Humo en el cielo, alarmas de drones y decenas de vuelos cancelados. Esta fue la imagen del día en San Petersburgo en pleno arranque ayer del apodado ‘Davos ruso’, el Foro Económico Internacional que se celebra en la segunda ciudad más importante del país … y con el que Vladímir Putin quiere retornar de pleno al escaparate internacional. Ucrania convirtió el inicio de este cónclave en un desafío al jefe del Kremlin y asestó un duro golpe armado a Rusia tras la masacre que este país consumó contra Kiev y otras cinco ciudades el martes, con el resultado de 23 ucranianos muertos y más de 140 heridos.
Las fuerzas de operaciones especiales lanzaron 354 aviones no tripulados contra las regiones de Moscú y Leningrado, y causaron importantes daños en una refinería y una base naval en San Petersburgo. Otro aparato impactó contra un autobús que circulaba en la región del Donetsk invadida por el Kremlin. Los primeros datos apuntan a que la explosión dejó siete muertos.
El golpe tuvo un coste humano y material, pero, sobre todo, moral. La ofensiva coincidió con el comienzo del Foro Económico y las explosiones y estelas de los antiaéreos pudieron ser observadas por los invitados. Muchos ya se encontraban en los hoteles, a la espera de la apertura de las sesiones. Además de políticos y empresarios de alto nivel, por primera vez desde el comienzo de la invasión de Ucrania estaba prevista la asistencia de una delegación alemana.
Los drones ucranianos, de alguna manera, han frustrado el gran momento de Vladímir Putin, que había conseguido además el espaldarazo de Estados Unidos, de vuelta a este conclave tras casi diez años de ausencia. Eso sí, Washington envió a un funcionario poco conocido, presidente de la Comisión de Bellas Artes. China y Arabia Saudí son otras de las presencias destacadas en una reunión que abordará cuestiones económicas y de inversión global.
La seguridad ha sido reforzada al máximo y se esperan nuevas medidas para proteger a Putin después de la ofensiva de este miércoles. Su presencia es obligada. Ayer recibió a los invitados de mayor rango, el programa oficial señala que el viernes ofrecerá el discurso central y, como es habitual, mantendrá también una rueda de prensa multitudinaria.
La ofensiva de Kiev se dirigió contra quince regiones rusas y la península anexionada de Crimea. Un total de 354 drones de ala fija penetraron hasta una distancia superior a los mil kilómetros. Las defensas antiaéreas derribaron la mayoría, pero los restos que cayeron provocaron incendios y daños materiales. Veintidós aviones no tripulados fueron neutralizados en Moscú. Cumplieron el efecto psicológico de sembrar el miedo en una población temerosa de que la guerra llame a las puertas de su ciudad.
Una refinería en llamas
El centro de la operación estuvo en San Petersburgo. Ucrania sabía que la repercusión internacional de un ataque delante de la mirada de los invitados al Foro Económico representa un revés especialmente dañino para el Kremlin. Aunque la baterías destruyeron 59 drones en toda la región de Leningrado, la ofensiva logró interferir el funcionamiento del aeropuerto central Púlkovo. Una treintena de vuelos sufrieron retrasos y nueve debieron ser desviados.
Los aviones no tripulados afectaron a «infraestructuras críticas» en los distritos de Kronshadt, Kírov y Krasnoselski, en los que se registraron varios heridos. Una de las principales perjudicadas es la refinería de San Petersburgo, ubicada en el puerto y una de las más grandes del Báltico. Procesa 12,5 millones de toneladas de crudo anuales y su importancia no solo se limita a las exportaciones, sino al mercado interior, al que suministra derivados del petróleo. Los drones alcanzaron otros puntos sensibles, como la base naval de Kronstadt y una factoría que fabrica equipos de control para los misiles en Michurinsk.
Los ucranianos celebraron su precisión ofensiva –aunque al mismo tiempo se preparaban para recibir una dura respuesta rusa– en compañía del secretario general de la OTAN y parte del consejo de seguridad, de visita en Kiev. Mark Rutte elaboró un discurso expresamente dirigido a la juventud rusa, a la que avisó del número «escalofriante» de muertos en el frente. «Hombres como ustedes van a luchar sin el entrenamiento militar adecuado. El equipo que les darán será de mala calidad. Hay una altísima probabilidad de que mueran o resulten heridos en Ucrania. Y, muy probablemente, si resultan heridos, los dejarán morir en el barro», les advirtió.


