión de retrasar lo inevitable.

Los otros equipos, especialmente Ferrari, están erosionando la posición de dominio que Mercedes había disfrutado hasta ahora, por lo que ya no puede permitirse que sus pilotos se resten oportunidades de sumar puntos ni que comprometan su camino hacia el campeonato de constructores. En público, George Russell y Andrea Kimi Antonelli reconocen esa realidad. La cuestión es si ese entendimiento, fruto de las conversaciones mantenidas con Toto Wolff tras Barcelona, resistirá cuando llegue el momento de luchar rueda a rueda.

“Está claro que la prioridad es la victoria para el equipo”, dijo Russell antes del Gran Premio de Austria de este fin de semana.

“No importa qué piloto sea. Lo viste en Canadá: Kimi y yo luchamos muy duro, pero nos estábamos escapando del resto, así que la victoria del equipo no estaba en peligro.

“Pero luego miras Barcelona y, de repente, tienes a otro piloto en la pelea. Y sí, Lewis tuvo el coche de seguridad, eso le ayudó mucho.

“Sin el coche de seguridad, Kimi y yo estábamos perdiendo tiempo luchando entre nosotros y eso habría dado la oportunidad a Ferrari de ganar. Ahí es cuando tenemos que ser inteligentes como compañeros de equipo y está muy claro que el equipo quiere ganar la carrera.

“No importa si soy yo o Kimi”.

Es fácil decirlo desde la comodidad de una sala de prensa con aire acondicionado mientras el termómetro supera los 30 ºC en el exterior. La historia demuestra que ese espíritu de equipo suele ser mucho más frágil cuando hay una victoria o un puesto de podio en juego.

La batalla entre los dos Mercedes llegó a ser física en Canadá, y el equipo solo evitó ordenarles mantener posiciones porque seguían escapándose del resto del pelotón.

La batalla entre los dos Mercedes llegó a ser física en Canadá, y el equipo solo evitó ordenarles mantener posiciones porque seguían escapándose del resto del pelotón.

Foto de: Getty Images

La posibilidad de intervenir entre sus pilotos apareció por primera vez en Canadá, donde Antonelli y Russell —entonces primero y segundo del campeonato— pelearon por el liderato tanto en la sprint como en el Gran Premio. En varios momentos, el espíritu de equipo se puso seriamente a prueba, como reflejaron los tensos mensajes por radio después de que ambos llegaran incluso a tocarse en pista.

Antonelli también estuvo cerca de golpear la parte trasera del coche de Russell en la última chicane cuando trataba de responder al adelantamiento que había sufrido en la recta anterior. La batalla terminó el domingo con el abandono de Russell por un problema de batería cuya causa sigue sin conocerse (esa unidad de potencia continúa en un barco en mitad del Atlántico Norte, ya que ese tipo de componentes no pueden transportarse en aviones).

Después de la carrera, Mercedes admitió que estuvo muy cerca de ordenar a sus pilotos que mantuvieran posiciones, aunque finalmente desistió porque seguían alejándose de sus rivales. Aun así, Wolff fue muy claro sobre lo que podría ocurrir en el futuro.

“Si llegara una situación en la que creyéramos que el equipo corre el riesgo de perder puntos”, explicó, “o si estuviéramos perdiendo demasiado tiempo respecto a nuestros rivales, no dudaríamos ni un milímetro en echar el freno de mano”.

Al intentar devolverle el adelantamiento a Russell en Montreal, Antonelli estuvo a punto de golpear tanto a su compañero como al muro.

Al intentar devolverle el adelantamiento a Russell en Montreal, Antonelli estuvo a punto de golpear tanto a su compañero como al muro.

Foto de: Getty Images

En Barcelona, las circunstancias volvieron a evitar que Mercedes tuviera que intervenir. Para entonces, Russell ya había caído por detrás de Hamilton en el campeonato, por lo que había mucho más en juego cuando intentó mantenerse por delante de Antonelli tanto antes de la última parada en boxes, cuando marchaban primero y segundo, como después del coche de seguridad, cuando eran segundo y tercero tras Hamilton.

La perspectiva de Mercedes sobre aquella carrera de Barcelona merece analizarse dejando de lado el prisma del aficionado.

“Intentamos competir limpiamente dentro del equipo, sin imponer órdenes de equipo”, explicó Wolff después de la carrera. “Pero quizá eso nos costó la victoria.

“Y es algo que debemos discutir con los pilotos. ¿Cómo actuamos cuando estamos peleando con otro equipo por una victoria?

“George y Kimi lucharon muy duro antes de la parada de George. Y creo que perdimos unos cuatro, cinco o seis segundos respecto a Lewis.

“Estamos dejando tiempo sobre la pista. Tenemos que hablarlo con ellos pensando en el futuro”.

Russell tiene razón al afirmar que, incluso sin el coche de seguridad, Hamilton tenía opciones reales de ganar. Entre las vueltas 30 y 35, cuando Antonelli alcanzó a Russell y entró en el margen para utilizar el modo adelantamiento, Hamilton pasó de estar a 18 segundos del líder a solo 7,6.

En Barcelona, la batalla interna hizo perder tiempo a Mercedes respecto a rivales mucho más cercanos, incluido el eventual ganador de la carrera, Lewis Hamilton.

En Barcelona, la batalla interna hizo perder tiempo a Mercedes respecto a rivales mucho más cercanos, incluido el eventual ganador de la carrera, Lewis Hamilton.

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Foto de: Getty Images

Después de las paradas de Mercedes, Hamilton disponía de una ventaja de 16,8 segundos sobre Russell, aunque el piloto británico empezó a reducir esa diferencia antes de que apareciera el coche de seguridad. En condiciones normales de carrera, la siguiente parada de Hamilton le habría hecho reincorporarse cuarto, por detrás de Lando Norris. Sin embargo, la neutralización le permitió detenerse sin perder el liderato, que ya no volvería a ceder.


Sin el coche de seguridad, Hamilton habría tenido que trabajar más para lograr la victoria, pero el Ferrari era más rápido con los neumáticos medios que los Mercedes con los duros. Además, la degradación era menor gracias al mayor engomado de la pista y a que los coches llevaban menos combustible.

Lo más probable es que Hamilton hubiera superado a Norris con relativa facilidad, si no por el exterior de la curva 3 como ya había hecho con Oscar Piastri, antes de alcanzar a los dos Mercedes. Dado que Russell sufría una degradación muy acusada del neumático trasero —como consecuencia de un ajuste incorrecto del alerón delantero en su última parada—, es muy probable que hubiera recibido la clásica llamada de “George, soy Toto”.

“Obviamente, en carrera las emociones están muy arriba y en ese momento solo piensas en hacerlo lo mejor posible e intentar ganar“, explicó Antonelli.

Una intervención así no buscaría favorecer a un piloto sobre el otro —aunque seguramente así sería interpretada en el tóxico debate de las redes sociales—, sino asegurar el máximo botín de puntos para el equipo y que al menos un Mercedes ganara la carrera en lugar de que ninguno lo hiciera. Finalmente, el abandono de Antonelli por un fallo de batería evitó que Mercedes tuviera que intervenir cuando el riesgo ya era perder el segundo y el tercer puesto entre fibra de carbono y grava.

Se entiende que ese ha sido precisamente el tono de las conversaciones privadas entre Wolff y sus pilotos. Las órdenes de equipo siempre son un asunto delicado, especialmente cuando un rival sigue una estrategia distinta, algo que complica aún más la percepción de este tipo de decisiones.

En Mónaco, donde Antonelli ganó, Toto Wolff subió al podio de forma poco habitual; lo hizo porque el patrocinador del equipo que debía hacerlo ya se había marchado, aunque su presencia alimentó las sospechas de favoritismo en las redes sociales.

En Mónaco, donde Antonelli ganó, Toto Wolff subió al podio de forma poco habitual; lo hizo porque el patrocinador del equipo que debía hacerlo ya se había marchado, aunque su presencia alimentó las sospechas de favoritismo en las redes sociales.

Foto de: Getty Images

Antes del Gran Premio de Austria, Motorsport.com preguntó a Antonelli hasta qué punto le resultaría difícil controlar sus emociones si recibiera una orden de equipo.

“Seguro que no será fácil”, respondió.

“Porque, obviamente, durante la carrera las emociones están muy arriba y en ese momento solo piensas en hacerlo lo mejor posible e intentar ganar.

“Por supuesto, a partir de ahora será importante competir con todavía más inteligencia porque ya no se trata solo de George y de mí: los demás están llegando. Creo que este fin de semana los cuatro equipos punteros estarán muy igualados porque Ferrari trae un motor nuevo, un poco más potente.

Red Bull trae una gran, gran actualización, que debería darles mucho rendimiento, y McLaren lleva ahí desde Miami. Así que creo que mi manera de competir quizá será un poco diferente.

“También depende mucho del escenario. Si hay otros pilotos muy cerca, otros rivales pegados a nosotros, probablemente competiré de una forma distinta que si solo estuviéramos George y yo luchando.

“Todo dependerá del ritmo que tengamos, de lo rápidos que seamos y de dónde estemos en la parrilla”.

En otras palabras, parafraseando al fallecido Patrick Swayze en la mítica película Road House, Antonelli jugará limpio… hasta que llegue el momento de dejar de hacerlo.

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