#Mundo:Las ‘victorias’ de Trump, el programa nuclear, y el estrecho de Ormuz: esto es lo que impide un acuerdo “inminente” en Irán #FVDigital

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Irán y Estados Unidos siguen buscando un acuerdo de paz que parece cada vez más cerca pero que ni mucho menos está hecho. Bajo la mediación de Pakistán, las últimas noticias son algo más halagüeñas, pero las dos partes tienen claro que no se pueden lanzar todavía las campanas al vuelo: Teherán asume que hay avances y aún así dice que el pacto “no es inminente”. Mientras, Donald Trump avisa de que el camino está dibujado pero al mismo tiempo deja claro que Washington firmará un pacto que sea “grande y significativo” y no cualquiera, como en su opinión hizo Obama hace ya más de una década.

No hay ni amago de paz, aunque los mercados ven con optimismo los últimos movimientos. Pakistán, como árbitro del conflicto, deja caer que las cosas van por la buena senda. “Las negociaciones van bien”, reconoció Trump este lunes al tiempo que asume el papel que juega Israel en la foto completa; tal es así que ha pedido a todos los actores del Golfo que se sumen a los Acuerdos de Abraham, que son los que reconocen la existencia del Estados israelí. Con todo, el oleaje ya no es tal, pero las aguas todavía no están calmadas del todo.

Entonces, la pregunta es: ¿qué impide realmente que pueda haber un acuerdo rápido en la guerra?

Trump no puede perder

La primera clave es que Trump no puede perder: entró en una guerra con Irán que según los expertos consultados a lo largo de estos meses por 20minutos no estaba bien sustentada y ahora se ve atrapado en un callejón de salida complicada. Ha recibido críticas de todo tipo: desde que se vio empujado al conflicto con Israel hasta que calculó mal los tiempos, pensando que habría rendición de Teherán en pocas semanas. No ha sido así y además no ha conseguido otro de los grandes objetivos que ha vendido como logros la Casa Blanca, como fue un cambio de régimen en Irán. Cayó el ayatolá Jamenei, pero en su lugar apareció su hijo. Washington insiste en que la actual Administración es “más razonable” y hacia fuera el cambio ha sido solamente de nombres.

La popularidad del presidente estadounidense sigue a la baja y por eso llegados a este punto Trump tiene que conseguir ‘vender’ un potencial acuerdo de paz como una victoria para Estados Unidos, sobre todo teniendo en cuenta las elecciones de medio mandato que tendrán lugar el próximo mes de noviembre. En esa búsqueda de ‘medallas’, el presidente ha pasado de querer “acabar con toda una civilización” (en la que fue la frase más rotunda desde el inicio de la guerra) a asegurar ahora que las negociaciones “van bien” y compararse con el papel que tuvo Obama en su relación con Teherán.

Las meras negociaciones ya sirven como bálsamo

Los acercamientos, aunque simplemente sean eso, han llevado ya a que este lunes a que los mercados energéticos internacionales registren una mejora por las perspectivas de paz. El barril de Brent, referente en el mercado europeo, experimentó una caída superior al 5% antes de la apertura de las bolsas en el continente, situándose en el entorno de los 98,1 dólares. Este descenso representa una corrección significativa frente a los 103 dólares registrados al cierre del pasado viernes, reflejando la reacción inmediata de los inversores ante la posibilidad de una desescalada en el conflicto.

Esta tendencia a la baja, asimismo, se replicó de forma similar en el mercado estadounidense, donde el crudo West Texas Intermediate (WTI) retrocedió un 5,5% hasta alcanzar los 91,2 dólares por barril. A pesar de este respiro en los precios, la cotización actual todavía se mantiene considerablemente por encima de los 72 dólares por barril que se registraban antes de la ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero, lo que indica que el mercado aún asimila el impacto de las tensiones bélicas de los últimos meses.

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El programa nuclear iraní, cuestión aparte

El futuro -cercano o no tanto- pacto en el que se trabaja tiene dos partes: un alto el fuego de 60 días y la reapertura del estrecho de Ormuz. Sería, por lo tanto, un acuerdo de mínimos, como reconocen desde la Casa Blanca. No forma parte de la conversación por tanto el programa nuclear iraní, fundamental para Estados Unidos en su insistencia para que Teherán no cuente con el arma nuclear. “No puede tenerla, en eso estamos todos de acuerdo”, ha dicho recientemente de nuevo el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio. Es el punto capital para Washington y al mismo tiempo el más complicado de resolver, por eso los analistas entienden que se quede fuera un ‘primer’ acuerdo.

El núcleo del programa es el enriquecimiento de uranio. Irán sostiene que su objetivo es civil (energía y medicina nuclear), pero el mismo proceso puede servir para fabricar armas si el uranio alcanza niveles muy altos de pureza. El acuerdo nuclear de 2015 limitaba el enriquecimiento al 3,67%, pero desde 2019 Irán ha superado ampliamente ese umbral y ha llegado a enriquecer al 60%, cerca del nivel considerado apto para armas (90%). El punto de inflexión fue aquel pacto, del que han pasado ya 11 años y que ahora Trump desdeña; por eso él tendrá que negociar un nuevo texto desde cero… y en otra fase de las relaciones con Teherán.

Ormuz es una baza para los ayatolás

El bloqueo del estrecho de Ormuz es la sinopsis perfecta de esta guerra, y una ventaja para Irán: el régimen ayatolá insiste en que el paso estaba abierto antes del conflicto, y de esa manera carga toda la responsabilidad en Estados Unidos.  “El estrecho de Ormuz estaba abierto antes de la agresión contra Irán y la situación actual está causada por esta agresión”, insistieron en este sentido desde Teherán, añadiendo además que la idea del Gobierno nos es “recaudar peajes”, algo de lo que sí han alertado tanto Washington como otros aliados europeos. “Las acciones de Irán y Omán para desarrollar un protocolo para el paso seguro de barcos es un paso responsable”, matizaron desde Teherán.

Pero lo cierto es que ese control iraní ha servido para poner la presión sobre el mercado energético a nivel global, con una crisis que podría “no tener precedentes” si el conflicto sigue, tal como han avisado desde la UE. Irán controla las islas de alrededor del estrecho así que es un enclave estratégico que puede usar -y usa- como ‘canje’ en la negociación: por el estrecho de Ormuz pasa entre el 20% y el 30% del petróleo transportado globalmente y además conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y es la única salida marítima del golfo hacia el océano Índico, por lo que no deja demasiadas alternativas en caso de bloqueo total.

Europa no puede presionar

Con cierto distancia espera Europa una resolución, pero también lo hace con prisa porque la crisis energética amenaza con golpear de manera muy dura al continente como ya sucediera con la invasión rusa de Ucrania. Bruselas ya ha preparado un plan de choque y en las instituciones comunitarias celebran que haya acercamiento. Pero cuanto más dure la guerra peor será para la UE, que además se ve con las manos atadas para poder mediar.

Al mismo tiempo, los países de la OTAN tienen que ver cómo Trump les ataca por su falta de implicación en los planes de EEUU, y con esa excusa ha empezado a reducir sus tropas en suelo europeo en el marco de la Alianza. En general, el conflicto en Irán está rediseñando todo el mapa geopolítico y Europa sigue buscando su sitio sin tener capacidad para ese acuerdo de paz rápido que tanto necesita.



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