Israel trata de acostumbrarse a la nueva situación surgida tras el acuerdo entre Irán y Estados Unidos y a las reprimendas públicas de Donald Trump a Benjamin Netanyahu. El memorando de entendimiento, que iraníes y estadounidenses firmarán el viernes en Suiza, ha logrado algo muy … complicado en el Estado judío: la condena de todos los grupos políticos desde el laborismo al ultranacionalismo sionista, todos consideran que es un acuerdo que pone en peligro la seguridad nacional. Esta situación también ha intensificado las críticas contra un Netanyahu que el lunes compareció ante los medios para describir, con la boca pequeña, la operación contra Irán de «éxito», a pesar de haberse visto obligado por Trump a detener la guerra y aceptar las exigencias respecto al Líbano. Y lo peor para los israelíes puede estar por venir porque Hizbolá aseguró tener la promesa de Teherán de que no firmará un acuerdo nuclear definitivo mientras Israel no se retire del Líbano.
El alto el fuego no ha supuesto un cese completo de las hostilidades en el frente libanés y, en las últimas 24 horas, al menos cuatro personas murieron en dos ataques con drones. En la zona de Nabatieh, según fuentes de seguridad, el Ejército israelí está intentando ocupar más territorio y la artillería castigó un día más las colinas de Ali al Taher. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaró a los medios que «el logro más importante de la primera fase es el anuncio del fin inmediato y permanente de la guerra en todos los frentes, que entró en vigor el lunes por la mañana, aunque su aplicación formal comenzará el viernes». El jefe de la diplomacia insistió en que «Irán consideró una obligación poner fin a la guerra en el Líbano. Del mismo modo que el alto el fuego incluía al Líbano, la declaración del fin de la guerra también incluye el frente libanés».
Mohamed Ghalibaf, jefe negociador de la república islámica que el viernes estará en Suiza, mantuvo una conversación con el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, y le aseguró que «la población del sur del Líbano debe regresar a sus hogares» e Israel debe retirarse de las «zonas ocupadas». Esto va en contra de los planes anunciados por el ministro de Defensa, Israel Katz, que aseguró que mantendrán sus posiciones en el interior del país, como también mantendrán las ocupaciones en Gaza y Siria.
Las voces de los libaneses críticos con Hizbolá quedaron eclipsadas por los mensajes llegados desde Teherán, pero analistas como Anthony Samrani, del diario ‘L’Orient’, no dudaron en denunciar que «para el Líbano, el acuerdo que se está gestando parece una doble condena. Corremos el riesgo de sufrir tanto la ocupación israelí como la venganza de Hizbolá. Ambos se atrincherarán aún más en sus posiciones frente al Estado: el primero imponiendo condiciones imposibles y el segundo amenazando con derribar al gobierno».
«Para el Líbano, el acuerdo que se está gestando parece una doble condena.
Corremos el riesgo de sufrir tanto la ocupación israelí como la venganza de Hizbolá»
Anthony Samrani
Analista del diario «L’Orient’
Nuevo escenario en Israel
Trump dedicó parte de sus intervenciones en el G7 a criticar a Netanyahu, pero el primer ministro guardó silencio y no respondió. El líder del Likud sabe que Trump no es Barack Obama y hasta el momento no ha osado desafiarle en público, todo lo contrario. También sabe que Trump habla mucho, pero que sus hechos, tanto en el primer mandato como en este segundo, se traducen en un apoyo total a Israel en temas como el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, el blindaje diplomático ante las acusaciones de genocidio por la guerra en Gaza o el final de las ayudas a UNRWA. La aparente ruptura puede quedarse en un rifirrafe mediático entre dos figuras con enormes egos y a las puertas de elecciones.
Ahora Netanyahu e Israel se enfrentan a un nuevo escenario provocado por el fracaso de la guerra a la que el primer ministro empujó a Trump y en la que no han logrado lo deseado El primer ministro fijó como objetivos: eliminar el programa nuclear y el de misiles y llevar al régimen, si no al colapso, al borde del colapso. Israel y Estados Unidos no han logrado ninguno de esos objetivos. Netanyahu no eleva la voz, pero sus medios afines como el ‘Canal 14’ criticaron con dureza a Jared Kushner y Steve Witkoff, dos de los principales enviados de Trump para Oriente Próximo, acusándolos de ser los impulsores del acuerdo. La presentadora Tal Meir les envió un mensaje para decirles que «nos dais la espalda así, en el momento de la verdad. Simplemente sois unos perdedores». Otros comentaristas de la cadena les acusaron de actuar bajo presión catarí y de «vender a sus hermanos en Israel».
El analista político Ben Dror Yemini dedicó su artículo en ‘Yediot Ahronoth’ a este nuevo escenario y escribió que «Trump no es Churchill. No quería sangre, sudor y lágrimas para derrotar al eje del mal. Quería precios más bajos para el combustible. Al diablo los intereses estadounidenses a largo plazo. Al diablo todas sus declaraciones y promesas. Al diablo Israel (…) Nunca, absolutamente nunca, la potencia más fuerte del mundo había mostrado una debilidad tan aterradora frente a un país que supuestamente había sido derrotado de forma tan contundente».
El malestar en Israel creció un poco más al informar el canal ‘I24 News’ que las autoridades del país «solicitaron formalmente acceso al Memorando de Entendimiento (MoU) con Irán y su petición fue rechazada. Se trata de un hecho extraordinario y muy poco habitual entre aliados tan estrechos en una cuestión de seguridad nacional de tanta importancia».


