Por Raúl Germán Bautista.- Lo de bañarse bajo la lluvia como una forma refrescante de mitigar el calor y disfrutar momentos de alegría en comunidades y ciudades quedó en el pasado.
Ahora, las lluvias copiosas atemorizan a la ciudadanía, y no solo a quienes viven en municipios y localidades atravesadas por ríos, arroyos y grandes cañadas, sino a toda la población.
Las precipitaciones de los últimos años han inundado calles, barrios y residenciales como nunca antes. También han “ahogado” vehículos de todo tipo de cilindraje, además de negocios, apartamentos y viviendas. En definitiva, las lluvias generan angustia por sus efectos.
La cantidad de milímetros pueden verse mucha o poca, dependiendo de cómo pudo haber impactado en la salud o los bienes de una persona o de su familia.
Como se explica en este reportaje, con base en planteamientos de expertos y organismos nacionales e internacionales, dar seguimiento a los boletines del Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet), especialmente al apartado de “acumulados de precipitaciones”, puede ayudar a la población a comprender mejor el comportamiento de las lluvias en el país.
Gráfico del 26 de mayo
Esto se debe a que la planificación provincial o municipal podría resultar menos precisa que una basada en regiones climáticas, las cuales permiten determinar con mayor exactitud la cantidad de agua prevista o acumulada en un determinado período.
EL IMPACTO DE LAS LLUVIAS EN EL GRAN SANTO DOMINGO
El Gran Santo Domingo, donde residen casi cuatro millones de personas y se concentran las sedes de las principales instituciones públicas y grandes empresas privadas, queda incomunicado cuando se registran lluvias abundantes. La situación alcanza niveles críticos que incluso han provocado muertes.
Datos suministrados a N Digital por Indomet establecen que, en 2020, la estación Mirador Sur del Distrito Nacional registró precipitaciones de 616.4 milímetros. En 2021, el acumulado fue de 1,294.7; en 2022, de 940.7; en 2023, de 1,817.9; y en 2024, de 1,840.9, para un promedio de 1,302.1 milímetros.
En la estación del Jardín Botánico, también en el Distrito Nacional, las precipitaciones alcanzaron 1,822.0 milímetros en 2020. En 2021 fueron de 1,516.3; en 2022, de 1,869.7; en 2023, de 2,282.4; en 2024, de 1,895.1; y en 2025, de 1,949.0, para un promedio de 1,889.1 milímetros.
Mientras, en la estación Santo Domingo, ubicada en Los Mameyes, los acumulados de lluvias fueron de 1,211.6 milímetros en 2020; 1,340.3 en 2021; 1,665.5 en 2022; 1,752.4 en 2023; 1,887.1 en 2024; y 1,650.3 en 2025, para un promedio de 1,584 milímetros.
La estación de Las Américas registró, entre 2020 y 2025, un promedio de acumulados de lluvias de 82.2 milímetros. En tanto, la estación de El Higüero promedió 170.8 milímetros en el mismo período.
La National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), al explicar estos fenómenos, documenta que el aumento de la temperatura marina contribuye al fortalecimiento de fenómenos atmosféricos extremos.
CONTEXTO CLIMATOLÓGICO Y CONTAMINACIÓN
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha advertido que el Caribe figura entre las regiones más vulnerables al incremento de eventos climáticos extremos, situación agravada por el calentamiento global.
Científicos del advierten que cada grado adicional de calentamiento permite que la atmósfera retenga cerca de un 7 % más de vapor de agua, aumentando la intensidad de precipitaciones extremas.
En la República Dominicana esto se traduce en inundaciones urbanas más frecuentes, crecidas repentinas de ríos, sequías prolongadas, olas de calor y temporadas ciclónicas más peligrosas.
En la misma línea, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente vincula la contaminación atmosférica y las emisiones de gases de efecto invernadero con el agravamiento de la crisis climática.
El aumento del dióxido de carbono (CO₂) y otros gases de efecto invernadero está directamente relacionado con el calentamiento del mar Caribe y del océano Atlántico, así como con el incremento de eventos meteorológicos extremos en República Dominicana.
Aunque el país apenas aporta el 0.06 % de las emisiones globales de CO₂, la quema de combustibles fósiles, como petróleo, carbón y gas natural, libera gases que atrapan el calor en la atmósfera y elevan la temperatura global. Parte de ese calor es absorbido por los océanos, provocando un calentamiento sostenido de las aguas marinas.
El “Informe del Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero” establece que los sectores con mayor impacto en emisiones son energía (59.8 %), agricultura (15.4 %), uso de la tierra (10.7 %), residuos (10.5 %) e industrias (3.7 %).
El informe también identifica la quema de combustibles como una de las principales fuentes de emisiones contaminantes en el país.
La investigación divide el sistema energético nacional entre generación eléctrica, transporte, industria y sectores comerciales y residenciales.
Las industrias energéticas representan el 55.8 % de las emisiones de esta categoría, seguidas por transporte (26.5 %), industrias manufactureras y construcción (11.2 %) y otros sectores que incluye los residuos sólidos (6.1 %).
Las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero en el país son la generación eléctrica basada en combustibles fósiles, el transporte vehicular, la industria, la agricultura y los residuos sólidos.
A enero de este año, la capacidad instalada nominal por fuente energética estaba distribuida entre gas natural (28 %), energía solar (22 %), fuel oil (18 %), carbón (15 %), hidroeléctrica (9 %), eólica (7 %) y biomasa (1 %).
La NOAA señala que la forma más precisa de comparar contaminación energética es mediante emisiones de CO₂ equivalente por kilovatio-hora generado.
El carbón encabeza el ranking de contaminación con emisiones de entre 820 y 1,000 gCO₂e/kWh. Le siguen el fuel oil o petróleo, con 650 a 900; el gas natural, entre 450 y 550; la energía solar, de 20 a 60; la hidroeléctrica, entre 4 y 50; y la eólica, entre 3 y 20.
Estos gases son los que están, como se explicó en el reportaje anterior, influyendo bastante en el cambio climático y en las alteraciones que traen muchas lluvias inusuales.
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