
Barcelona.- Cada paso adelante de Honda con la unidad de potencia de Aston Martin parece venir acompañado de un nuevo obstáculo. Así está siendo el arranque de la nueva era de motores de Fórmula 1 para el fabricante japonés, que sigue avanzando en el desarrollo de su unidad de potencia de 2026, pero que todavía continúa descubriendo puntos débiles carrera tras carrera.
El último apareció en Mónaco.
Después de semanas trabajando para mejorar problemas de vibraciones, comportamiento y estabilidad de combustión, Honda llegó al Principado convencida de haber dado otro pequeño paso adelante. Sin embargo, el trazado urbano más exigente del calendario acabó destapando una nueva área de mejora que ahora forma parte de la lista de tareas pendientes.
Así lo explicó este jueves en Barcelona Shintaro Orihara, responsable del proyecto de Fórmula 1 de Honda. “Hemos visto algunas mejoras en la manejabilidad”, aseguró el ingeniero japonés. “Pero Lance se quejó de una sensación de empuje brusco. Mejoramos la estabilidad de la combustión, pero encontramos otro punto complicado que debemos mejorar”.
El problema detectado no afecta directamente a la potencia máxima del motor, sino a la forma en la que ésta llega a las ruedas. Un aspecto especialmente sensible en un circuito como Mónaco, lleno de curvas lentas, aceleraciones constantes y cambios continuos de carga.
El delicado equilibrio entre el V6 y el MGU-K
Según detalló Orihara, la clave está en la interacción entre el motor de combustión y el sistema híbrido. “La entrega de par es una combinación entre el par generado por el MGU-K y el del motor de combustión”, explicó. “Si perdemos la armonía entre ambos, aparecen problemas en la entrega de potencia”.
En otras palabras, Honda ha detectado que en determinadas circunstancias el reparto de par entre ambos sistemas no trabaja de forma totalmente sincronizada, provocando reacciones inesperadas para los pilotos.
Fue precisamente esa sensación la que Lance Stroll describió durante el fin de semana de Mónaco como un repentino “kick”, una especie de empujón o tirón que alteraba el comportamiento del coche.
Para Honda, el descubrimiento supone otro recordatorio de la complejidad de las nuevas unidades de potencia. Aunque la marca ha conseguido resolver algunos de los problemas que arrastraba al inicio de temporada, cada avance parece abrir la puerta a nuevos desafíos.
“Mejoramos la combustión, pero encontramos algo más que debemos mejorar”, resumió Orihara.
La buena noticia para Honda es que el problema ya está identificado. La mala, que el trabajo continúa acumulándose. Seis carreras después del inicio de la temporada, el fabricante japonés sigue aprendiendo. Y Mónaco le ha dejado una nueva lección que espera convertir en una solución ya para este Gran Premio de Barcelona-Catalunya.
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