#Mundo:La izquierda húngara, cero escaños: por qué la “cicatriz” del comunismo marca todavía al Este… pese a que el Muro cayó hace 37 años #FVDigital

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El Muro de Berlín, el Pacto de Varsovia, el Telón de Acero y la Unión Soviética cayeron hace más de tres décadas y el este europeo —incluyendo los países balcánicos y los que formaron parte de la órbita de la URSS—, abandonó así el comunismo. La victoria de Peter Magyar sobre Viktor Orbán en Hungría ha mostrado en este contexto una foto llamativa: la izquierda húngara, como suele ocurrir en la mayoría de países que estuvieron bajo la órbita soviética o formaron parte de ella, ha quedado en números completamente residuales. En el caso magiar incluso ha desaparecido del Parlamento, en parte también, porque varias formaciones se retiraron para dejar su espacio al voto para Peter Magyar. 

El voto de los húngaros se forjó contra Orbán, un aprendiz de autócrata, pero fue a parar masivamente a un hombre de la derecha tradicional con algunos ramalazos también radicales en la política migratoria. Y es que en el este de Europa hay una derecha —más radical o más centrada en función de cada caso— que se ha sabido adaptar mejor a los tiempos frente a una izquierda que, según los expertos, “no ha sabido construir Estado” para atraer a los votantes.

Valen ejemplos concretos. Uno de los casos más claros es el de los países bálticos: Estonia, Letonia y Lituania. En estos tres países, los partidos de izquierda tradicionales o poscomunistas han quedado muy debilitados o se han transformado en fuerzas pequeñas sin capacidad de gobierno, mientras que el centro-derecha liberal y conservador domina la política. La izquierda suele estar fragmentada y asociada a minorías lingüísticas en muchos casos o a partidos de perfil socialdemócrata muy moderado.

En otros países del antiguo bloque, la situación es parecida aunque no idéntica. En Polonia, Hungría o Eslovaquia, la izquierda ha perdido gran parte de su influencia frente a fuerzas nacional-conservadoras o populistas, aunque en algunos casos todavía existen partidos socialdemócratas o de centroizquierda con representación Varsovia primero con Donald Tusk y Budapest ahora con Magyar han vuelto al conservadurismo más tradicional, pero aglutinando voto masivo en coaliciones amplias que han arrinconado a las opciones progresistas. En el espacio postsoviético fuera de la UE, como en Georgia, la izquierda también es muy débil, pero suele competir en un sistema político dominado por clivajes entre proccidentales y prorusos más que por ideologías económicas clásicas.

¿Por qué la izquierda no levanta cabeza en el Este europeo?

El politólogo Edu Bayón explica a 20minutos que hay que entender, sobre todo, el contexto y cómo ha avanzado la historia tras la caída del comunismo en el Este de Europa. “Es una cicatriz que sigue latente en el sentido de rechazo o sociedades muy reacias a cualquier cosa que huela o se vincule con el izquierdismo o sobre todo el comunismo o el socialismo. La visión que podemos tener en Europa occidental o en particular en España es muy diferente”. Es una cuestión también generacional y se une a ella el hecho claro de vincular todavía a la izquierda con los rescoldos de las dictaduras.

“Sufrieron las dictaduras y unos regímenes comunistas vinculados también al paraguas de la Unión Soviética y por lo tanto a la injerencia extranjera, por decirlo de alguna forma, ya que conformaban parte del bloque. Y creo que ese rechazo evidentemente tiene que ver con eso y tiene que ver con generaciones que vivieron aquello, que se criaron en aquella época”. La mayoría de esas personas siguen vivas, porque solo han pasado poco más de 35 años, resume Bayón.

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Además, para explicar esa izquierda ‘acorralada’ electoralmente el politólogo añade que en esos países “la libertad se asocia a valores más liberales o neoliberales”. Y en ese punto entra también en juego, dice, el elemento de las fronteras y por tanto la política migratoria. “En estos países tienen una percepción de la seguridad de las fronteras que encaja con el mensaje que se da desde muchos partidos de derechas. Son países o estados que han visto moverse las fronteras o han tenido ocupaciones a lo largo del siglo XX”, recuerda un Bayón que identifica en todo eso un terreno más propenso para los planteamientos conservadores. Eso sí, pese a esto último considera que “lo que más pesa es el componente histórico” y no tanto la coyuntura actual.

Por su parte, Daniel Gil, analista en The Political Room especializado en Unión Europea, va en la misma línea. “La historia de un país reverbera en el presente de ese país en términos culturales, sociales y políticos, y tiene su influencia en los eventos actuales”, expone, con la mirada puesta en las recientes elecciones en los países del Este, pero también en la dinámica histórica. “La Unión Soviética cae en el año 91, el muro de Berlín cae en el año 89. Estamos hablando de una escala temporal muy reducida, donde personas de mediana edad y personas cuyos hijos están empezando a ir a la universidad ahora, o justo la acaban de terminar. Toda esa generación y las anteriores han vivido bajo el comunismo. Es su vida, es su infancia, es su adolescencia”, recuerda.

No somos conscientes del profundo cambio que implicó la caída del comunismo

Con ese panorama, Gil añade que la visión que se tiene desde Europa occidental no ayuda demasiado a entender las dinámicas. “No somos conscientes del profundo cambio que implicó la caída del comunismo, de la Unión Soviética y de sus estados satélites para las poblaciones que vivían en ese tipo de regímenes”, avisa y rememora la “brusquedad” en el cambio “de un mundo a otro de un sistema educativo que ya no funcionaba, un sistema de tejido social que ya no funcionaba”.

Por eso esa liberalización sigue asociada a los planteamientos de la derecha en las mentes de todas esas generaciones. Y pone el ejemplo precisamente de Hungría, donde el último Gobierno antes de Orbán fue de corte socialdemócrata. “Fue un Gobierno plagado de corrupción y ineficiencia”, una imagen que se tarda décadas en restaurar. Además, en general en esos países, sostiene el analista los partidos progresistas “no han sabido producir liderazgos y han acusado una falta de ideas muy significativa, de manera que no tienen legado sobre el que construir, porque muchos de sus pesos pesados provienen del régimen”. En general, la izquierda, sentencia, “no ha sido capaz de construir Estado” desde la caída del comunismo y eso se ve en sus malos resultados electorales.



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