En la noche del pasado domingo, a medida que avanzaba el escrutinio electoral, una nueva Hungría comenzó a surgir, como por floración espontánea. Decenas de miles de jóvenes salieron sin convocatoria previa a las calles de Budapest, en una fiesta colectiva y contagiosa. «Creo que … fue como la caída del Muro de Berlín», compara Péter Adamik, artista húngaro afincado en Berlín y que viajó a su país para votar en unas elecciones históricas y vivir allí ese momento. Los húngaros que esa noche seguían los resultados por televisión, apenas podían reconocer el canal público M1, que a las once y sin terminar por completo el recuento había abandonado la línea propagandística favorable a Fidesz y se limitaba a difundir datos y teletipos de agencias internacionales.
«Estaba cayendo por su propio peso el sistema Orbán, como en su día la era del Dualismo o el régimen de Horthy», explica el analista húngaro Attila Tibor Nagy, autor de ‘El sistema Orbán en la UE’. «El sistema que Fidesz había construido, una arquitectura de poder basada en el control de los medios, la manipulación institucional y una red de lealtades personales, se derrumbó en una sola noche», constata, y compara a Viktor Orbán con Ícaro: «si quieres evitar toda decepción, solo puedes perder de forma épica».
Pero el fin de una era no garantiza automáticamente el comienzo de otra. Y es aquí donde entra en escena Péter Magyar, un político que hasta hace un año era prácticamente desconocido para el gran público y que hoy se ha convertido en el rostro de la esperanza para unos, y de la incertidumbre para otros. Magyar no es un político convencional. Su ascenso meteórico, alimentado por denuncias internas, vídeos virales y una campaña que combinó indignación moral y promesas de regeneración, se debe en buena parte a que se presenta como un hombre que llega desde fuera del sistema, aunque en realidad lo conoce desde dentro. Fue alto funcionario, diplomático y marido de una ministra de Orbán, lo que le permite hablar el lenguaje del poder, pero también denunciarlo con autoridad. «Sé cómo funciona el sistema porque yo mismo formé parte de él», ha repetido en numerosas entrevistas.
Ana Palacio, exministra de Exteriores de España, comentaba sobre la figura de Magyar en un encuentro privado organizado por la consultora Thinking Heads: «No hay mejor cuña que la de la misma madera. Magyar es hijo de Fidesz y con toda probabilidad defenderá posiciones similares en los grandes asuntos. Cambiará el tono y la actitud será seguro buscar acuerdos y no secuestrar grandes decisiones. Así, levantará el veto a los 90.000 millones de euros a Ucrania, pero Hungría seguirá siendo contraria a que entre en la UE con la prioridad que otros dibujan. Magyar tiene un voto prestado; es un voto anti-Orbán. En las elecciones ha habido una participación masiva y entusiasta de jóvenes, pero que no nos cieguen las banderas europeas que enarbolaban; las encuestas dicen que en inmigración o ampliación son muy nacionalistas».
Sus primeras actuaciones han sido para tomar al asalto las fortalezas del viejo poder, legitimado por dos tercios de los votos. En su aparición por sorpresa en la radio pública Kossuth y en el canal M1, dos bastiones de la propaganda gubernamental, no ha dudado esta semana en enfrentarse a los mismos presentadores que han hecho carrera cantando alabanzas a Orbán. Les anunció personalmente, en el estudio, su intención de «suspender las emisiones y aprobar una ley que garantice la libertad de expresión y el pluralismo en los medios en cuanto se forme gobierno», lo que Tibor Nagy considera un «estallido de tensión acumulada entre Tisza y los medios públicos en los últimos años». No descarta que se desate una purga y recuerda que ejercer la libertad de prensa no es algo que se improvise de un día para otro.
«Más de la mitad de los miembros de nuestro equipo editorial aún no han escrito nunca un artículo en el que Orbán no sea primer ministro de Hungría. Nuestros jóvenes fotógrafos y el equipo audiovisual eran niños de infantil en el verano de 2007, cuando el presidente de Fidesz dijo en Tusványos: tienes que ganar una vez, pero luego tienes que ganar muchas más… Y desde entonces, ha utilizado su superioridad para crear los instrumentos de poder más fuertes», arroja una mirada realista Márton Gergely, editor jefe del semanario HVG.
Gerfely reconoce que «el papel histórico de Magyar dependerá de lo que haga con su mandato y de lo que haya aprendido de un gobierno cuyo único objetivo era evitar la derrota». «Que quiera limitar la duración de su mandato es una buena señal, pero también deberá limitar los privilegios asociados a su cargo», advierte. Lo ve como un nuevo Lajos Batthyány, que desmanteló el feudalismo y sentó las bases del parlamentarismo, la separación de poderes y la independencia de la prensa, tras la revolución de 1848. Sin embargo, no debemos esperar de Magyar la reconciliación de la sociedad húngara», lamenta. «Tenemos familiares mayores que llevan llorando desde el domingo. Y tenemos familiares jóvenes que se embriagan por el milagro inmediato. La política ha despertado una cantidad irrazonable de emociones en el país, incluidas las más peligrosas: miedo, ira y odio».
«Tenemos familiares mayores que llevan llorando desde el domingo. Y tenemos familiares jóvenes que se embriagan por el milagro inmediato»
En el plano institucional, la tensión es palpable. Magyar exigió la dimisión del presidente Tamás Sulyok, al que acusó de haber sido «indigno ante el pueblo», durante el primer acto oficial protocolario. También ha anunciado que revisará la composición del Tribunal Constitucional, la Fiscalía General y otras instituciones donde Orbán colocó a leales con mandatos largos. «Si no ceden voluntariamente, usaremos nuestra mayoría de dos tercios», ha dicho, en una frase que resonó más como amenaza que como promesa. «
Tibor Nagy profetiza una Hungría más cooperativa con la Comisión Europea, unida a la Fiscalía Pública Europea y más indulgente hacia Ucrania. El nuevoGobierno, opina, considera importante la situación de los húngaros en el exterior y creará una Oficina Nacional de Recuperación de Activos. Pero la tarea es hercúlea y pocos analistas creen que Magyar pueda abordarla con éxito sin ayuda efectiva de la UE. «Hungría ha demostrado lo que constituye la esencia de la democracia: la capacidad de corregir el rumbo. Pero la UE deberá acompañar el proceso con prudencia, sin generar expectativas irreales», advierte el politólogo Eric Frey.
El futuro de Orbán
Del trato que otorgue a ese otro tercio de los votos húngaros dependerá seguramente, la definición última de su mandato. No hay señales inmediatas de que Orbán vaya a dimitir como líder de Fidesz, a sus 62 años, ni existe un sucesor con autoridad interna comparable, aunque no es ningún secreto que su mujer, Anikó Lévai, suspira por que deje ya la política. Los simpatizantes y políticos de Fidesz quedaron impactados por la dura derrota electoral, porque esperaban la victoria incluso a las siete de la tarde del domingo. Y aunque esté apartado del poder de primer ministro, no renuncia a su cargo en el partido ni nadie se lo discute, al menos por ahora. «No tendrá ya el mismo apoyo en el partido«, vaticina Orsolya Ferencz, alta funcionaria del quinto gobierno de Orbán, que esta semana ha instado a su partido a «afrontarlo con honestidad y eliminar el nepotismo».
Próxima estación: Bulgaria
Tanto Trump como Putin apoyaron personalmente la campaña electoral de Viktor Orbán y recibieron con significativa frialdad la victoria de Peter Magyar, pero a lo largo de la semana han rectificado y tendido puentes hacia el nuevo líder húngaro. Magyar había adelantado que «no les llamaré, pero responderé si me llaman» y portavoces tanto de EE.UU. como de Rusia han lanzado mensajes de cooperación. Fuentes de Tisza, sin embargo, advierten que, con Bulgaria a punto de votar el 19 de abril, Putin contempla la posibilidad de conseguir un nuevo aliado en Bruselas: el expresidente prorruso de Bulgaria, Rumen Radev, al que las encuestas avanzan como vencedor.
«Mi mensaje para los líderes de Fidesz y sus hombres de paja: ¡Ahora es inútil hacer de chica de ballet y fingir que no ha pasado nada! Sabemos lo que habéis hecho a nuestra querida patria y al pueblo húngaro. Y que no haya duda ni por un momento de que quien siembre cosechará de la misma manera», ha escrito a Fidesz en su página de Facebook Péter Magyar, que se llevará la oficina del Primer Ministro de su tradicional ubicación en el Palacio Carmelita a un edificio ministerial cercano al Parlamento para evitar cualquier vieja influencia. Magyar encarna la promesa de un renacimiento democrático, pero también la incertidumbre de un camino sin mapa. Y él lo sabe. En su discurso de victoria dijo: «No puedo prometer milagros, pero sí puedo prometer que no mentiré».


