#Mundo:La guerra en Irán se adentra en su cuarto mes con Ormuz cerrado, nuevos ataques cruzados y unas negociaciones de paz inciertas #FVDigital

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La guerra de Irán arranca este viernes su cuarto mes con un futuro incierto, atascada entre negociaciones y contradicciones, en medio de un frágil alto el fuego que tanto Washington como Teherán se acusan mutuamente de incumplir, y con una escalada bélica en el Líbano, donde Israel continúa una intensa campaña contra la milicia chií Hezbolá. Cualquier expectativa de un final inmediato y definitivo al conflicto ha quedado descartada tres meses después de que, el 28 de febrero, EEUU e Israel lanzasen la operación Furia Épica y matasen al ayatolá Alí Jamenei y a gran parte de la cúpula política y militar del régimen persa. El golpe inicial dio paso a una escalada bélica que, en pocas semanas, dejó decenas de ataques de Irán a sus vecinos árabes del golfo Pérsico, un despliegue naval estadounidense en el mar Arábigo y el bloqueo marítimo del estrecho de Ormuz, que continúa estrangulando la economía mundial.

Este jueves, ambos países habrían alcanzado un acuerdo para avanzar en las negociaciones hacia la paz, según informaba el medio estadounidense Axios, aunque Irán ha asegurado a través de la agencia Tasnim que el texto “aún no está finalizado”. El texto incluiría la reapertura de Ormuz y la retirada de tropas estadounidenses a medida que se restaure el tráfico marítimo, además de extender 60 días la frágil tregua que ambos países suscribieron a principios de abril bajo la mediación de Pakistán. En dicho pacto, ambos países emplazarían a futuras fases de las conversaciones la cuestión nuclear, si bien Irán se habría comprometido a no desarrollar armas nucleares, según el citado medio. No obstante, al acuerdo aún le faltaría el visto bueno, y por tanto definitivo, del presidente estadounidense, Donald Trump.

Pese a que el mandatario republicano insiste desde hace días en que un acuerdo con Irán es inminente, lo cierto es que el frágil alto el fuego es más débil que nunca. De hecho, durante la madrugada del jueves ambos países retomaban las hostilidades: las fuerzas de EEUU atacaron “en defensa propia” drones e instalaciones militares en Bandar Abbas, en la costa sur de Irán, y el Ejército persa respondió atacando “la base estadounidense origen del ataque” (sin especificar dónde) y subrayando que se defenderán con “todas las medidas necesarias”, según anunció el portavoz de Exteriores persa, Ismail Bagaei. La Guardia Revolucionaria también amenazó a Washington con “una dura respuesta” por “violar el alto el fuego”, según un comunicado castrense. Horas después, Kuwait anunció el derribo de drones y misiles iraníes dirigidos contra su país, en un ataque que Estados Unidos tildó de “escandalosa violación” del alto el fuego. 

Mientras, una nueva ronda de negociaciones indirectas entre Washington y Teherán continúa bajo la mediación de Pakistán. El objetivo es poner fin al conflicto, pero en el centro de la mesa está la cuestión de Ormuz: ambos países necesitan que el estrecho —que Irán bloquea como medida de presión, pero sobre el que EEUU también ha impuesto su propio cerco a buques y puertos iraníes— se reabra, pero con condiciones. Teherán exige la retirada de la flota estadounidense del mar Arábigo para restaurar el tráfico marítimo por el paso y, una vez concluida la contienda, asumir el control y la gestión del canal en coordinación con Omán. “Las condiciones y la regulación de paso no volverán a ser como antes”, sentenciaba esta semana el subsecretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Beghani.

Washington exige que el paso a través de Ormuz sea libre, y sugiere que será su Ejército quien garantice la seguridad del tránsito. “Es inaceptable e ilegal, el estrecho va a estar abierto de una forma u otra. Los estrechos deben estar abiertos, sin impedimentos, sin peajes” subrayaba el martes el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. 

Trump busca un “acuerdo perfecto”

El vaivén de contradicciones y declaraciones cruzadas alimenta la incertidumbre sobre un posible acuerdo de paz. “(Irán) Quieren llegar a un acuerdo, y no creo que tengan otra opción”, señalaba Trump en una reunión con su gabinete el miércoles, aunque añadía que el acuerdo que se alcance con Teherán debe “ser perfecto”: “No he hecho esto para alcanzar un acuerdo mediocre”. El mandatario norteamericano se esfuerza desde hace semanas por retratar a Irán como un país con la economía y el ejército devastados por la guerra, con un liderazgo diezmado y desesperado por un acuerdo. Rubio, por su parte, aseguraba a la prensa que la preferencia de la Casa Blanca es la vía diplomática, pero también que “hay otras opciones” si las conversaciones fracasan. 

Sin embargo, y pese a sufrir los efectos del conflicto y el bloqueo de Ormuz, el régimen iraní ha rebajado las expectativas sobre un acuerdo de paz, a la vez que trata de exhibir las negociaciones como una victoria sobre Estados Unidos al haber conseguido presionar con el cierre del estrecho a Washington, que tampoco ha conseguido derrocar a los ayatolás. Este jueves, el líder supremo Mojtaba Jameneí —que no ha sido visto en público ni en imágenes desde su nombramiento tras el asesinato de su padre— ha llamado a la unidad nacional ante los “intentos” del “Gran Satán” (en referencia a EEUU) de “sembrar la discordia para compensar sus derrotas en el campo de batalla”.

A Ormuz le suceden otra serie de cuestiones clave y, en gran medida, antagónicas para Irán y Estados Unidos en la complicada mesa de negociaciones. El régimen de los ayatolás exige desde el principio el levantamiento de las sanciones internacionales sobre su economía, la retirada de las fuerzas estadounidenses del golfo Pérsico, garantías de que no se producirán nuevos ataques y el control de Ormuz, además del cese de las hostilidades contra sus milicias aliadas —Hamás en Gaza, Hezbolá en Líbano y los hutíes en Yemen— y su derecho a desarrollar un programa nuclear con fines, esgrime Teherán, civiles. 

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Esta última cuestión es una línea roja para Washington, que niega cualquier escenario en el que Irán disponga de armas nucleares o capacidad para fabricarlas. La Casa Blanca exige a los ayatolás que renuncien a la cuestión nuclear y entreguen el uranio enriquecido del que dispongan, además de la reapertura plena y total de Ormuz, la renuncia persa a su programa de misiles —una cuestión también clave para Israel— y el fin de su apoyo a sus proxies en el exterior: milicias como Hamás o Hezbolá financiadas y respaldadas por el régimen persa contra el Estado hebreo. 

El frente del Líbano se recrudece

Si la guerra en Irán vive en un complejo impasse, su derivada en el Líbano ha vuelto a intensificarse en los últimos días. Este jueves, el Ejército israelí ha lanzado una oleada de ataques en diferentes puntos del sur del Líbano, que ocupa militarmente desde su frontera hasta el río Litani como “zona de seguridad”, argumentan, para luchar contra Hezbolá. 

El grueso de los bombardeos se han producido sobre la histórica ciudad de Tiro contra “infraestructura de Hezbolá”, según ha informado el Ejército hebreo. Las autoridades sanitarias del Líbano han reportado decenas de muertos en la ofensiva, que también ha golpeado de nuevo la capital del país, Beirut. En total, 135 “objetivos” en “ataques de precisión”, según el comunicado castrense. El Ejército israelí, además, notificó la muerte de una militar en un operativo en el norte de su territorio.

La escalada en el Líbano, en la que Israel también recibe continuas agresiones contra sus tropas y su territorio por parte de Hezbolá, dificulta aún más las negociaciones entre EEUU e Irán. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ya adelantó el martes una escalada en la ofensiva contra la milicia chií, que desde el 2 de marzo suma ya más de 9.700 fallecidos, más de 3.200 heridos y más de un millón de desplazados. 

Líbano e Israel han celebrado dos rondas de contactos en Washington para tratar de desescalar en la situación, en la que ambos países firmaron un alto el fuego que no está siendo respetado. El Gobierno de Beirut exige el cese de las hostilidades y la retirada israelí de su territorio, y también ha prohibido a los combatientes de Hezbolá portar armas. La milicia integrista rechaza cualquier negociación con Israel y se niega a deponer las armas. Tel Aviv, por su parte, ha asegurado reiteradamente que responderá ante cualquier amenaza a su seguridad nacional desde el país vecino. 

Irán, en sus negociaciones con EEUU, exige que cualquier acuerdo de paz incluya también el frente del Líbano, pero la Casa Blanca ha reiterado que la amenaza de Hezbolá es “intolerable” y no condiciona la paz en el Golfo a lo que ocurra en el Líbano.



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