Ante un panorama tan incierto como hostil, Irán busca refugio en el principal apoyo capaz de acudir en su defensa: China. Su ministro de Exteriores, Seyed Abbas Araghchi, ha visitado Pekín este miércoles, donde ha mantenido una reunión con su homólogo chino, Wang Yi.
Un viaje que se produce apenas una semana antes de que Donald Trump haga lo propio, quien desde Estados Unidos urge al gigante asiático a intervenir en el conflicto. Por eso, el encuentro ha escenificado la amistad entre ambos países y a la vez ha permitido a China demandar la apertura del estrecho de Ormuz.
Araghchi había departido por teléfono con Wang hasta en tres ocasiones, pero su desplazamiento a la capital china supone el primero de un mandatario iraní desde el comienzo de esta guerra, que ha causado la mayor alteración al flujo global de combustibles de la historia.
Hace ya dos meses que Irán mantiene bloqueado el estrecho de Ormuz, enclave por el que en condiciones normales transita un 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo, un 90% de los cuales van a parar a Asia. China –destino del 80% de las exportaciones de crudo iraní– no permanece ajena a esta disrupción, aunque su diversificación y sus energías renovables la dejan menos expuesta que otros países vecinos.
«En lo que respecta a la cuestión del estrecho, la comunidad internacional comparte una preocupación común por restablecer el tránsito normal y seguro […]. China espera que las partes implicadas respondan con prontitud a los firmes llamamientos de la comunidad internacional», incidía un comunicado emitido a posteriori por su ministerio de Exteriores.
Ambos ministros tenían previsto «abordar las relaciones bilaterales, así como la evolución de la situación regional e internacional», según adelantó un comunicado del ministerio de Exteriores iraní.
Araghchi ha ensalzado a China como un «amigo cercano», y ha asegurado que «la cooperación bilateral se fortalecerá aún más ante las actuales circunstancias», de acuerdo a declaraciones recogidas por la Agencia de Noticias de Estudiantes Iraníes.
Wang, por su parte, ha señalado que China «respalda el establecimiento de un marco regional de paz y seguridad liderado por los propios países de la región» que permita a los países del Golfo y Oriente Próximo «tomar su futuro en sus propias manos».
Viajes cruzados
El representante iraní completa así una gira por las capitales de sus más próximos aliados que la semana pasada le llevó a Moscú, donde fue recibido por el líder ruso Vladímir Putin. Y, a su vez, se adelanta al presidente estadounidense, que el próximo jueves 14 de mayo pondrá pie en Pekín para realizar una esperada visita, originalmente prevista para el 31 de marzo y postergada a causa del conflicto.
«China no nos ha desafiado» en Irán, y «creo que él [Xi Jinping] no lo ha hecho gracias a mí», presumía Trump este martes durante un evento celebrado en la Casa Blanca. «Ya saben, siendo justos él obtiene alrededor del 60% de su petróleo a través de Ormuz y ha sido, creo, muy respetuoso».
También este martes el secretario de Estado, Marco Rubio, expresaba sus pretensiones en términos más institucionales, no necesariamente diplomáticos. «Espero que los chinos le digan [a Araghchi] lo que necesita escuchar, y es que lo que están haciendo en el estrecho les está conduciendo al aislamiento internacional», apuntó. «A China le interesa que Irán deje de cerrar el estrecho, también les está perjudicando».
Esta misma semana, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya había reclamado a China un mayor esfuerzo diplomático respecto a Irán, así como su incorporación a la «operación internacional» en ciernes para reabrir el estrecho. En ese sentido, Araghchi ha afirmado este miércoles ante Wang Yi que el régimen de los ayatolás hará «todo lo posible para proteger nuestros derechos a intereses legítimos en las negociaciones» y «solo aceptaremos un acuerdo justo e integral».
Bessent anticipó asimismo que la situación en Irán será uno de los principales temas a tratar entre Trump y Xi durante la cumbre que pretende afianzar la tregua entre ambas superpotencias alcanzada en su anterior encuentro, celebrado el pasado mes de octubre en la ciudad surcoreana de Busan, pese a un orden global en descomposición.


