
Hay circuitos importantes. Y luego está Mónaco. Para Charles Leclerc, el Gran Premio del Principado siempre ha sido algo más que una carrera. Durante años fue una mezcla de ilusión y frustración. El lugar donde soñaba ganar desde niño, pero donde siempre aparecía algún obstáculo inesperado. Hasta 2024, cuando por fin rompió la maldición y conquistó la victoria más deseada de su trayectoria.
Dos años después, el monegasco regresa a casa con una sensación muy distinta. Ferrari aparece en muchas quinielas como uno de los equipos a batir en las calles del Principado, llega después de anunciar una nueva renovación plurianual con la Scuderia y, además, afronta un fin de semana que puede marcar el rumbo de la temporada de los de Maranello.
Si Ferrari quiere demostrar que su SF-26 tiene uno de los mejores chasis de la parrilla, difícilmente encontrará un escenario mejor. En Mónaco la potencia del motor pierde protagonismo y el foco se desplaza hacia la eficiencia aerodinámica, la tracción y la confianza del piloto entre los guardarraíles.
Y Leclerc parece convencido de que la nueva generación de monoplazas puede ofrecer un espectáculo diferente en el Principado. “Creo que este es uno de los circuitos que mejor se adaptará a estos coches“, explicó el piloto de Ferrari al analizar el desafío que supone Mónaco para los Fórmula 1 de 2026.
La nueva normativa ha dado lugar a coches más ligeros y compactos que los vistos en los últimos años. Una característica que, sobre el papel, debería encajar perfectamente con uno de los trazados más estrechos y exigentes del calendario.
Según Leclerc, la gestión energética tampoco debería convertirse en un problema tan importante como en otros escenarios. “Hay tantas curvas que también existen muchas oportunidades para recuperar energía”, señaló.
Un coche más ligero para un circuito único
Más allá de los datos técnicos, hay un aspecto que especialmente ilusiona al piloto de Ferrari: las sensaciones al volante. Los nuevos monoplazas han recuperado parte de la agilidad perdida durante la era anterior y eso puede marcar diferencias en un trazado compuesto casi exclusivamente por curvas lentas.
“Además, al ser más ligeros, estos coches son más ágiles y, en un circuito como este, formado prácticamente por curvas de baja velocidad, creo que serán muy divertidos de conducir”, afirmó.
Por eso, pese a que Mónaco sigue siendo uno de los fines de semana donde la clasificación suele decidir gran parte del resultado final, Leclerc afronta la cita con optimismo.
No es para menos. Corre en casa, llega respaldado por Ferrari con un nuevo contrato y aterriza en uno de los pocos circuitos donde muchos ven al SF-26 como candidato real a la victoria. “Tengo muchas ganas de salir a pista”, concluyó.
Y pocas veces esa frase había tenido tanto sentido para él como esta semana en Montecarlo.
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