
En un paddock donde el ruido suele ser más fuerte que las certezas, George Russell dejó una frase que suena a advertencia… o a recordatorio: “No he olvidado cómo pilotar”. Y quizá, en el contexto de un fin de semana gris en el Gran Premio de Miami 2026, esa línea lo explica todo.
Porque lo de Miami no fue una simple carrera más. Fue un pequeño cortocircuito en un inicio de temporada que había arrancado con brillo para el británico. Desde aquella victoria en Australia, el guion ha cambiado. Y en Florida, directamente, se torció.
Mientras al otro lado del garaje todo era celebración —con Andrea Kimi Antonelli firmando una victoria impecable y encadenando su tercer triunfo consecutivo—, Russell vivía su fin de semana más incómodo del año. Sexto en parrilla, sin ritmo en los momentos clave y con un coche que nunca terminó de hablar su idioma.
“Ha sido una carrera difícil”, resumía, sin rodeos. Y no era una frase hecha. Porque si algo dejó claro su domingo fue que el Mercedes tenía dos caras. La buena, la de Antonelli, que controló la carrera con una madurez impropia de su edad. Y la otra, la de Russell, atrapado en una lucha constante con un neumático duro que nunca funcionó.
El británico lo explicó con crudeza: el inicio fue prometedor, incluso se vio en la pelea. Pero todo se vino abajo en cuanto montó el compuesto más duro. “No iba a ninguna parte”, admitió. Solo en el tramo final, ajustando diferenciales y reparto de frenada —acercándose al set-up de su compañero—, logró encontrar algo de vida. Demasiado tarde.
Y aun así, el resultado final maquilló el desastre.
Porque la cuarta posición, rescatada en gran parte tras el trompo de Charles Leclerc en las últimas vueltas, no refleja del todo la sensación real del fin de semana. Russell salvó los muebles, sí, pero no la narrativa: la de un piloto que ha pasado de liderar el proyecto a verse superado, al menos por ahora, dentro de su propio equipo.
Antonelli, líder del Mundial, ya le saca 20 puntos. Y no parece una casualidad. Aun así, Russell no compra el relato fácil. Ni el de la crisis, ni el de la sorpresa por su compañero. “Es un piloto fantástico”, dijo sobre el italiano. “No ganas todo lo que ha ganado de joven sin tener velocidad”. No hay subestimación. Hay reconocimiento… y un desafío implícito.
Porque Russell insiste: esto es solo una mala racha. Cuatro carreras no definen un campeonato. Y el calendario, recuerda, juega a su favor. Montreal aparece en el horizonte como un terreno más amable, un circuito que históricamente se adapta mejor a su estilo. La Fórmula 1, como la memoria, es caprichosa. Hoy te obliga a justificarte. Mañana te da la oportunidad de responder en pista.
Y Russell, por si alguien lo dudaba, ya ha dejado claro su mensaje: no, no se le ha olvidado pilotar. Solo necesita volver a demostrarlo.
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