
La preocupación en Cadillac sigue creciendo. El abandono de Sergio Pérez en el Gran Premio de Canadá, provocado por el colapso de la suspensión delantera derecha de su monoplaza sin haber sufrido ningún contacto, ha vuelto a poner el foco sobre la fiabilidad y la calidad de ciertos componentes del equipo estadounidense. Un problema que, además, llega después de varias semanas en las que los propios pilotos ya habían expresado dudas internas sobre algunos elementos del coche.
Mientras Sergio luchaba de lleno con Esteban Ocon por una de las posiciones justo fuera del Top 10, el MAC-26 número 11 empezó a sufrir vibraciones, seguidas después por una evidente pérdida de direccionalidad.
Desde la cámara onboard del monoplaza estadounidense quedó claro cómo Pérez se veía obligado a mantener el volante visiblemente girado hacia la izquierda para conservar las ruedas rectas. Todo esto ocurrió en la recta previa a la última chicane.
Al llegar cerca de la frenada, una vez Pérez pisó el freno, vio cómo colapsaba la suspensión delantera derecha. En ese momento no pudo hacer otra cosa que dirigirse a la entrada del pit lane y detenerse en el box de su equipo, obligado a abandonar.
Las repeticiones ofrecidas por la realización encargada de las carreras de Fórmula 1 no aclararon lo sucedido: en las imágenes solo se ve a Pérez en la recta empezando a tener problemas para mantener las ruedas rectas y, pocos cientos de metros después, comprobando la suspensión destrozada, justo cuando vio pasar a su lado el Haas de Ocon.
En un primer momento era lógico pensar en un contacto entre los monoplazas de ambos contendientes, con el de Pérez llevándose la peor parte. O incluso en un impacto contra el muro, algo más que plausible en un circuito como el Circuit Gilles-Villeneuve de Montreal. Sin embargo, al término de la carrera, Sergio Pérez ofreció una versión muy diferente a lo que parecía razonable esperar.
“Empecé la carrera con los intermedios. Era una decisión al 50-50 y apostamos por ello. En un momento dado empezó a llover menos y quedó claro que habíamos elegido mal. En tres vueltas destruimos los intermedios. Después, sin embargo, intentamos remontar”.
“Demostramos que teníamos un buen ritmo de carrera, tuvimos una buena batalla con Haas. Incluso la superamos. Pero luego sufrimos un fallo en la suspensión y ahí se acabó todo. No toqué nada ni a nadie. Fue realmente una rotura”.
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