El pasado 6 de junio, Samira (nombre ficticio) se dirigía en moto junto a su marido al hospital donde trabaja, en la provincia de Herat, al oeste de Afganistán.
Para ella era un día cualquiera: una nueva jornada en el Hospital Regional de Herat, donde … trabaja en el departamento de pediatría, respaldado por Médicos Sin Fronteras (MSF).
Sin embargo, antes de llegar a su destino, una patrulla de la llamada Policía para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio (PVPV) les dio el alto en un control. Ambos fueron obligados a bajarse del vehículo y, en ese momento, Samira fue acusada de incumplir el código de vestimenta impuesto a las mujeres afganas.
En 2022, los talibanes decretaron que las mujeres debían cubrirse completamente en los espacios públicos y establecieron como opción preferente el burka o chadari. También permitían el uso de una abaya acompañada de un niqab, que deja visibles únicamente los ojos. Sin embargo, en algunas provincias alejadas de Kabul, la aplicación de estas normas había sido relativamente más flexible y muchas mujeres podían vestir únicamente un hiyab, que cubre el cabello pero deja el rostro al descubierto. Desde la semana pasada, esa relativa flexibilidad parece haber llegado a su fin.
«Sabemos que desde el pasado viernes los talibanes han estado realizando anuncios en las mezquitas de la provincia de Herat sobre el código de vestimenta femenino de una manera muy agresiva», explica por teléfono Sarah Chateau, responsable de operaciones de MSF y con base en París.
El endurecimiento de los controles sobre las mujeres, sometidas ya a algunas de las restricciones más severas del mundo, se ha intensificado durante los últimos días.
Samira permaneció detenida durante dos días y fue puesta en libertad el 8 de junio tras firmar, junto a su marido y otros miembros de su familia, un compromiso por escrito para cumplir en el futuro con el atuendo exigido por el PVPV.
«Es la primera vez que una trabajadora de MSF es detenida de esta manera. Es un ejemplo más de lo que está ocurriendo en Afganistán», señala Chateau.
Solo burka o chador
Durante la última semana, los arrestos de mujeres por supuestos incumplimientos del código de vestimenta se han multiplicado. Según expertos independientes en derechos humanos de Naciones Unidas, las detenidas habrían vulnerado decretos que incluyen la obligación de llevar burka o chador acompañado de una mascarilla facial, así como la prohibición del uso de perfumes.
«Si bien muchas mujeres han sido liberadas desde los primeros arrestos, estas detenciones han incrementado el miedo y la inquietud entre mujeres y niñas en todo Afganistán», advirtió el jueves ONU Mujeres.
En un comunicado, Médicos Sin Fronteras aseguró tener conocimiento de numerosos casos de mujeres detenidas en Herat durante la última semana por representantes del PVPV. El 9 de junio, una protesta contra las restricciones impuestas a las mujeres fue dispersada violentamente por la policía, que utilizó armas de fuego, palos y látigos, causando varios heridos y nuevas detenciones. Según diversas informaciones, las fuerzas de seguridad talibanes abrieron fuego contra los manifestantes y al menos dos personas, entre ellas un niño, murieron, mientras que más de una veintena resultaron heridas.
«Creo que estas noches son las más duras para las mujeres en Afganistán. No podemos dormir porque nuestras mentes vagan por lo desconocido, por un futuro que no tenemos, por sueños perdidos y preocupaciones constantes», escribió una mujer afgana en sus redes sociales.
La ONU advierte de que el impacto de esta ola de detenciones sobre las mujeres afganas «es profundo y puede tener consecuencias a largo plazo». Pero la situación de las mujeres en Afganistán parece empeorar cada vez que parece haber alcanzado su límite.
Desde el regreso de los talibanes al poder en 2021, las mujeres han sido progresivamente expulsadas de la vida pública. Tienen prohibido acceder a la educación secundaria y universitaria, trabajar en numerosos puestos de la administración y de organizaciones humanitarias, cuentan con un acceso cada vez más limitado a la atención sanitaria y han sido excluidas de gran parte de los espacios públicos.
Hace unas semanas, los talibanes publicaron un decreto donde reconocía implícitamente el matrimonio infantil y erosionar aún más los derechos de las mujeres. El decreto regula el divorcio en Afganistán, incluyendo la definición de las condiciones para la separación de las niñas que se casaron antes de la pubertad.


