“Comprendo a los pilotos; soy muy crítico con que no se pierda el ADN y la esencia de este deporte, que consiste en encontrar al piloto más rápido en el coche más rápido para ganar la carrera“.
Al igual que muchos en el paddock, a Sebastian Vettel simplemente no le gustan las nuevas normas de la Fórmula 1 para 2026. El cuatro veces campeón del mundo lo ha dejado muy claro en la televisión pública sueca, el canal SVT.
El mayor énfasis en la potencia eléctrica y la consiguiente importancia de la gestión de la energía, tanto en clasificación como en las carreras, ha suscitado muchas críticas. Los pilotos no aprietan tanto como solían hacerlo a una vuelta, especialmente en las curvas de alta velocidad. El aumento de la acción en carrera ha tenido una acogida dispar, ya que los adelantamientos se consideran en cierto modo ‘artificiales’; y las preocupaciones sobre las velocidades de aproximación se vieron, por desgracia, confirmadas por el aterrador accidente de Oliver Bearman en el Gran Premio de Japón.
“Entiendo y me hago eco de las críticas, porque los coches probablemente sean divertidos de conducir, pero quizá no tanto para competir, debido a la normativa y a las dificultades que ello conlleva”, añadió el tetracampeón.
La FIA, la F1, los equipos y los fabricantes ya han acordado algunos ajustes en el reglamento de cara al próximo Gran Premio de Miami, lo que debería mejorar la situación en todos los aspectos. Curiosamente, tanto los pilotos como los miembros de las escuderías llevan mucho tiempo quejándose de que la F1, supuestamente, está perdiendo su ADN.
Cuando el director ejecutivo de la F1, Stefano Domenicali, sugirió carreras más cortas el año pasado, el director del equipo Haas, Ayao Komatsu, comentó: “Para mí, el ADN de la Fórmula 1 es una carrera de 300 kilómetros, pero esa es mi opinión personal”. Es cierto que ha pasado bastante tiempo desde la última vez que hubo un gran premio de más de 325 km —56 años, de hecho—, pero ¿no fue la carrera más larga de la historia de la F1, el GP de Francia de 1951, de 602 kilómetros?
Giuseppe Nino Farina, Maserati
Foto de: Universal / Corbis / VCG vía Getty Images
Cuando se sugirió la parrilla invertida como forma de mejorar el espectáculo, Charles Leclerc la descartó diciendo que “realmente no es algo que yo considere que deba formar parte del ADN de la Fórmula 1”, simplemente porque nunca se había hecho antes.
Cuando una salida en parado en los últimos compases, que dio lugar a una sprint de dos vueltas, puso patas arriba el Gran Premio de Australia de 2023, Nico Hülkenberg comentó: “No estoy seguro de que este sea el ADN de la F1 que yo conozco”. Sin duda, se podría haber esgrimido el mismo argumento con la introducción del coche de seguridad —y, por consiguiente, de las salidas tras el Safety Car—.
Cuando se planteó la idea del halo para proteger por fin el talón de Aquiles de los pilotos —sus cabezas—, tuvo una acogida bastante negativa. El cuatro veces campeón del mundo Alain Prost declaró a Motorsport.com que iba “en contra del espíritu del diseño, la belleza y el ADN de la Fórmula 1, y del ADN de los monoplazas“, mientras que el tricampeón Niki Lauda afirmó que “iba a destruir” el ADN de la F1.
Estas dos leyendas llevaban décadas sin correr, pero la mayoría de los pilotos actuales coincidieron con Romain Grosjean cuando dijo: “No quiero poner fin a la seguridad en la Fórmula 1, pero los pilotos de carreras eligen dedicarse a un deporte peligroso, y no estoy en absoluto a favor del halo. Creo que va en contra del ADN de la Fórmula 1, en contra de todo lo que he visto desde que era niño y desde que comenzó el campeonato en 1950″.
Huelga decir que la opinión de Grosjean —como la de muchos otros— ha cambiado desde entonces, ya que el halo probablemente le salvó la vida en su accidente del GP de Bahrein de 2020.
Los comisarios retiran los restos del accidente de Romain Grosjean con el Haas VF-20
Foto de: Zak Mauger / LAT Images vía Getty Images
Cuando se introdujeron en la F1 los motores híbridos más silenciosos, en 2014, el jefe del equipo Red Bull, Christian Horner, afirmó: “El ruido forma parte de la emoción. Es parte del ADN de este deporte“. Y así sucesivamente, a medida que uno se remonta más y más en el tiempo…
Al final, la naturaleza humana hace que las personas sean reacias al cambio. Hay consuelo en que las cosas sigan como siempre han sido. La nostalgia hace que la gente se ponga sus gafas de color de rosa, más bonitas, sin siquiera darse cuenta, e idealice una versión del pasado que quizá nunca haya existido realmente, para luego utilizarla como argumento en contra del cambio.
En otras palabras, ese argumento nebuloso y un tanto perezoso del ADN no es más que una reliquia de un pasado glorificado. La conclusión es que, si no estás contento con algo, entonces presenta argumentos reales para explicar por qué. En realidad, no debería ser demasiado difícil con las nuevas reglas de la F1.
Esto no pretende ser una pulla a Vettel; no se equivoca en que, hasta cierto punto, todos queremos ver ganar al piloto más rápido en el coche más rápido, aunque se trata de una afirmación un poco simplista, dado que hay un sinfín de razones por las que esto no ocurre necesariamente en el automovilismo: fiabilidad, estrategia, error humano… Así que es discutible si las nuevas normas ponen en peligro este concepto.
Además, los coches de F1 han evolucionado hasta quedar irreconocibles en los últimos 76 años. Así que, suponiendo generosamente que el ADN de la F1 existe, quizá lo mejor sea resumirlo como “una carrera de coches de cinco ruedas”: cuatro ruedas normales y un volante. Oh, espera… El Tyrrell P34 querría decir algo al respecto…
Patrick Depailler, Tyrrell
Foto de: Rainer Schlegelmilch / Getty Images
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