
En Europa se superponen las crisis y estas tienen efectos directos sobre los derechos fundamentales: la dificultad de acceso a la vivienda, las amenazas tecnológicas y la explotación laboral son tres obstáculos para el desarrollo social y así lo refleja el informe de la Agencia Europea de Derechos Fundamentales (FRA) en 2025, publicado este jueves. En un contexto marcado por la inestabilidad política internacional y las crecientes amenazas a la seguridad global, el documento actúa como un llamamiento urgente a las instituciones comunitarias y a los Estados miembros para que refuercen la protección de los derechos fundamentales frente a las presiones que buscan debilitar el orden basado en normas.
La directora de la FRA, Sirpa Rautio, es muy rotunda en su análisis. “Los derechos fundamentales siguen viéndose amenazados en toda Europa, ya que las tensiones globales y los ataques al orden basado en normas ponen en peligro nuestras sociedades democráticas y los derechos que estas pretenden proteger. La UE y sus Estados miembros deben denunciar la creciente presión sobre las garantías jurídicas y procesales que traducen nuestros valores fundamentales en garantías prácticas. Para ello, los derechos fundamentales deben seguir ocupando un lugar central en todas las políticas y acciones de la Unión, y debemos invocar nuestros valores fundacionales para garantizar el pleno disfrute de los derechos por parte de todas las personas”.
Un foco clave del documento se pone en la crisis de la vivienda, caracterizada, recuerda el informe, “por un incremento insostenible de los costes habitacionales y una carencia estructural de viviendas sociales y asequibles”. Esta coyuntura económica ha disparado el riesgo de exclusión social, “empujando a un número cada vez mayor de ciudadanos hacia el sinhogarismo al no poder hacer frente a los precios del mercado, lo que evidencia una falla sistémica en la protección de los derechos básicos de la población”, concluyen.
La FRA subraya, por otro lado, que las salvaguardias actuales contra los desahucios forzosos y el sinhogarismo resultan “inadecuadas” en múltiples Estados miembros, generando situaciones que vulneran directamente el derecho a la dignidad humana. Para atajar este problema, la agencia insta a que la vivienda “sea tratada como un derecho fundamental y que las políticas nacionales se alineen estrictamente con el Derecho de la Unión y las obligaciones internacionales”, garantizando viviendas alternativas y apoyo económico para los grupos más vulnerables, como mujeres, niños o personas con discapacidad.
Además, el informe destaca la creciente dependencia de la UE hacia la mano de obra migrante para cubrir vacantes, una tendencia que, sin embargo, no ha venido acompañada de mejores protecciones. Por el contrario, los trabajadores procedentes de terceros países enfrentan barreras críticas como la discriminación sistémica y la sobrecualificación, viéndose obligados a aceptar empleos por debajo de su formación en condiciones que a menudo derivan en una clara explotación laboral.
Un dato especialmente alarmante revelado por la agencia “es la falta de mecanismos efectivos para que las víctimas de abusos laborales puedan obtener justicia o una compensación económica justa”. Ante esta realidad, la FRA propone medidas concretas como el reconocimiento ágil de las titulaciones extranjeras y el fomento de un acceso temprano al mercado laboral reglado, con el fin de combatir las prácticas abusivas de ciertas agencias de empleo que se lucran con la vulnerabilidad de las personas migrantes.
El entorno digital se ha consolidado en 2025 como “un frente de batalla donde los derechos de la ciudadanía están bajo amenaza constante”, insist el documento, especialmente debido al aumento del discurso de odio en internet, sobre todo en redes sociales. El informe denuncia una doble problemática: mientras la hostilidad digital crece, las grandes plataformas suelen bloquear o eliminar de forma injustificada opiniones legítimas, creando un desequilibrio que compromete la libertad de expresión y la seguridad jurídica de los usuarios en el espacio virtual.
La regulación de estos espacios se enfrenta a una “resistencia política y empresarial” significativa, procedente en gran medida de actores situados fuera de las fronteras de la Unión Europea. Esta falta de transparencia de las corporaciones tecnológicas dificulta la aplicación efectiva de leyes como la ley europea de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés, lo que la FRA considera “una amenaza directa para la democracia europea y las garantías procesales que deberían proteger a los ciudadanos en la red”.
El informe dedica un apartado especial al 25 aniversario de la Carta de los Derechos Fundamentales, celebrado en 2025, señalando que, aunque es un instrumento esencial, su aplicación sigue siendo “desigual” en el territorio comunitario. La agencia reclama que los Estados miembros asuman la Carta como una norma jurídica vinculante en todos sus efectos, sugiriendo la implementación de evaluaciones de impacto sistemáticas sobre los derechos humanos para asegurar que cada nueva legislación respete los estándares europeos.
Existe, según el análisis de la FRA, una brecha preocupante “entre la proclamación retórica de los valores de la Unión y la protección efectiva de los derechos en situaciones prácticas de alta sensibilidad”. Esta desconexión es especialmente visible en la gestión de la seguridad interior y en el trato dispensado a las personas migrantes y solicitantes de asilo en las fronteras exteriores, donde los principios de acogida y protección, termina el documento.


