#Salud: Cuidado facial en verano: tratamientos beauty que debes suspender y cuáles mantener

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El verano cambia la piel y también cambia la forma en que conviene cuidarla. Entre el sol, el calor, el sudor, la piscina y los viajes, muchos tratamientos faciales dejan de ser una buena idea durante unas semanas. Ahí está la clave: no todos los procedimientos reaccionan igual en esta época. Algunos pueden provocar irritación, manchas, quemaduras o mala cicatrización si la piel recibe sol poco después. Otros, en cambio, se pueden mantener sin castigar la barrera cutánea.

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¿Por qué algunos tratamientos faciales no van bien con el sol?

Cuando la piel se somete a un tratamiento, queda más sensible durante un tiempo. A veces eso se nota como un enrojecimiento leve. Otras veces, la piel queda más fina, más seca o con pequeñas zonas abiertas.

En verano, ese estado temporal se complica porque hay más radiación solar y más calor. También hay más sudor, más roce y más horas al aire libre. Todo eso aumenta el riesgo de fotosensibilidad, es decir, una reacción más intensa de la piel ante el sol.

El problema no es solo la exposición directa. La piel recién tratada también puede responder mal al calor, a la sal del mar, al cloro o a la fricción de la ropa, el maquillaje o la toalla. Por eso algunos procedimientos se reservan para otoño, aunque uses protector solar.

Además, cuando la piel se inflama en esta época, puede aparecer hiperpigmentación postinflamatoria, es decir, manchas oscuras después de una agresión. Es más fácil que ocurra si la piel ya está bronceada o si te expones al sol antes de tiempo.

También aparecen otros efectos molestos, como descamación, tirantez, picor o quemaduras. Incluso un procedimiento bien hecho puede dar peor resultado si después vienes de playa, piscina o terrazas sin control del sol.

Los tratamientos que conviene dejar en pausa hasta otoño

La regla más simple es esta: si el tratamiento renueva mucho la piel, la irrita o deja heridas visibles, mejor aplazarlo. En verano, la piel necesita margen para recuperarse sin pelearse con la radiación.

Entre los tratamientos que suelen esperar están los peelings químicos fuertes, porque eliminan capas superficiales y dejan el rostro más vulnerable. Lo mismo ocurre con los láseres fraccionados, ablativos o de resurfacing, como los que buscan renovar textura, marcas o arrugas más marcadas. Son procedimientos útiles, sí, pero no encajan bien con semanas de sol intenso.

También conviene posponer la dermoabrasión, el microneedling o tratamientos tipo Dermapen, ya que crean microlesiones o generan una descamación visible. Si después te expones al sol, el riesgo de mancharte sube mucho.

Otros procedimientos que merece la pena apartar son los IPL o fotofaciales intensos y, en general, cualquier tratamiento que deje la piel sensible durante varios días. La lógica es sencilla: si tu cara va a estar expuesta, sudada o con planes de playa, no la sometas a una agresión extra.

La doctora Sêco insiste en una idea muy práctica: los procedimientos más agresivos y los que tienen más riesgo de fotosensibilizar la piel es mejor dejarlos para épocas con menos sol. Y tiene sentido. Aunque uses crema solar todos los días, eso no borra el problema de fondo, que es una piel recién tratada y más reactiva.

Si vas a broncearte o ya llegas con la piel tostada, el margen de seguridad es todavía menor. En ese caso, lo más prudente es esperar.

Foto Freepik

Los tratamientos que sí puedes mantener sin castigar la piel

El verano no obliga a dejar de cuidarse. Solo pide escoger mejor. Hay opciones que suelen ser más amables con la piel y que, en manos profesionales, se mantienen bastante bien durante estos meses.

La toxina botulínica es una de las favoritas del verano, porque no exfolia ni deja la piel expuesta al sol. También suelen ser buenas opciones los tratamientos con ácido hialurónico, sobre todo cuando buscan hidratar o dar un aspecto más fresco sin tiempo de recuperación largo.

La mesoterapia con vitaminas, minerales, aminoácidos o ácido hialurónico también encaja bien en esta época. Aporta un plus de hidratación y nutrición sin el nivel de agresión de otros procedimientos. La radiofrecuencia y los ultrasonidos son otras alternativas frecuentes, porque suelen tener baja o nula fotosensibilidad y permiten seguir estimulando la piel con menos riesgo.

La doctora Sêco también apunta los tratamientos faciales de mantenimiento con efecto hidratante y antioxidante. Tienen mucho sentido en verano, porque ayudan a reforzar la barrera cutánea y dejan la piel más cómoda. No buscan transformar la cara de golpe, sino mantenerla estable, flexible y con mejor aspecto.

Si quieres una sesión antes de una boda, una comida especial o un viaje, estos tratamientos suelen encajar mejor que los procedimientos agresivos. Dan un resultado más suave, más progresivo y con menos molestias. Y eso, en verano, vale oro.

¿Cómo cuidar la piel después de un tratamiento en verano?

Incluso los tratamientos que sí se pueden hacer en verano necesitan cuidados extra. La piel no solo agradece la técnica correcta, también necesita un buen posoperatorio. Estas son las pautas más útiles en los días posteriores:

  • Evita el sol directo durante 48 a 72 horas.
  • Usa protector solar de amplio espectro todos los días.
  • Mantén la piel bien hidratada con productos suaves.
  • No te bañes en piscina o mar al principio, si el profesional te lo desaconseja.
  • Pausa los activos que te indiquen hasta que la piel vuelva a estar cómoda.

A eso hay que sumar dos detalles que muchas veces se pasan por alto. El primero es el sudor. Si haces deporte intenso enseguida, la irritación puede durar más y la recuperación se complica. El segundo es el maquillaje. Si la piel está sensible, conviene evitar capas pesadas durante unas horas o, al menos, usar texturas ligeras que no la ocluyan.

También conviene recordar que no todos los tratamientos necesitan el mismo tiempo de cuidado. Un procedimiento inyectable no se lleva igual que uno que deja descamación. Aun así, la norma general no cambia: cuanto más delicada esté la piel, más protección necesita.

Si vas a viajar, lleva un fotoprotector cómodo de reaplicar y una hidratante simple. En verano, menos pasos suele significar menos problemas.

¿Qué activos de tu rutina diaria deberías revisar antes de irte de vacaciones?

La agenda de belleza no se limita a la cabina. Tu neceser también merece una revisión antes del verano, porque algunos activos cosméticos funcionan muy bien, pero exigen más cuidado con el sol.

El primero es el retinol. Sigue siendo un buen ingrediente, pero puede irritar y dejar la piel más expuesta. Si ya lo usas, suele ir mejor por la noche y con menos frecuencia cuando vas a estar muy expuesta al sol. El ácido retinoico es todavía más delicado, así que, si forma parte de tu rutina, conviene extremar la prudencia. Si no lo estabas usando, el verano no es el mejor momento para empezar.

El ácido salicílico también pide atención. Se usa mucho en rutinas antiacné, pero exfolia y deja la piel más desprotegida. Si ya lo toleras, puedes seguir con cuidado, siempre con buena protección solar. Si ibas a probarlo por primera vez, mejor esperar.

La vitamina C merece un matiz. Es muy valorada por su efecto antioxidante, pero en verano algunas fórmulas pueden oxidarse con más facilidad. Muchas personas prefieren usarla de noche en esta época, sobre todo si notan la piel más sensible o si el producto no les sienta bien con tanta exposición solar.

Con los AHA pasa algo parecido. El ácido glicólico no se considera fotosensible en sí mismo, pero sí deja la piel más renovada y, por tanto, más vulnerable. Lo mismo ocurre con otros alfa hidroxiácidos, como el mandélico o el cítrico. Si los usas habitualmente, puede ser buena idea bajar la frecuencia o descansar durante las semanas más intensas de sol.

Y hay un detalle que casi nadie piensa: los perfumes. Algunos ingredientes pueden reaccionar con la luz y dejar manchas, sobre todo en zonas expuestas como cuello y escote. Si vas a pasar el día en la playa o al aire libre, mejor no rociarlos sobre la piel descubierta.

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