Hace apenas tres meses, Andreína Santana mostraba las devastadoras secuelas que la cocaína había dejado en su cuerpo. Durante años, la droga no solo afectó su vida y sus relaciones familiares, sino que literalmente destruyó parte de su rostro.
El consumo prolongado provocó la pérdida de gran parte de su paladar y del tabique nasal, dejándola con una abertura entre la boca y la nariz que le impedía hablar con normalidad, alimentarse adecuadamente y desenvolverse con confianza en la vida cotidiana.
Hoy, después de completar un proceso de rehabilitación y mantenerse alejada de las drogas, Andreína enfrenta una nueva batalla: una compleja cirugía reconstructiva que busca devolverle la funcionalidad perdida y abrirle la puerta a una nueva etapa.
“Me siento bien porque me van a operar, porque me voy a poder reintegrar a la sociedad, poder trabajar, poder hablar bien, comer bien”, expresó antes de entrar al quirófano.
Una segunda oportunidad
Andreína fue una de las pacientes evaluadas por especialistas del Departamento de Cirugía Maxilofacial del Hospital Traumatológico Dr. Darío Contreras, luego de que su caso saliera a la luz junto al de Juan Carlos de la Rosa, otro joven afectado por lesiones similares derivadas del consumo de cocaína.
Inicialmente, ambos recibieron un obturador personalizado diseñado para cubrir la abertura provocada por la pérdida del paladar, lo que les permitió mejorar notablemente su alimentación y comunicación.
Sin embargo, en el caso de Andreína, los médicos determinaron que estaba lista para dar el siguiente paso: la reconstrucción quirúrgica.
El jefe de residentes de cirugía maxilofacial, Emmanuel Díaz, explicó que la intervención consistió en cerrar la comunicación anormal existente entre el paladar y la cavidad nasal mediante la reconstrucción de los tejidos afectados.
Aunque la cirugía se realiza en una sola intervención, el proceso de recuperación requiere varias semanas de cicatrización antes de que la paciente pueda retomar completamente sus actividades habituales.
La importancia de la rehabilitación
Los especialistas destacan que este tipo de procedimientos solo pueden realizarse cuando el paciente ha abandonado el consumo y ha completado un proceso de rehabilitación.
El doctor Héctor Zorrilla, coordinador de residencias en cirugía maxilofacial e implantología del hospital Darío Contreras, señaló que cada vez más personas llegan al centro con lesiones severas provocadas por el uso prolongado de cocaína.
Explicó que, aunque el hospital cuenta con la capacidad para tratar estos casos, la condición indispensable es que los pacientes estén rehabilitados y comprometidos con su recuperación.
Mientras Andreína logró avanzar hasta la cirugía, Juan Carlos continúa su proceso de rehabilitación y seguimiento médico, por lo que deberá esperar algunos meses más antes de someterse a una intervención similar.
Una operación exitosa
Al día siguiente del procedimiento, los médicos confirmaron que la cirugía fue exitosa.
Incluso antes de completar la recuperación, el cambio era evidente. La voz de Andreína mostraba una mejoría inmediata gracias al cierre de la comunicación entre la boca y la nariz, una función que hasta ese momento dependía de una prótesis temporal.
“Todo salió bien”, dijo la joven tras despertar de la intervención.
Mirando hacia adelante
Para Andreína, la operación representa mucho más que una reconstrucción física.
Su meta ahora es continuar el tratamiento de rehabilitación, regresar a los estudios, incorporarse al trabajo y reconstruir la vida que la adicción puso en pausa durante años.
“Voy a seguir en mi tratamiento, luego salir a trabajar, a estudiar y terminar mi escuela. A mi familia le doy las gracias porque nunca me abandonó”, expresó.
Su historia es también un recordatorio de que detrás de cada adicción existen consecuencias devastadoras, pero también la posibilidad de recuperación cuando se recibe ayuda y se decide comenzar de nuevo.
La cirugía no borra el pasado, pero para Andreína representa algo que durante mucho tiempo parecía imposible: la oportunidad de volver a sonreír, hablar y vivir sin que las heridas de la adicción definan quién es.


