Donald Trump ha anunciado este domingo que EE.UU. e Irán mantendrán conversaciones este lunes en Pakistán, en un momento de gran sensibilidad para los esfuerzos diplomáticos para acabar con la guerra en Oriente Medio: no se ha conseguido la reapertura del estrecho de Ormuz … , el alto el fuego entre Israel y el Líbano da síntomas de gran fragilidad y la tregua de dos semanas entre EE.UU. e Irán concluye este miércoles.
«Mis representantes van a Islamabad (Pakistán). Estarán allí mañana (lunes) por la noche para celebrar negociaciones», comunicó Trump en un mensaje en sus redes sociales.
El mensaje de Trump fue un ejemplo excelente de los equilibrios que busca el presidente de EE.UU. para conseguir su objetivo de acabar con la guerra en un acuerdo que desmantele las ambiciones nucleares de Irán: combina la puerta abierta a la diplomacia con las habituales amenazas de castigos abrumadores a Teherán.
«Estamos ofreciendo un acuerdo muy justo y razonable», defendió el multimillonario neoyorquino. «Y espero que lo acepten. Si no, EE.UU. va a tumbar cada una de sus plantas energéticas y de sus puentes», aseguró Trump sobre ataques a infraestructura civil que constituirían crímenes de guerra. «¡Se acabó lo de ser Don Simpático!», advirtió Trump, que desde el comienzo de la guerra se ha visto forzado a no cumplir con muchos de sus ultimátums.
La nueva intentona diplomática en Pakistán llega después de un arreón de optimismo esta semana. El anuncio de una tregua de diez días entre Israel y el Líbano, mediada por EE.UU., aceleró los acontecimientos. Irán reaccionó a la distensión en el segundo gran frente de la guerra con la reapertura de Ormuz al flujo marítimo, después de que su cierre haya sacudido la economía mundial desde el comienzo de la guerra.
Trump aprovechó todo esto para forzar el marco del acuerdo. El viernes dijo que se conseguiría «en uno o dos días», que Irán había aceptado entregar a EE.UU. su uranio enriquecido y que había aceptado renunciar a obtener un arma nuclear.
Por el momento, ese optimismo de Trump parece tener más que ver con sus anhelos que con la realidad. El paso del fin de semana ha desmantelado la posibilidad de un acuerdo rápido. La reapertura de Ormuz apenas duró: Trump decidió mantener el bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes, lo que ha sido respondido por Teherán con un nuevo cierre, apoyado en ataques a buques que buscaban atravesar Ormuz.
En el frente libanés, ha habido ataques en los que ha fallecido un militar francés de las fuerzas de paz de la ONU y un soldado israelí, lo que muestra la debilidad de la tregua.
Y lo que queda del régimen de los ayatolás ha desmentido que vayan a entregar su uranio enriquecido a EE.UU. y mantiene que las exigencias de Trump para el acuerdo son «excesivas».
«Puedo asegurar que ningún material enriquecido va a ser enviado a EE.UU., de eso no hay discusión», aseguró a la agencia AP el viceministro de Exteriores de Irán, Saeed Khatibzadeh. «Todavía no estamos listos para una reunión de verdad porque hay asuntos en los que los estadounidenses no han abandonado sus posiciones maximalistas», defendió.
La esperanza es que las diferencias de puertas afuera no se correspondan con la realidad interna de los esfuerzos diplomáticos. Desde Irán se ha reconocido que se trabaja en un memorándum que abriría un proceso negociador más largo. No es el acuerdo inmediato que prometía Trump, pero mantendría la posibilidad de un entendimiento a largo plazo. De momento, lo que se sabe es que Trump mandará a Pakistán al mismo equipo que no obtuvo resultados el pasado fin de semana: el vicepresidente, JD Vance, y sus negociadores principales, su amigo Steve Witkoff y su yerno Jared Kushner. Y todo con el fondo de un nuevo plazo que está a punto de expirar: la tregua entre EE.UU. e Irán acaba el miércoles.


