Los pronósticos de lluvia y el estrecho de Ormuz tienen algo en común: nadie sabe lo que va a pasar. Un día hay sol; al otro, se cae el cielo.
En Medio Oriente, cuando hablan de solución, es la señal más segura de que el conflicto va a empeorar. Y los dominicanos, hamacados entre la tormenta de afuera y la de adentro.
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¿Hasta cuándo vamos a tomar decisiones con el paraguas de los demás?


