#Salud: Las posturas sexuales que deberías evitar durante el embarazo según expertos

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Durante la mayoría de los embarazos, la actividad sexual puede ser segura si todo evoluciona con normalidad. Aun así, no todas las posturas se sienten igual cuando el cuerpo cambia, y algunas dejan de ser cómodas o recomendables antes de lo que imaginas.

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El objetivo no es generar miedo, sino ayudarte a reconocer qué posiciones conviene evitar, cuáles pueden adaptarse y en qué momento es mejor pedir orientación médica. La regla más útil es sencilla: comodidad, respiración libre y cero presión sobre el abdomen.

¿Qué cambia en el cuerpo durante el embarazo y por qué algunas posturas dejan de ser cómodas?

El embarazo no cambia solo el tamaño del abdomen. También modifica el equilibrio, la postura, la sensibilidad y la forma en que el cuerpo distribuye el peso. Por eso, una posición que al inicio parecía normal puede volverse pesada o incómoda unas semanas después.

Cuando el abdomen crece, aumenta la presión en la zona media del cuerpo. Además, los pechos suelen estar más sensibles y los ligamentos se vuelven más laxos. Eso hace que algunos movimientos se sientan más intensos de lo esperado. También puede aparecer cansancio con mayor rapidez, sobre todo si la postura exige sostener el cuerpo durante mucho tiempo.

La respiración también importa. Si una postura te obliga a contener el aire, tensarte o sentir que no tienes espacio para moverte, deja de ser una buena opción. Lo mismo ocurre si notas presión excesiva sobre el vientre o falta de apoyo.

En esta etapa, escuchar al cuerpo vale más que seguir una costumbre. Si algo te hacía sentir bien antes y ahora te incomoda, no hace falta insistir. Cambiar de posición es una forma de cuidado, no una interrupción innecesaria.

Las posturas que suelen desaconsejar los expertos

Al hablar de posiciones a evitar, conviene pensar menos en nombres y más en lo que provoca cada postura. El punto no es prohibir por prohibir, sino fijarse en tres aspectos: presión, control y estabilidad.

Una de las posiciones que más suele modificarse es aquella en la que la persona embarazada permanece completamente boca arriba y con peso encima. A medida que el embarazo avanza, esa postura puede aumentar la presión sobre el abdomen y favorecer mareo, sensación de ahogo o malestar. Si se utiliza, conviene elevar el torso con almohadas y evitar quedar totalmente plana.

También requieren cuidado las posiciones en las que se está a cuatro patas si los movimientos son bruscos o la penetración resulta demasiado profunda. El problema no es solo la postura, sino la falta de control del ritmo y del ángulo. Si aparecen tirones, golpes en el vientre o incomodidad, conviene bajar la intensidad o cambiar completamente de posición.

Las posturas inestables son otra categoría importante. Si exigen demasiado equilibrio, contorsión o fuerza en piernas y espalda, el riesgo de caída aumenta. El embarazo modifica el centro de gravedad, así que algo que antes parecía sencillo puede dejar de serlo. La seguridad también implica considerar la cama, el suelo, el apoyo del cuerpo y el espacio disponible.

Señales de que una postura no es adecuada y conviene parar

El cuerpo suele avisar antes de que aparezca un problema serio. Por eso, las molestias no deben ignorarse ni normalizarse por compromiso. Dolor, presión abdominal, calambres o sangrado son señales claras para detenerse. No hace falta mantener una postura que genera malestar. Si aparece sangrado, contracciones o una sensación extraña en el vientre, la prioridad es parar y observar qué sucede. Si el síntoma persiste o aumenta, conviene consultar con un profesional.

También es importante prestar atención a la falta de aire, el mareo o la incomodidad al estar acostada. A veces basta con incorporarse un poco o girarse de lado para aliviar el malestar. Sin embargo, si estos síntomas se repiten, vale la pena comentarlo con el médico que lleva el embarazo.

Las señales más importantes son las más simples: dolor, tensión, dificultad para respirar, cansancio excesivo o presión abdominal. Si aparecen, no conviene “aguantar un poco más”.

Foto Freepik

¿Cuándo no deberías tener relaciones sin hablar antes con tu médico?

Hay situaciones en las que la prudencia debe ir primero. Si el embarazo presenta alguna complicación o alerta médica, no conviene guiarse por intuición ni por experiencias ajenas. Es importante buscar orientación médica antes de mantener relaciones si existe:

  • Sangrado vaginal, aunque sea leve.
  • Pérdida de líquido amniótico o sospecha de rotura de bolsa.
  • Riesgo de parto prematuro o contracciones regulares.
  • Placenta previa o problemas en el cuello del útero.
  • Indicación médica de reposo sexual por alguna complicación.

En estos casos, la situación cambia por completo. No se trata de elegir una postura más cómoda, sino de seguir las recomendaciones del profesional que supervisa el embarazo. Cada caso tiene características distintas y ese criterio debe tener prioridad sobre cualquier consejo general.

Si tienes dudas, lo mejor es consultar antes de asumir que todo está bien. A veces, una conversación breve con el médico aporta tranquilidad y evita riesgos innecesarios.

¿Cómo tener una experiencia más cómoda y segura si el médico no lo ha contraindicado?

Cuando no existe contraindicación médica, la clave está en reducir la presión y aumentar el control. Las posiciones en las que la persona embarazada puede marcar el ritmo suelen resultar más cómodas, porque permiten ajustar la profundidad, el ángulo y la velocidad según cómo se sienta en ese momento.

Las posiciones de lado suelen funcionar bien porque distribuyen mejor el peso y evitan comprimir el abdomen. También ayudan aquellas posturas en las que el vientre queda libre y el cuerpo tiene suficiente apoyo. Otra alternativa útil es cualquier posición que permita controlar el movimiento sin esfuerzo excesivo.

Los pequeños ajustes pueden marcar una gran diferencia. Una almohada detrás de la espalda puede aportar soporte adicional. Otra entre las piernas puede aliviar la presión sobre caderas y pelvis. Y, si aparece cansancio, una pausa breve puede cambiar por completo la experiencia.

La comunicación también forma parte de la seguridad. Decir “esto me molesta”, “más despacio” o “cambiemos de postura” no rompe el momento. Al contrario: ayuda a que ambos se sientan más tranquilos y cómodos. Durante el embarazo, la mejor experiencia es la que se adapta al cuerpo real, no la que intenta forzarlo.

Lo que conviene recordar

El embarazo no exige miedo, pero sí más atención. Algunas posturas dejan de ser cómodas porque el abdomen crece, el equilibrio cambia y ciertas posiciones ejercen presión donde no debería haberla.

Si una postura genera dolor, mareo, falta de aire o presión abdominal, lo mejor es adaptarla o dejarla. Y si existen señales como sangrado, pérdida de líquido, placenta previa u otra complicación médica, la consulta con el profesional de salud debe ser la prioridad. La idea es simple: menos presión, más comodidad y más escucha del cuerpo. Con eso, la intimidad puede seguir siendo un espacio tranquilo, seguro y respetuoso durante el embarazo.

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