
No había pasado ni una semana desde que Fernando Alonso revolucionó las redes con aquel Pagani Zonda Diamante Verde único en el mundo. Y, cuando todavía seguían apareciendo vídeos del asturiano atravesando el túnel de Mónaco con una obra de arte valorada en más de 10 millones de euros, el piloto español volvió a dejar otra imagen para enmarcar.
Esta vez, sin embargo, no hubo hiperdeportivos futuristas ni fibra de carbono expuesta. El protagonista era algo mucho más especial para cualquier amante de los rallies y de la cultura automovilística de verdad.
Un Lancia Delta HF Integrale Evoluzione Martini 6. Y probablemente ahí esté lo más fascinante de Fernando Alonso y de su garaje. Que no parece comprar coches para enseñar cifras, sino historias.
Porque el bicampeón del mundo fue visto este miércoles 13 de mayo conduciendo por las calles de Mónaco una de las piezas más legendarias jamás nacidas del Mundial de Rallyes. Un coche que para toda una generación fue directamente un póster de infancia.
El Lancia más deseado de los años 90
El modelo en cuestión no era un Delta Integrale cualquiera. Alonso conducía una de las 310 unidades fabricadas del Lancia Delta HF Integrale Evoluzione Martini 6, una edición limitada lanzada en 1992 para celebrar el sexto título consecutivo de constructores de Lancia en el WRC.
Una auténtica bestia de homologación con los icónicos colores de Martini Racing, detalles “World Rally Champion” y ese carácter salvaje que convirtió al Delta en una leyenda irrepetible.
Bajo el capó esconde un motor 2.0 turbo de cuatro cilindros y 16 válvulas con más de 210 CV enviados a las cuatro ruedas mediante una caja manual de cinco velocidades. Pero las cifras aquí casi son lo de menos.
El Integrale pertenece a una época donde los coches de rallies tenían alma, ruido y malas pulgas. Una era analógica donde todo dependía de las manos del piloto y donde conducir rápido exigía algo más que pulsar botones.
Por eso hoy sigue siendo un auténtico Santo Grial para los petrolhead.
El garaje de Alonso ya es cultura automovilística
Lo más curioso es que Fernando Alonso está construyendo casi sin querer una narrativa paralela fuera de la Fórmula 1. Mientras Aston Martin pelea por darle un coche competitivo, el español se ha convertido en una especie de embajador involuntario del automóvil más pasional.
En apenas unos meses se le ha visto al volante de auténticas reliquias como un Ferrari F40, un Mercedes CLK GTR, un Ford GT Heritage Edition o el propio Pagani Zonda Diamante Verde. Y ahora añade a la colección uno de los coches más venerados en la historia de los rallies.
Porque cualquiera puede comprarse un superdeportivo teniendo dinero. Pero no cualquiera entiende qué representa un Delta Integrale Martini 6.
Y quizá por eso cada aparición de Alonso por las calles de Mónaco engancha tanto a los aficionados. Porque transmite la sensación de que, más allá del piloto de Fórmula 1, sigue siendo exactamente lo mismo que muchos de ellos: un enamorado enfermizo de los coches.
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