#Mundo:Toby Muse: “Europa no está preparada para un aumento de la ‘narcoviolencia’, y temo que eso ocurra pronto” #FVDigital

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Hablar del mundo del narcotráfico y de la cocaína es hablar de un mundo en el que la locura, la sinrazón y la extrañeza se han impuesto a cualquier lógica en una espiral de dinero, poder y violencia, cuyas redes se han extendido por todo el mundo. En el epicentro de esa espiral, Colombia, el periodista y escritor angloestadounidense Toby Muse ha pasado 15 años inmerso entre soldados, guerrillas, cárteles, sicarios y campesinos cocaleros. “Es un mundo muy extraño, en el que todos han perdido un poco la cabeza, y es algo que siento que no se ha mostrado realmente”, cuenta a 20minutos con motivo de la publicación de su primer libro, Kilo. El mundo secreto de los cárteles de la cocaína (editorial Capital Swing, 2026). En él, Muse aborda la perspectiva de las personas seducidas por la cultura de la ‘plata fácil’ u obligadas a subsistir de este negocio, la doble moral del primer mundo en la lucha contra las drogas y la degradación del tejido social en esta “edad de oro de la cocaína”, una realidad incómoda que corrobora el último balance de la Agencia de Drogas de la UE y que supera con creces, afirma Muse, a la época de Pablo Escobar.

En su libro retrata a muchas de las personas que participan de la industria del narcotráfico desde el principio hasta el final de la cadena: jornaleros, campesinos, sicarios, traficantes… ¿Cómo son las profundidades de ese mundo y la gente que vive en él y de él?

He querido mostrar todo un ecosistema de gente que vive y muere por la cocaína. Es un mundo interesante y muy extraño, en el que todo el mundo ha perdido un poco la cabeza, y es algo que siento que no se ha discutido o mostrado realmente. Cientos y cientos de miles de personas viven de esto: hablamos de familias enteras que la cultivan, miembros de pandillas y cárteles que trafican con ella, pero también policía que lucha contra el narco. Puede que hablemos de millones de personas. Me gustaría que la gente se diese cuenta de que la cocaína no es algo marginal, sino que está presente, y cada vez más, en cualquier lugar del mundo. Creo que se está normalizando, muchísima gente vive de ella y es hora de darse cuenta de lo poderosa que es.

En el libro también comenta que la cultura de la cocaína y del narcotráfico ha llegado a transformar la forma de vida de muchas comunidades en Colombia y en otros países, llegando a afectar a la moralidad, los valores…

El narcotráfico realmente cambia la cultura y la sociedad, y creo que es algo que no se ha tratado demasiado. Se puede ver en pequeños pueblos en Colombia: un lugar donde antes había ganadería o cultivos de café, cuando de repente pasa algo y eso deja de ser rentable, la gente se pasa a vivir de la coca, del narcotráfico, a cultivar y a traficar. Y todo eso va transformando el lugar: surge una nueva cultura en la que ves que la gente empieza a tener más dinero, a gastárselo en alcohol, en grandes fiestas… y con ello empieza a aumentar la prostitución, aumentan los casos de enfermedades de transmisión sexual… Y sobre todo aumenta la violencia.

Mucha gente empieza en eso por necesidad o porque ven un acceso a un mundo de dinero fácil…

Es lo mismo, una transformación de la cultura. En las ciudades, se habla de la cultura de la ‘plata fácil’. En los barrios marginales, se pregunta a los jóvenes: “¿Por qué sigues estudiando, por qué no te haces sicario y consigues mucho dinero?”. O a las chicas: “¿Por qué sigues estudiando, si puedes ganar mucho dinero (en la prostitución)?”. Esa es la cultura de la coca, la ‘plata fácil’. ¿Para que estudiar o trabajar duro si puedes ganar más dinero del que tus padres ganaron nunca casi al instante? Eso tiene un efecto cancerígeno sobre la sociedad, pero tampoco se puede culpar a la gente: la vida es difícil en un país tan desigual como Colombia, y si naces pobre, lo más probable es que mueras pobre. Eso también distorsiona la cultura.

Los gobiernos de todo el mundo luchan desde hace décadas contra el narcotráfico, pero en el libro usted menciona que estamos en una edad dorada para el tráfico de cocaína. ¿Qué ha fallado?

Colombia produce hoy más cocaína que nunca. La gente piensa que los días de gloria de los cárteles fueron los de Pablo Escobar. Ni de lejos: hoy se produce más que nunca. Y eso tiene un impacto, está desestabilizando Colombia, dando dinero a organizaciones criminales que ganan poder, capacidad de reclutar gente y de desafiar al Estado. Pero es importante ver esto: si Colombia produce más coca que nunca, es porque el mundo consume más coca que nunca. En los 80, los 90, no veías cocaína por todas partes, pero ahora no es muy difícil encontrarla en cualquier ciudad en Reino Unido, en España o en Estados Unidos.

“Hoy en día, hay muchísima cocaína porque hay muchísima gente que quiere consumirla”

¿Los consumidores son la pieza clave para que la industria de la cocaína no pare?

Hay muchísima cocaína porque hay muchísima gente que quiere consumirla. ¿Por qué no nos hacemos la pregunta de por qué la gente consume tantas drogas en España, en Reino Unido, en EEUU…? ¿Qué respuesta intentan encontrar en el consumo de drogas? Ni siquiera nos hacemos esa pregunta, y creo que dice algo muy profundo y oscuro sobre nosotros mismos.

¿Qué puede significar?

Creo que conecta con una desesperación presente en muchas partes de Europa o EEUU, donde no estamos encontrando respuestas a muchas cuestiones de la vida. Y mucha gente acaba buscándolas en las fiestas y en las drogas. Creo que eso dice algo sobre nosotros como sociedad.

¿Cree que el gran fallo de la guerra contra las drogas ha sido no concienciar a la gente de todo lo que implica el narcotráfico?

Recuerdo en los 80 las campañas contra la droga, que obviamente no han funcionado. La droga para muchos jóvenes es inherentemente cool (guay). Es algo muy difícil, pero sí, creo que si se detuviera el consumo, terminaría la producción. Pero tampoco creo que sea culpa del consumidor. El problema más grave es el mercado negro que se ha terminado configurando, donde traficar con un kilo de droga es extremadamente rentable: en Colombia se puede comprar un kilo de coca pura por 1.500 dólares (cerca de 1.300 euros) que se acabará vendiendo en Nueva York por 40.000 dólares (unos 34.500 euros). Son más de 20 veces más de beneficio. ¿Qué negocio del mundo tiene una ganancia así? Es parecido a lo que pasó con el alcohol en la ley seca: se prohibió y el precio se disparó. Por eso hombres y mujeres desesperados se embarcan en ese mercado negro: porque es un negocio con una recompensa tan alta que a muchos les compensa un riesgo tan alto. Por eso seguimos perdiendo esta guerra.

En el caso concreto de Colombia, en su libro habla del acuerdo de paz con las FARC, en el que al final se generaron vacíos de poder que ocuparon grupos más pequeños. ¿Esa fragmentación hace más difícil la lucha que en la época de los grandes cárteles como el de Medellín?

Ahora hay muchísimos grupos distintos repartidos por el país, y es muy difícil que Colombia tenga paz si existen 20 o 25 grupos armados ilegales diferentes. El presidente Gustavo Petro ha impulsado la política de la ‘paz total’, intentando abrir negociaciones con todos esos grupos, pero es extraordinariamente complicado. Si te fijas, con las FARC el proceso llevó cinco años, con un solo grupo, y fue extremadamente complejo. Francamente, estamos en una guerra contra las drogas en la que sabemos que lo que hacemos no funciona, pero no sabemos cómo avanza. Y eso es muy frustrante.

Precisamente este año Estados Unidos ha desplegado a su flota en el Caribe bajo la bandera de la lucha contra el narcotráfico…

Creo que ese despliegue se explica mucho en esa frustración que comentaba. Es la frustración del Gobierno estadounidense, que ve como miles de millones de dólares invertidos en América Latina, habiendo trabajado con las autoridades colombianas y mexicanas, han servido de poco: cientos de miles de estadounidenses mueren por sobredosis. Quizá eso explique por qué Trump opta ahora por acciones más radicales como volar barcos en el Caribe… Creo que es una señal de frustración.

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Como parte de ese despliegue, EEUU intervino en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, a quien acusa de liderar el llamado Cártel de los Soles. ¿Qué papel ocupa Venezuela en el narcotráfico mundial?

Venezuela se ha convertido en un país de tránsito extraordinariamente importante para la cocaína. Pero es un caso muy interesante, porque pese a todas las dificultades económicas que ha sufrido el pueblo venezolano, nunca se ha convertido en un lugar de cultivo de coca, y eso que en su misma frontera, del lado colombiano, están las mayores regiones cocaleras del mundo. Sin embargo, sí sabemos que ha sido una pieza muy importante en la cadena de tránsito de la cocaína hacia Europa, y seguramente en ello haya habido mucha corrupción. Trump se ha referido mucho al Cártel de los Soles, pero yo no soy muy experto en Venezuela. La mencionó mucho, y después de la captura de Maduro dejó de hacerlo. Si esa organización sigue existiendo y operando después de la detención de Maduro, las autoridades de Estados Unidos deberían explicar más sobre ella. Además, ahora dirigen ese país, así que también será su responsabilidad.

¿Ese control de Venezuela por parte de Washington puede reducir el narcotráfico?

No, porque siempre ocurre lo mismo, es lo que llamamos en política antidrogas el efecto globo. Si a un globo le aprietas una parte, el aire se desplaza a otra parte: el aire no se reduce, solo se mueve. En la guerra contra las drogas es lo mismo: si se erradica el narco en una zona, el problema se desplaza a otra parte. De hecho, ya estamos viendo como las rutas han cambiado en los últimos años: antes pasaban más por el Caribe y ahora se han desplazado hacia el Amazonas. El dinero sigue ahí, y mientras haya millones o miles de millones de dólares por ganar, alguien intentará ganar ese dinero.

“El narcotráfico es un problema enorme, y creo que en España no se tiene conciencia del crimen organizado que hay detrás”

El narcotráfico en España continúa siendo un gran problema en zonas como Galicia o Algeciras, con policías jugándose la vida ante narcos, según explican, cada vez más organizados y más violentos.

Es un problema enorme, en España y en Europa, y creo que no se tiene del todo una conciencia del crimen organizado que hay detrás de un dealer (pequeño traficante). Estamos hablando de mafias que utilizan por sistema la violencia para conseguir sus objetivos empresariales. Y no creo que Europa esté preparada para ellas. Pero de nuevo, si hay más consumidores, hay muchísimo dinero en juego, y siempre habrá quien esté dispuesto a vivir y morir por ello. Esa es una lección que se ha aprendido por las malas en México, Colombia, Bolivia, Perú o Brasil. Y si las mafias se fortalecen, adquieren más capacidad de sobornar funcionarios, reclutar jóvenes, comprar mejores armas. Temo que podamos ver pronto más narcoviolencia en Europa, temo que veremos jueces amenazados en grandes casos contra el narco, y policías atacados en operaciones. Creo que vienen tiempos difíciles porque ya se ha ganado muchísimo dinero, y estos criminales no van a dejar que esos ingresos millonarios desaparezcan sin más.

¿Qué papel juega España en la red mundial de narcotráfico?

España ha tenido algunas rutas directas de narcotráfico desde Sudamérica, pero ahora mismo no es tan importante en términos de entrada, sino de consumo, igual que Reino Unido. Hoy, la verdadera capital del narco en Europa es Róterdam (Países Bajos). Parece haberse convertido en el principal punto de entrada, y ya se están conociendo problemas muy graves. He sabido de la existencia de salas de tortura allí, donde miembros de cárteles torturan a otros para intentar controlar negocios o rutas. Temo que ya exista corrupción y agentes comprados en las aduanas, con la droga entrando escondida en importaciones legales. La cocaína utiliza las grietas de la civilización y del comercio global para ser exportada. Todo esto lo hemos visto en América Latina, y creo que Europa no está preparada para esto.

Se ha llegado a detectar narcotraficantes que alcanzan las costas europeas en pequeños submarinos propios…

En mi libro entrevisto a una persona que viajó en uno de esos semisumergibles, y lo describe como un viaje por el infierno. Asegura que pierdes la cabeza, que escuchas constantemente el motor y que vives en una sensación permanente de claustrofobia. Contaba incluso que, en algunos momentos, las ballenas golpeaban ligeramente el submarino. Decía que sentía que en cualquier momento el aparato podía colapsar y hundirse hasta el fondo del océano. Pero, de nuevo, la recompensa es muy alta, y siempre habrá alguien dispuesto a jugarse la vida o a matar por ella.

“No podemos luchar contra las drogas de la misma manera que los últimos 50 años y esperar tener éxito”

¿Existe alguna forma de ganar la guerra contra la droga o ya está perdida? ¿Es una ilusión pensar que se puede erradicar el narcotráfico?

Creo que lo principal sería centrarse en el consumo. La única manera seria de abordar esto es empezar a preguntarnos de verdad por qué consumimos drogas. Creo que está ligado a la desesperación de mucha gente ante la vida de hoy, en sociedades que no funcionan bien. La gente también consume por diversión, para pasar una noche de fiesta, pero los niveles de consumo tan disparados indican algo más grave. Creo que mucha gente trata de ‘automedicarse’ para soportar la insatisfacción. Y a menos que tengamos un enfoque nuevo, no podemos luchar contra las drogas de la misma manera que los últimos 50 años y esperar tener éxito. Además, para ganar así, ¿cuánto más seria y violenta tendrá que volverse la guerra? Las fuerzas policiales piden más herramientas, y es comprensible, pero cada vez serán herramientas más agresivas, como vigilar correos electrónicos, comunicaciones… Y creo que es algo que también nos debería preocupar como ciudadanos, que nuestros derechos civiles se puedan ver reducidos en nombre de la guerra contra las drogas.

¿Qué otra solución puede haber?

Creo que hay que preguntarse por qué la gente es tan infeliz para recurrir a las drogas. La solución utópica sería responder a esos problemas que plantea la sociedad, porque la droga me parece más un síntoma que la causa del problema. Pero es una cuestión enorme que no sé responder. Podemos seguir intentando concienciar sobre las drogas, pero no es una estrategia que haya funcionado. Y el consumo es el motor de esta industria: Colombia produce drogas porque los países ricos las consumen, esa ha sido siempre la ecuación.

La vía de la legalización desmontaría ese mercado negro pero provocaría un grave problema de salud pública, hablando de drogas tan peligrosas…

La legalización es una potencial solución desde un punto de vista teórico y pragmático, pero es algo que nadie apoyaría. Y yo, sinceramente, soy escéptico, porque en varios lugares de EEUU la despenalización de la marihuana ha derivado en un problema de salud pública. De nuevo, mucha gente la usa para ‘automedicarse’ y evadirse de sus problemas. Eso es un síntoma de que las cosas no están bien. Y por supuesto, hablar de marihuana no es lo mismo que hablar de cocaína, que es una droga muy peligrosa con riesgo de muerte por sobredosis. No creo que fuese una solución en ningún aspecto. La guerra contra las drogas es una guerra fallida por nuestra parte, y por ahora no sabemos cuál es la solución.

Después de 15 años en Colombia, ha visto todo tipo de situaciones, de personas… ¿Cuál es la conclusión que saca de toda su trayectoria?

Lo que trato de contar con todas las historias que incluyo en el libro es que este mundo, el de la cocaína, es un mundo realmente loco. No creo que la gente entienda cuánto. En los últimos años ha existido el mito del narco como una especie de gran empresario, de gran criminal. Pero eso es una tontería: el mundo del narco es un mundo oscuro y extraño, edificado sobre la codicia, la violencia, el caos, el sexo… De eso trata ese mundo. Y pienso en como envuelve a toda la gente que entrevisté: el narco que intenta tener un hijo mientras organiza envíos de coca, el sicario que reza a una imagen de la Virgen María antes de cumplir un encargo, la bruja que me contó hechizos que ha creado para los narcos… Todo es una locura, y es lo que trató de transmitir: ser los ojos para que la gente vea este mundo tan extraño y sórdido. Un guerrillero, nunca lo olvidaré, me dijo una vez: “Si quieres ver cosas realmente locas, sal de fiesta con la gente del cártel. Es un sinsentido”. Es un mundo fascinante, extraño y oscuro, y creo que es algo que en el libro consigo transmitir, también con la ayuda de Victoria Pradilla, la traductora de la edición en español, que creo que ha hecho un gran trabajo con una gran traducción.



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