
Keir Starmer ha anunciado este lunes su dimisión como líder del Partido Laborista y primer ministro británico tras reconocer visiblemente emocionado que había perdido la confianza de su grupo parlamentario para seguir gobernando. Su comparecencia llega tras un fin de semana en el que ha estado reflexionando sobre su futuro político asediado por la presión después de que una mayoría de diputados laboristas expresaran su apoyo como sucesor a Andy Burnham, exalcalde de Mánchester.
En una comparecencia frente al número 10 de Downing Street, en la capital británica, un Starmer con la voz entrecortada ha planteado que “la pregunta que se hace ahora mi partido es si soy la persona más indicada” para liderarles hasta las próximas elecciones generales, que están previstas para 2029.
Tras escuchar la respuesta de su grupo parlamentario, ha proseguido, ha aceptado “de buen grado” tomar la decisión de “priorizar el país que amo”. “Por eso, renunciaré como líder del Partido Laborista. Esta mañana he hablado con Su Majestad el Rey [Carlos III] para informarle de mi decisión“, ha dicho Starmer visiblemente emocionado ante las cámaras de televisión y rodeado de sus ministros y el personal de Downing Street.
Starmer, que llegó al poder el 4 de julio de 2024 con mayoría absoluta en las elecciones generales tras 14 años de gobiernos conservadores, ha señalado que solicitará al comité ejecutivo nacional del Partido Laborista que establezca un calendario para que el plazo de presentación de candidaturas para liderar a los laboristas se abra el próximo 9 de julio y finalice antes del receso parlamentario de verano, que comenzará en la Cámara de los Comunes el 16 de julio.
“En caso de una contienda electoral, esto garantizará que haya un nuevo líder antes de que el parlamento reanude sus sesiones en septiembre” ha continuado. Como es habitual en estos casos para evitar un vacío de poder, Starmer permanecerá en el cargo hasta la elección del nuevo líder, y este lunes ha garantizado que dará “todo su apoyo” a su sucesor. “Permaneceré en el cargo de primer ministro hasta que finalicen las elecciones y haré todo lo posible para garantizar una transición ordenada del poder“, ha asegurado.
La Cámara de los Comunes reanudará sus sesiones tras el descanso veraniego el 1 de septiembre. Para entonces, el nuevo primer ministro británico será previsiblemente Burnham, siempre y cuando este no tenga finalmente oposición por parte de otros candidatos a liderar el Partido Laborista. Si finalmente hubiera primarias internas, el nuevo Primer Ministro asumirá el cargo a finales de agosto, según recoge la prensa británica.
De esta forma, el Reino Unido tendrá este año a su séptimo primer ministro en una década. Desde principios de 2016, han ocupado el 10 de Downing Street, sucesivamente, los conservadores David Cameron, Theresa May, Boris Johnson, Lizz Truss y Rishi Sunak; y el laborista Keir Starmer, mientras que se espera la designación del séptimo.
Fin de semana de reflexión
Starmer, que este fin de semana ha permanecido con su familia en su residencia de campo de Chequers (a las afueras de Londres), se ha visto forzado a dejar el poder después de que Burnham entrase en el Parlamento como diputado tras ganar el jueves la elección parcial de Makerfield (en el noroeste de Inglaterra), paso necesario para un eventual desafío al liderazgo del primer ministro.
Burnham, una figura carismática en el seno del laborismo, ha dicho que se presentará como candidato para sustituir a Starmer, para lo que necesitará el apoyo de un mínimo de 81 diputados laboristas —el 20% del grupo parlamentario—, pero se estima que ya cuenta con al menos 200. Con el anucio de este lunes, Starmer le allana el camino al hasta ahora alcalde de Mánchester para coger las riendas del liderazgo laborista. Lo que está por verse es si Burnham, que disfruta de un amplio apoyo entre los diputados laboristas, sería el único aspirante a sustituir a Starmer, o si habrá otros aspirantes. Wes Streeting, quien renunció como ministro de Salud el mes pasado, declaró la semana pasada que se presentaría a cualquier contienda interna y que contaba con el respaldo de 81 diputados para hacerlo.
Varios medios británicos como The Observer, The Guardian o The Telegraph señalaron ya este domingo el jefe de Gobierno de Reino Unido habría tomado la decisión de dimitir después de que una mayoría de diputados laboristas expresaran su apoyo como sucesor a Burnham.
También el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio este domingo por seguro que Keir Starmer iba a dimitir y, aunque le deseó buena suerte, consideró que el jefe del Gobierno británico ha fracasado en cuestiones como la migración y la política energética.
Finalmente, este lunes Starmer ha comunicado su dimisión después de recibir presiones de sus ministros y diputados a raíz del revés electoral sufrido por los laboristas en las elecciones locales inglesas y regionales en Escocia y Gales el pasado 7 de mayo.
En su declaración junto a su esposa, Victoria, el líder laborista ha dicho que hace dos años el laborismo volvió al poder después de 14 años en la oposición, con lo que ha iniciado “un nuevo capítulo en la historia de nuestro país tras años de decepción y desesperación, la oportunidad de mejorar la vida de millones de personas”. “Me dijeron una y otra vez que mi partido estaba acabado, que estábamos condenados a la historia, que una mayoría en las elecciones generales, y mucho menos una aplastante, era imposible. Pero les demostramos que estaban equivocados, porque transformamos nuestro partido, erradicando el veneno del antisemitismo, restaurando la confianza en la economía, la defensa y la seguridad nacional, y convirtiéndonos de nuevo en un partido”, ha defendido.
Dos años en el cargo
Al frente de un Gobierno laborista que, en algo menos de dos años, Starmer ha pasado de obtener la mayoría absoluta bajo la promesa de traer un cambio al país, a convertirse en tremendamente impopular entre los británicos.
Abogado de profesión, con un perfil serio y poco carismático —lejos de las excentricidades de Boris Johnson—, Starmer contaba a sus espaldas, no obstante, con una larga y exitosa trayectoria política y de gestión pública como principal baza.
Pero el mandato laborista de Starmer se ha caracterizado por su tibieza a la hora de posicionarse en temas controvertidos como el conflicto palestino-israelí, así como por algunas decisiones fiscales y políticas muy criticadas, como el recorte de ayudas a pensionistas, el intento de limitar los subsidios para las familias con tres hijos o el nombramiento del exministro Peter Mandelson, con estrechos vínculos con el pederasta convicto estadounidense Jeffrey Epstein, como embajador en Washington.
Por otro lado, también abogó por restablecer las relaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea (UE), dañadas tras el Brexit, en materia comercial, seguridad y de defensa —sin atreverse a abogar por una vuelta del país a la UE—, y dio el paso al frente a la hora de encabezar iniciativas internacionales como la denominada Coalición de Voluntarios, junto a Francia, para crear una posible fuerza de paz multinacional en Ucrania.


