Finlandia es un ejemplo para el resto de los europeos por su preparación para resistir un ataque de Moscú. El país escandinavo, neutral en la Guerra Fría, desarrolló un modelo de ‘defensa total’, basado en el servicio militar obligatorio y una cuidada planificación del papel … de los ciudadanos y las empresas. Los 1.340 kilómetros de frontera este con Rusia eran un argumento suficiente, sumado al recuerdo de la ‘guerra de invierno’ de 1939 con la Unión Soviética, en la que perdió el 11% de su territorio.
En ese conflicto Finlandia consiguió resistir a su poderoso vecino con mucha más eficacia de lo esperado. Desde entonces su seguridad no está solo encomendada a sus fuerzas armadas sino a toda la sociedad. En 2023, ante la invasión rusa de Ucrania, se sumó a la OTAN, lo que le llevó a aumentar la inversión en defensa y disminuir otras partidas presupuestarias. Esta prioridad cuenta con el apoyo de los ciudadanos, orgullosos de defender a su país.
El modelo finlandés está pensado para disuadir al cualquier agresor, al convertir un ataque en una operación demasiado costosa. Michael Ignatieff ha explicado este enfoque, que comparten los países bálticos, al hablar de un ‘país puercoespín’. Es decir, desarrollar tecnología y armamento para disuadir a cualquier potencia con malas intenciones, a semejanza de la armadura flexible de púas afiladas de este animal. Dichos roedores no atacan, sino que se defienden ante cualquier amenaza, en primer lugar, con el mensaje de que no merece la pena meterse con ellos.
Sin embargo, no es fácil copiar este modelo a escala europea, dada las reticencias de los gobiernos nacionales a fusionar sus industrias y convertir sus fuerzas armadas en un ejército europeo. Además, la defensa continental debe tener la capacidad de proyectarse hacia el continente africano -el caso de la seguridad en el Sahel es muy ilustrativo- y no solo de funcionar como un escudo estático. Pero el caso finlandés contiene buenas enseñanzas para el que quiera asomarse a ellas.


