
Podría ser el resumen de un noir en formato de serie de televisión, pero es historia. Un político llega a lo más alto y logra ser primer ministro de su país. Cuando deja el cargo acaba perseguido por la justicia, acusado de corrupción. Huye y se esconde en Túnez, donde acaba muriendo. Pasó no hace tanto en Italia. El protagonista se llamaba Bettino Craxi.
Hay que situarse en los años 80 del pasado siglo. Craxi tuvo una gran influencia en la política italiana de esa época. Consiguió dirigir el tercer gobierno más longevo de Italia durante la era republicana. Y lo hizo al frente del PSI, el Partido Socialista Italiano, una formación que, aun habiendo estado en algún gobierno, nunca había sido realmente poderosa.
Craxi fue primer ministro de Italia entre 1983 y 1987, en la primera etapa del pentapartito. Su ascenso al poder marcó un punto de inflexión. Introdujo importantes reformas que impactaron profundamente en la sociedad italiana y sus políticas económicas dieron buenos resultados. Italia disfrutó de un periodo de prosperidad, convirtiéndose en el quinto país industrializado más avanzado del mundo.
Mejoró los salarios, ajustándolos automáticamente en función del aumento de precios para contrarrestar la disminución del poder adquisitivo de los italianos. Con Craxi, entre 1983 y 1987, la inflación descendió del 12,3% al 5,2%. En cambio, para mal, la deuda pública se duplicó y la relación deuda/PIB pasó del 70% al 90%.
En 1986, Craxi lideró un segundo gobierno, pero éste de muy corta duración. En abril de 1987, la Democracia Cristiana decidió dejar de apoyar al Ejecutivo, lo que provocó la caída inmediata del gabinete. El nuevo ya vino dirigido por el democristiano Amintore Fanfani.
Fuera del gobierno, Craxi se centró en mantener su posición dentro del PSI. En ese camino, llegó a forjar alianzas estratégicas con adversarios como Giulio Andreotti y Arnaldo Forlani, ambos de la Democracia Cristiana. Aquello condujo a la formación del llamado “Pacto CAF” alrededor de 1989, un acuerdo político que marcó la época.
Craxi fue un declarado anticomunista y quiso afianzar a su partido como referencia del centroizquierda, pero los italianos no compartieron sus planes. De ser un partido reformista y progresista, el PSI pasó a ser visto como parte integral del sistema de poder, como ha explicado Luigi Musella, director del Instituto Campania para la Historia de la Resistencia y profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Nápoles “Federico II”, y autor de una biografía sobre Craxi.
Era el momento de ‘Manos Limpias’, la investigación judicial que reveló un sistema corrupto en la política y los negocios italianos. Conocido también como Tangentopoli (del vocablo tangente que significa soborno en italiano y el sufijo poli equivalente a ciudad), llevó en Italia a un rechazo colectivo de la política y los políticos.
Y Craxi estaba en el ajo: fue acusado de estar en el centro de la red de sobornos, recibiendo grandes sumas no solo para su partido, sino también para uso personal y familiar. Al contrario que otros partidos también señalados, el socialista “destacó por su franqueza, abordando las acusaciones en el Parlamento con un discurso que pasó a la historia por su sinceridad y autocrítica”, relata el periodista Daniele Sforza en TAG24.
Entre 1992 y 1993, la mayoría de los miembros del PSI abandonaron la política y tres diputados socialistas se suicidaron. En febrero de 1993, Craxi dimitió como secretario.En las elecciones provinciales y municipales de diciembre de 1993, el PSI apenas logró el 3% de los votos. Y en las generales de 1994, sólo el 2,2%. Tras años de agonía, el Partido Socialista Italiano se disolvió el 13 de noviembre de 1994.
El ex primer ministro fue condenado en varias ocasiones por delitos como corrupción, quiebra fraudulenta y financiación ilícita. Si bien en 1993 las pruebas en su contra eran ya sólidas, no fue hasta el final de su mandato, y la autorización para proceder en su contra, cuando surgió la posibilidad de su detención.
La huida a Túnez
Entonces, en 1994, Craxi huyó. Cruzo el Mediterráneo, escapando a las leyes que en su día había contribuido a aprobar, y se refugió en Hammamet (Túnez). Allí vivió, protegido por su amigo, el presidente Ben Ali. Envuelto en una amarga libertad, el político vivió en una casa modesta en una especie de exilio con privilegios.
Mientras, en Italia, Craxi fue condenado a 27 años de cárcel por sus delitos de corrupción; de ellos, 9 años y 8 meses fueron confirmados en apelación. Pero el político siempre se declaró inocente. Murió el 19 de enero de 2000, a los 65 años.
El entonces primer ministro y líder de Demócratas de Izquierda, Massimo D’Alema, propuso un funeral de Estado. La familia de Craxi lo rechazó y acusó al Gobierno de impedir su regreso a Italia para someterse a una intervención quirúrgica que podría haberle salvado la vida.
El funeral acabó celebrándose en la Catedral de San Vicente de Paúl de Túnez. Sus partidarios salieron a la puerta y atacaron con monedas e insultos a Lamberto Dini y Marco Minniti, representantes del Gobierno italiano. Allí, en un pequeño cementerio cristiano de Hammamet, sigue la tumba de Craxi.


