La muerte de la princesa Bajrakitiyabha Mahidol, conocida popularmente como “la princesa Bha”, ha reabierto el debate sobre el futuro de la monarquía de Tailandia y ha complicado el panorama sucesorio de la familia real, en momentos en que la institución enfrenta una pérdida de popularidad desde la llegada al trono del rey Maha Vajiralongkorn en 2016.
La Casa Real confirmó este viernes el fallecimiento de la princesa a los 47 años, tras permanecer hospitalizada durante casi tres años y medio debido a un grave problema cardíaco que la mantuvo inconsciente desde diciembre de 2022.
Aunque nunca fue designada oficialmente heredera, Bajrakitiyabha era considerada por muchos observadores como la figura con más posibilidades de suceder a su padre. Su creciente protagonismo en ceremonias oficiales y actividades institucionales había alimentado durante años las especulaciones sobre un posible relevo generacional dentro de la Corona.
La salud de la princesa estuvo marcada por el secretismo. El 15 de diciembre de 2022 fue ingresada de emergencia en un hospital de Bangkok después de perder el conocimiento mientras entrenaba a sus perros para una competencia en la provincia de Nakhon Ratchasima.
En aquel momento, la Casa Real informó que sufría una infección provocada por una bacteria micoplasma que derivó en una inflamación cardíaca. A partir de entonces, las actualizaciones oficiales fueron escasas y limitadas.
No fue hasta agosto de 2025 cuando se ofrecieron nuevos detalles sobre su estado de salud, revelándose posteriormente que también padecía una infección abdominal.
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“A pesar de la atención médica constante y especializada, su condición se deterioró progresivamente hasta su fallecimiento”, indicó la Casa Real en un comunicado.
¿Quiénes quedan en la línea de sucesión?
Con la muerte de Bajrakitiyabha, la línea sucesoria queda encabezada por el príncipe Dipangkorn Rasmijoti, de 21 años, hijo menor del rey, seguido por la princesa Sirivannavari Nariratana, de 39 años.
Sin embargo, ambos generan interrogantes dentro de la institución. Diversos medios y observadores cercanos a la monarquía han señalado que Dipangkorn habría enfrentado dificultades cognitivas, aunque esta información nunca ha sido confirmada oficialmente por la Casa Real.
Por su parte, Sirivannavari ha desarrollado una carrera vinculada al mundo de la moda y el diseño, manteniendo una participación menos activa en los compromisos reales en comparación con la fallecida princesa Bha.
Los hijos apartados del rey
La situación sucesoria también está marcada por la exclusión de cuatro hijos nacidos del segundo matrimonio de Vajiralongkorn con Sujarinee Vivacharawongse.
Los hermanos fueron apartados de la familia real tras el divorcio de sus padres en 1996 y han residido gran parte de sus vidas en Estados Unidos.
No obstante, en 2023 sorprendió el regreso temporal de Vacharaesorn Vivacharawongse, tercer hijo del monarca, lo que generó especulaciones sobre una posible rehabilitación dentro de la familia real. Posteriormente también visitaron el país sus hermanos Juthavachara, Chakriwat y Vatchrawee.
Las expectativas se enfriaron en 2025, cuando los cuatro denunciaron que las autoridades migratorias les impidieron ingresar nuevamente a Tailandia. Actualmente no está claro si conservan algún derecho dinástico o reconocimiento oficial dentro de la monarquía.
Un futuro incierto para la Corona
La desaparición de Bajrakitiyabha elimina a una de las figuras más respetadas y preparadas de la familia real. Abogada de formación, diplomática y con una imagen pública favorable, era vista como una posible opción para revitalizar la monarquía tras el largo reinado de su abuelo, el rey Bhumibol Adulyadej.
Ante la falta de una sucesión claramente consolidada, algunos analistas consideran que la Corona podría verse obligada a explorar alternativas poco habituales, incluyendo la designación de otros miembros de la familia real o incluso modificaciones en las reglas sucesorias.
La muerte de la princesa deja así a la monarquía tailandesa frente a uno de sus mayores desafíos institucionales en décadas: garantizar una transición estable en un momento de creciente escrutinio público sobre el papel de la Corona en el país.


